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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| AZA (BURGOS) |
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| Su emplazamiento defensivo
sobre un cerro inhóspito le sirvió para dar nombre a
un río importante y conquistar un lugar en la historia medieval
de Castilla. Luego vinieron siglos de abandono. Ahora el poso del
tiempo le concede un sabor especial |
| La colina de la desolación |
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| ERNESTO ESCAPA |
| La entrada del Riaza en
el valle del Duero compone un escenario modélico para visualizar los
trazos gruesos del fenómeno de la repoblación. A un lado, en la Castilla
condal y asomada al Duero, Roa, y al otro, en la Extremadura, la fortaleza
de Aza, que vigila el camino del sur. Extremaduras del Duero fueron
territorios con una... |
... personalidad muy acusada. Uno
de sus rasgos es la organización en Comunidades de Villa y Tierra,
en las que la villa cabecera, la única fortificada, era el eje de
un conjunto de aldeas libres y de granjas organizadas en distritos
menores:sexmos, cuartos y ochavos. Aza agrupa en su Comunidad doce
pueblos, actualmente distribuidos por las provincias de Burgos y Segovia.
Todos ellos con una economía esencialmente forestal y ganadera, que
contaba con una comunidad de pastos y leñas igual para todos, además
de los terrenos propios de cada aldea. La vigilancia
del valle del Riaza,en este punto en que se derrama en el cuenco más
amplio del Duero, cuenta a su izquierda con el torreón de los moros
de Adrada de Aza, que controla el paso por uno de los meandros en
que se recrea este tramo final del río, que hace de su entorno una
huerta rica y generosa. El torreón también fue conocido, por sus usos
posteriores, como Casa de los Moros y bajo él se abren en el escarpe
de la ladera varias cuevas naturales. El páramo es
casi parejo al que sostiene el emplazamiento de Aza, así que la comunicación
en este flanco de la frontera no fue difícil. Como es habitual, el
vecindario asegura que ambas fortalezas estuvieron comunicadas además
subterráneamente, porque así lo pudo comprobar un grupo de jóvenes
que en otro tiempo repitió la travesía del pasadizo.
Sobre el torreón de los moros de Adrada vuelan las rapaces, que se
dan este viaje con frecuencia desde su refugio en el cañón fluvial
de Montejo. Lo que todavía hoy se ve sobre el cerro de los moros deben
ser los restos de la base del torreón, porque tienen un grosor exagerado.
Y a pesar de todo, es evidente la dimensión del despojo. Los muros
conservan buen revestimiento sillar en su parte interna, que en cambio
se ha perdido en el exterior.
Los alrededores del cerro se ven poblados de viejas tenadas
y apriscos para las ovejas, conocidos aquí como corrales de los guardias,
que seguramente mantuvieron en uso el aljibe del torreón vencido para
abrevar los rebaños. Vuelan las rapaces del refugio de Montejo y también
se alcanza hasta este confín del Riaza el modo de colocar la teja
árabe propio de la Serrezuela segoviana. Al lado del torreón de entrada a la villa
de Aza una de las casas en pendiente ofrece su tejado hecho sólo con
canales, que discurren unas al par otras sin la protección de las
cobijas. La hilera de cobijas se usa para fijar los andares de la
teja y sólo cada diez o doce canales. La disposición y el estado del
caserío de Aza permite desentrañar esta y otras curiosidades.
LA MALDICION DEL MENDIGO
Aza se aúpa sobre el espigón de un cerro de 910 metros,
que domina la vega del Riaza. Su aspecto inmóvil ha ido fosilizando
la silueta mellada de esta villa antaño robusta y poderosa. Aunque
no tanto como quiere la leyenda, que pretende explicar con la malaventura
el estruendo de su declive. En todos los lugares se repite, con más
o menos tino en el ripio, la maldición del mendigo que después de
subir la pendiente y recorrer las calles de una villa que entonces
alcanzaba la exageración de 15.000 almas no recogió ni un trozo de
pan. Así que el desdichado aventuró que aquella pujanza había de verse
reducida hasta no quedar sobre el cerro ni 15 de sus 15.000 roñosos
habitantes. No es por contradecir a todos, pero Aza con sus 12 satélites
de la Comunidad de Villa y Tierra no suma caserío suficiente para
semejante cifra de población. Mala cuestión aplicar el realismo al
vuelo libre de las leyendas. |
| Guia |
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COMO
LLEGAR
Desde la Nacional 122 se accede a la localidad burgalesa de
Aza por un desvío que se encuentra entre los municipios de
Fuentecén y Castrillo de la Vega.
DONDE COMER
En Aza, la Casa de Aza (947 561 041). En Roa, El Chuleta (947
540 312) es uno de los templos gastronómicos de la Ribera
del Duero. El Nazareno (947 540 214). Hermanos Arrontes (947
540 823) añade el atractivo de un comedor colgado sobre el
Duero.
TURISMO RURAL
En Aza, la Posada de Aza (947 561 041). En Hoyales, La Antigua
Posada (947 639 357). |
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Porque molesta a la concurrencia
y no mejora en nada la moraleja, que lo que trata de expresar es la
pendiente de un declive alpino.
La subida a Aza, que es la villa que da nombre al río serrano que
baja desde la Sierra de Ayllón, se practica por la loma que mira al
Duero, en cuya pendiente se abren las bodegas. Es su cara menos hermosa
y más dañada. Pero semejante mengua tiene remedio si uno no anda a
trote borriquero y dedica a Aza el tiempo que merece su visita.
Eso sí, es preciso recorrer su dédalo de ruinas con cierta
amplitud de miras, para ver lo que interesa sin alterarse con lo molesto,
que es mucho y de un pésimo gusto. Mi consejo es abandonar el vehículo
a la entrada, donde hay espacio para estacionar sin cuidado. Pero
no es esa la norma. Para degustar su encanto conviene recorrer las
calles con sosiego hasta asomar al valle del Riaza y recorrer su perímetro
murado, que conserva un paño impresionante en el lienzo aledaño con
la iglesia. La iglesia rasga su fachada de fortaleza
con un arco conopial muy elegante y tres huecos de campanas. La del
centro, que tuvo poderes cercanos al milagro, se ve ahora hecha guiñapos.
Antes alejaba nubes o convertía en lluvia plácida el granizo. Pero
una broma tonta acabó con sus propiedades.Se estaba celebrando en
la iglesia una de las últimas bodas del pueblo y a la salida de la
novia el viento del cerro arrancó un pañuelo de seda y lo depositó
sobre la campana, que en ese momento repicaba. Perdió su timbre para
siempre y quedó arpada, de manera que tuvo que sufrir la ira de los
vecinos hasta acabar como ahora se ve: hecha añicos.
Se estaba celebrando en la iglesia una de las últimas bodas del pueblo
y a la salida de la novia el viento del cerro arrancó un pañuelo de
seda y lo depositó sobre la campana, que en ese momento repicaba.
Perdió su timbre para siempre y quedó arpada, de manera que tuvo que
sufrir la ira de los vecinos hasta acabar como ahora se ve: hecha
añicos. Luego se hundió la iglesia, que ya está reparada,
como el torreón que da entrada al pueblo, que también es visitable.
La historia del pueblo está granada de gestas, nobles personajes,
damas notables y hechos gloriosos. Pero su recorrido es sobre todo
un ejercicio de melancolía, que es el estado de ánimo que más conviene
al naciente otoño. |
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