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| INDICACIONES DE
CALIDAD |
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| Las monjas
segovianas de la Purísima Concepción cambian su fuente
de ingresos para mantener el convento. Antes se dedicaban a las labores
textiles pero ahora se han pasado a la elaboración de dulces
y repostería |
| De las agujas al horno
de los dulces |
El esplendor de la industria
textil de la Edad Media, que hizo de Segovia la primera provincia
española
en importancia, parece estar apagando sus últimos rescoldos.
Lo saben bien las monjas de la Purísima
Concepción, también conocidas como las «monjas
peraltas», por estar su convento en la calle del
licenciado Peralta. |
Pertenecientes
a la orden concepcionista franciscana, las doce hermanas de esta orden
religiosa de clausura han abandonado la actividad que durante décadas
venían realizando, por otra que les procure mantener el convento;
y han cambiado la confección de bordados y los planchados por la gastronomía
de dulces que pueden complementar la actividad de una ciudad repleta
de establecimientos que se dedican al cochinillo asado.
En todo caso, las religiosas segovianas no son nuevas
en el arte culinario, pues ya realizaban tarta de almendra y bollos
de aceite, aunque para uso doméstico del monasterio. Ahora, obligadas
por las circunstancias externas han ampliado su oferta gastronómica
y comercializan mantecados y pastas de almendra, pastas de yema, lacitos
de hojaldre, mojicones, paciencias, bollos de María, brazos de reina,
magdalenas, empanadas... y en estos últimos días también se han dedicado
a fabricar buñuelos. «Los productos que mejor se vendan serán sobre
los que nos centremos, aunque de momento hemos empezado con las pastas
de almendra y los bollos de aceite», añade sor Ruth, coordinadora
de la actividad productiva.
Las doce hermanas conviven en el convento, situado en
el casco histórico de la ciudad, en la parte más alta, conocida como
El Postigo, a pocos metros del canal del Acueducto. De ellas, ocho
se dedican de lleno a la nueva actividad que, de momento, «va bien»,
manifiestan sin dar muchos más detalles. |
PROCESO NATURAL.
La responsable del convento insiste además en que todos los
productos que elaboran se someten a un proceso natural y que no puede
identificarse su producción con bollería industrial. «Empleamos productos
naturales, todos de primera calidad y utilizamos los procedimientos
tradicionales, asegura
La puesta en marcha de la iniciativa
hizo que algunas de las hermanas
recibieran la formación necesaria
en otra comunidad religiosa. De
este modo se trasladaron a la localidad
manchega de Escalona de Alberche,
donde las monjas concepcionistas
franciscanas ya se dedicaban
a la repostería. Junto a sor
Consuelo viajaron otras hermanas
mientras que las que se quedaron en
Segovia proseguían con los trámites
en el Ayuntamiento de la ciudad del
Acueducto.
Ya de vuelta, con las recetas
aprendidas, pusieron en marcha el
nuevo obrador, para lo que fue necesario
acondicionar un espacio en
el convento y hace unos días han
empezado a fabricar y vender dulces
entre los segovianos, donde la
demanda está resultando «bastante
aceptable», señala con satisfacción
la abadesa. |
Las monjas
segovianas de la Purísima Concepción mantienen su
convento con la fabricación de dulces. / FOTOS: ICAL. |
JORNADA LABORAL
El nuevo ritmo de vida laboral de las monjas las lleva
a levantarse a las seis de la mañana, «aunque mantenemos el mismo
horario que antes », puntualiza la abadesa. Tras cumplir con sus obligaciones
del rezo hasta las ocho, y la hora de la Eucaristía, se centran en
las labores de acondicionamiento de las celdas y el desayuno. Luego
se reúnen las doce monjas en obrador. Allí toma el mando sor María
Ruth. Y a las dos de la tarde descansan un rato para comer. Ya por
la tarde, tras los rezos vespertinos las religiosas se dedican fundamentalmente
a empaquetar sus dulces. Además cuentan con tiempo libre para leer
y pasear. Durante todo el día, una de ellas se encarga de reponer
los dulces en las estanterías, donde se colocan las cajas para atender
las llamadas que reciben al teléfono 921-462055, único modo que permite
realizar, de momento, los encargos. Quien acude personalmente a comprar
al convento deberá llamar con el tradicional «Ave María Purísima».
Y tras depositar el dinero y girar el torno podrá recoger su compra.
A la vez que despiden amablemente: «Vaya con Dios».
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