Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 CASTROMOCHO (PALENCIA)  
 Como tantos otros lugares de Campos, Castromocho seduce al viajero con la fascinante elocuencia de sus vestigios enigmáticos, entre los que se incluyen un relieve de caperucita con el lobo domesticado y las cabañas del cerro de San Pelayo
 Caperucita en tierra de Campos  
ERNESTO ESCAPA
 Hasta hace unos años, la carretera de Palencia discurría por le lateral de San Esteban y atravesaba
la plaza de España para enfilar hacia Villarramiel en compañía del trenillo de los Secundarios de Castilla, ascendiendo por la cuesta de Loberas. Ahora la carretera bordea el caserío de Castromocho y lo separa del cerro de ...
.... San Pelayo, que se distingue por su arbolado de profusa telefonía. En el montículo de San Pelayo se descubrió a finales de los ochenta un poblado de comienzos de la Edad de Hierro, del que se excavaron varias cabañas circulares de seis metros de diámetro, construidas con muros de adobe.
La apariencia del cerro conviene a la etimología de Castromocho, cuyo nombre no necesita traducciones, aunque su aspecto actual se debe a la explanación de 1988, que sacó a la luz las cabañas, edificadas quinientos años antes de nuestra era, con sus ajuares. Contiguo al cerro se tiende el pago de los Cenizales, donde hubo un asentamiento vacceo presumiblemente arrasado por el fuego.

Declive y abandono en la estación y fábrica de harinas. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA

    El visitante de Castromocho tiene que guiarse por la elocuencia de los vestigios, que resultan mucho más expresivos y contundentes que la silueta monocorde de su perfil actual. Hace ciento cincuenta años Pascual Madoz hizo mérito de su magnífico castillo, que medio siglo atrás era uno de los mejores y más imponentes del país.
   Ahora la memoria del castillo da nombre a una calle que exhibe en su cima la torre del reloj trasladado desde la iglesia de San Esteban y desciende hacia la calle del pozo, surcada por un regato. La torre es una construcción reciente de ladrillo que se alza sobre unas hiladas de sillares. La visita a Castromocho debe iniciarse con una primera parada en el enclave de Santa María de Colaña, en el que abundan los enigmas. La trama urbana de Castromocho, aunque de apariencia sencilla, tiene una urdimbre interior compleja y a ratos enrevesada, en la que no es raro extraviarse.
  El óvalo que forma su caserío está desigualmente dividido por el tránsito de la antigua carretera, que pasa por la plaza de la Solana Baja, por delante del nuevo Ayuntamiento y por la arbolada plaza de España, que a pesar de su amplitud resulta insuficiente para dar perspectiva a la mole de San Esteban.

   EL BALUARTE DE COLAÑA.

  Accediendo desde la carretera, la plaza de la Solana Baja ofrece el primer desahogo. Hay que cruzarla siguiendo la prolongada fachada del bar de los antiguos sindicatos católicos para tomar la calle Mayor, una rúa hermosa que
  Guia  

COMO LLEGAR
Castromocho se encuentra en la N- 610, en plena Tierra de Campos, a medio camino entre Palencia y Villalón..

DONDE COMER
En Fuentes de Nava, la Taberna de la Nava (979 842 059), en la Plaza Mayor. Cocina tradicional con recetas innovadoras. Boletus con patatas, rabo o pichones estofados y bacalao al ajo arriero.

TURISMO RURAL
En Fuentes de Nava, Estrella de
Campos (979 842 066) y San Pelayo (979 842 178). En Autillo de Campos, Fermina (979 842 266). En Villamartín, La Posada de Campos (979 769 134).


Caperucita y el lobo en Santa María.
   desemboca en Santa María de Colaña. Según la Academia, colaña significa tabique de poca altura, y según los de Castromocho, que a mi juicio ganan en razón, baluarte grueso. Esto último es lo que parece la torre en su parte baja, porque el remate se resuelve en una afilada pirámide revestida de verdeante cerámica vidriada.
  Pero la advocación le viene de una Virgen tozuda y andariega, que pasó el mal rato de las invasiones musulmanas escondida en este baluarte de la muralla y cuando fue encontrada ya no quiso abandonar el lugar. A ella se encomendó sin duda la Caperucita que posa junto al lobo en el muro de la iglesia. Porque la Virgen de Colaña fue patrona de los pastorcillos terracampinos acechados por el lobo.
  Lo cierto es que la imagen que ahora se venera es una escultura barroca de la Virgen de los Angeles, traída del convento franciscano fundado a una media legua el pueblo por San Pedro Regalado.
  Los retablos de aquel convento amortizado están ahora en La Mudarra. Y esta virgen de la escultora sevillana conocida como la Roldana es la que festejan con danzas en la romería de septiembre.
  La iglesia de Santa María tiene un hermoso pórtico renacentista rematado por un artesonado mudéjar, que se muestra descarnado y en franco proceso de deterioro.
  La otra puerta del templo asoma detrás de un muro de tapial, en el que se ven embutidas las columnas de un pórtico ya arruinado.
  Caminando hacia la cabecera aparece en el muro el relieve de Caperucita con el lobo, que por la fecha de su realización se anticipa al menos doscientos años al cuento de Perrault versionado por los hermanos Grimm. Cuando Torbado pasó por Castromocho, en su Viaje por Tierra de Campos, recibió el desdén de un vecino al que preguntó por Caperucita. Debe ser que están hartos de las bromas con la niña de los pueblos vecinos.

   MÁS MALEZA QUE CAUDAL.

  Para pasear desde Colaña hasta San Esteban conviene buscar el arco del Valdeginate, que es un río terracampino más rico en maleza que en caudal.
  La mole sólida y jónica de San Esteban impone, a pesar de que sus torres quedaron mochas y poco crecidas sobre el cuerpo de la iglesia.
  Para ver bien el conjunto hay que cruzar el Valdeginate y volver la vista desde el teso de la vieja estación, donde estuvo la fábrica de harina.
  En la portada que nos recibe viviendo desde Santa María hay un santo de palo carcomido por la intemperie, como el artesonado del pórtico de Colaña. Las dos puertas laterales son lo más valioso de lo que se ve por fuera. En el interior lucen ricos canceles y unas muy vistosas pinturas decimonónicas.
  La plaza de España ofrece un aspecto vegetal encantador, que felizmente va resultando cada vez menos insólito en los lugares de Campos que han sorteado el horizonte funerario. Hacia el interior del pueblo asoma un trecho de soportales con columnas de piedra y el moderno edificio consistorial, que no es ya el que tan poco gustó a Madoz.
 Hacia las afueras la carreterita de Capillas cruza el Valdeginate por un puente sólido y excesivo para vadear su cauce fangoso. Ahí asoma el pozo del agua con su brocal protegido por un baldaquino de ladrillo. Y dominando la cuesta, la silueta de edificios arruinados por el abandono: la estación del ferrocarril, la casa del encargado y la fábrica de harinas que se rotula pregonando su importado sistema de molienda.


La atalaya del Duero Langa de Duero (Soria) Los buitres de Félix Maderuelo (Segovia)
El canal de las lluvias Cuenca de Campos (Valladolid) La fuente de los toreros La Aguilera (Burgos)
Montaña brava Vegacervera (León) La senda de los cangrejos Vega de Ruiponce (Valladolid )
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