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| EL CAMINO DE SANTIAGO |
AÑO JACOBEO / Villafranca
Acabamos. Ha sido casi un año, desde el seis de febrero
pasado, dando cuenta de hitos, lugares y sentires
vinculados al Camino de Santiago. Pero ahora que
peregrinación, como un gran animal silvestre, inicia
los duros meses de hibernación, en los que sólo unos
pocos más aguerridos o solitarios emprenden su ruta,
debemos concluir nuestro particular itinerario con la cuenta atrás para un
próximo año jubilar compostelano, que en esta oportunidad se hará esperar,
ya que algo menos de once años nos separan del 2021, el siguiente año
en que la festividad del apóstol coincidirá en domingo. |
Final de un camino sin fin
LUIS GRAU LOBO
El ciclo largo de esa
celebración mayor no
ha de impedir, por
supuesto, que el camino
reemprenda su actividad
con fuerza cuando el clima
y las circunstancias
personales lo permitan,
pero lo hará ya, por suerte... |

Cierre de la Puerta del Perdón en la iglesia de Santiago de Villafranca del Bierzo, en León. |
... seguramente, algo más apartado
de los focos y los titulares de
prensa, algo más discreto y veraz,
algo menos coreado y trillado.
En todas estas entregas, en
estas particulares estaciones, hemos
querido ceñirnos a los rasgos
que le confieren esa autenticidad
a prueba de envoltorios publicitarios
y de los discursos de
los touroperadores o los políticos;
a los monumentos que jalonan
su ruta y sólo se explican en
ella o, en recíproco favor, es ella
la que se entiende por su presencia,
pero también a sensaciones
genuinas del peregrino que dan
sentido a lo inclasificable de su
esfuerzo en apariencia caprichoso,
a tradiciones y herencias culturales
que, a fuerza de olvidarse
o no ser conscientes, devienen
auténticas e inocentes como el
primer día.
Hemos seguido los pasos de
tantos… Pero debemos concluir.
Y, puesto que nuestra peregrinación,
voluntariamente se queda
en Castilla y León, en la región
más extensa y variada de la vía
compostelana, la que ha sido
marcada por el camino de manera
más categórica y lo ha marcado
también a él con el cuño de su
vasta personalidad, buscamos un
final en sus límites.
Por fortuna, y quizás porque
no podía ocurrir de otra manera,
contamos con la ocasión perfecta.
Justo antes de abandonar esta
región a través de la agreste hondura
del valle recóndito del Valcárcel,
paso natural a Galicia por
las cumbres legendarias del Cebreiro,
justo a la entrada de una
villa de francos, aquellos peregrinos
que no regresaron a sus antiguas
casas e hicieron de los márgenes
del Camino su nuevo hogar,
topamos con un templo recatado
que nos ofrece recompensa
mayúscula: la iglesia de Santiago,
en Villafranca del Bierzo.
Entre los muchos templos y
santuarios que florecieron en los
márgenes del camino, muchos de
ellos fueron dedicados al Apóstol
y otros se concibieron como una
sencilla muestra del arte románico
que floreció a su vera. La combinación
de ambos factores se da
en este templo humilde que aborda
al caminante antes de entrar
en la población, como si quisiera
preservar un carácter campesino,
una vieja alcurnia vinculada
a su apartamiento y a la reserva
de la recompensa que ofrecen
sus muros.
La construcción, ya cumplido
el año 1200, es de única nave
cuadrangular
a la que se ha
añadido un
ábside, característico
del estilo más
sencillo y rural,
con tramo
recto, remate
curvo
de su planta y
cubierta
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en cuarto de esfera, marcado al exterior por canecillos. Presenta dos portadas con arquivoltas y ventanitas arqueadas con columnillas y capiteles en donde, como es norma, se concentra la decoración plástica. Hasta ahí, el prototipo se ve cumplido. Sin embargo, la iglesia villafranquina tiene algo más, lo que nos ha traído hasta ella para cerrar estas páginas de reflexión en voz alta, en blanco sobre negro. Se trata de su portada septentrional, objeto de las atenciones ornamentales y plásticas de sus constructores, con una traza abocinada en la que se alojan columnas de capiteles historiados con escenas de la vida de Cristo, los Reyes Magos y otros motivos de raíz vegetal o geométrica que hacen más enigmática su lectura integral, completada en la arquivolta más externa, que soporta un posible apostolado presidido por Cristo en Majestad. Pero sucede que esa portada norte se denomina Puerta del Perdón. Y es notorio que otorga una indulgencia de raigambre algo difusa –pero... ¿qué importa al fin?-, según la cual el peregrino que se ve forzado a abandonar su empeño en estos pagos consigue aquí tanta absolución como si hubiera concluido su viaje en la mismísima Compostela. Remedo, pues, tan humilde y circunspecto, de aquel Pórtico de la Gloria de la catedral jacobita. Tenemos aún camino por delante, pero si debemos posponerlo, interrumpirlo, al menos aquí hemos ganado el jubileo. He aquí un final digno para cualquier nuevo principio. Gracias por todo y ¡ultreia!.
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