Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 MUCIENTES (VALLADOLID)  
 Un castillo casi perdido y una iglesia de porte majestuoso han sido los reclamos de este pueblo de trazado laberíntico, que ahora redobla su atractivo con la puesta en valor de su importante patrimonio tradicional vinculado al vino
 El señorío de los majuelos  
ERNESTO ESCAPA
 Mucientes despliega su caserío tradicional en abanico desde el borde del páramo, donde asoman los muñones del castillo, hasta el foso encementado del arroyo del Prado, que hay que vadear para entrar en su laberinto. Viniendo desde Valladolid por Fuensaldaña, la carretera atraviesa la trinchera de bodegas y pasa...
... ante la finca que los jesuitas se construyeron en Mucientes a mediados del dieciocho para aliviar agobios urbanos y doctrinales. El recinto jesuítico, que lleva tiempo sin frailes, se ve bastante desmejorado y repleto de chamizos. Todavía se distingue por la prestancia de sus herrajes y por la contraseña del JHS labrado en un sillar del muro de la entrada. Al otro lado de la carretera, la trinchera de bodegas de la cima da paso a una urbanización de las varias que con desigual fortuna crecen en el entorno de Mucientes.

Ermita de Nuestra Señora de la Vega. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA

  El laberinto de calles, pasadizos, corros y plazuelas de Mucientes conviene dominarlo previamente desde la atalaya del castillo. Para que los quiebros de su trazado no nos extravíen. Antes de cruzar sobre el foso del arroyo, a la izquierda se ve un parquecito que evoca en su nombre el Arco perdido, mientras a la derecha un parapeto de arquitectura reciente y cuasi delictiva bloquea la estampa del pueblo. Enseguida se distingue el perfil de la capilla, tantos años usada como panera, que ahora está recuperando sus trazas para vivienda. El campanil fue llevado a la finca del monte de Mucientes, de donde salió el general Saliquet en julio de 1936 para encabezar el golpe militar en Valladolid. Siguiendo la ronda de las Fuentes hasta el final del pueblo, un camino agrícola sube al páramo, donde asoman los restos del castillo junto a una motilla de pinos.
   DUELOS DE LA REINA JUANA.

   Hace ahora tres cuartos de siglo esta fortaleza todavía conservaba un muro enhiesto adornado de sutiles arcos, capaz de evocar los tiempos en que aquí se convocaron Cortes. Fue los días 7 y 8 de julio de 1506 y en ellas Felipe el Hermoso trató de sacar adelante la inhabilitación de la reina Juana, conocida por la posteridad como la Loca. Esta presencia de Juana la Loca en Mucientes ha dado pábulo a múltiples y contradictorias versiones. Aquí habría estado, impregnada de duelo, en compañía del poeta Garcilaso; y también con el rey Felipe y el cardenal Cisneros. Lo cierto es que la gente vincula estos vestigios con el infortunio de la doliente reina de Castilla. Más allá de la resonancia histórica, la atalaya del castillo es el mejor mirador para apresar el trazo inclinado y laberíntico de Mucientes. Precisamente a sus pies se encuentran las calles donde se concentran las bodegas más primitivas del pueblo, habitadas
  Guia  

COMO LLEGAR
Mucientes se encuentra en la vertiente de los Torozos que asoma al Pisuerga y se comunica con Valladolid a través de Fuensaldaña por la Va-900.

DONDE COMER
Las Lanchas (983 587 708), La Cueva (983 587 784) y El Majuelo (983 583 134).

COMPRAS
La panadería Vaquero (983 587 864) elabora pastas y dulces exquisitos.

TURISMO RURAL
En Mucientes, La Leyenda (983 560 061). En Trigueros del Valle, El Atrio (983 371 346) y La Casa del Valle (983 580 345).


Para no perderse.
durante siglos como viviendas rupestres. Una de ellas se bautiza como Bodeguillas, que es la denominación local para las cuevas habitadas. Pero ya apenas quedan o están tan alteradas que difícilmente se reconocen desde la calle. Bajo el castillo se esconde también la plazuela del Corrillo, donde se ha plantado el crucero que antes estuvo en las eras del camino de Valladolid.
  Pero el faro que descuella sobre el caserío de Mucientes es la iglesia de San Pedro, bordeada por la calle de la Cruz. En el dintel del número 26 de esta calle está grabada una declaración de principios que no deja lugar a dudas: «Viva la Fe de Dios y Muera la Libertad ». Con mayúsculas. Enfrente, la Casa de la Cruz, de fines del dieciocho, que antes fue panera, acoge la escuela, a pesar de la sensación de agobio que produce su disposición escalonada entre la calle de la Cruz y el edificio consistorial.
 La iglesia de San Pedro quedó a medio terminar y sin embargo resulta de unas dimensiones impresionantes. Es del dieciséis y en su interior reúne un muestrario artístico apabullante. El retablo mayor barroco, la sillería renacentista adornada con curiosas misericordias, una cruz parroquial de exuberante repujado y varios retablos donados por el conde de Ribadavia.
  La plaza Mayor salva la pendiente escalonando el espacio en sucesivas terrazas. Desde la calle Salinas se ve el portón de la Casa de las Noriegas, otro de los edificios nobles de Mucientes, que alberga en su patio los vestigios de la ermita de San Miguel.
  LA MEMORIA DEL VINO.

  De las traseras de la iglesia sale la calle de la Alegría, que conduce a la zona de bodegas del Cuarto de San Pedro. Es territorio horadado de templos subterráneos donde madura el buen vino de Mucientes. Más allá del cruce con el camino de la Canóniga se está habilitando el Aula de Interpretación de las Bodegas, que será el buque insignia de un proyecto ambicioso de puesta en valor del repertorio de tradiciones y vestigios vinculados a la cultura del vino. Este verano pasado el ayuntamiento hizo un ensayo con el programa Vendimiario, que acerca al visitante los elementos de la bodega tradicional, las fases de elaboración del vino, los ritos de la vendimia y el mismo espacio de la bodega como recinto de convivencia.
  El proyecto del arquitecto creador de las Edades del Hombre, Pablo Puente, documentado por el historiador Carlos Duque, aspira a recuperar integralmente una bodega tradicional y todo el devastado entorno de este barrio horadado por las catacumbas en honor a Baco.
  Al otro lado de la carretera, junto al antiguo camino de Valladolid, se encuentra la ermita de Nuestra Señora de la Vega, cuya estampa no pasa inadvertida en el recorrido por Mucientes. Se recuperó de la ruina a mediados de los ochenta y ahora luce su serena quietud en medio de los campos. Este flanco de Mucientes que se abre hacia el valle de los majuelos muestra los palomares más vistosos. Aunque sobre ellos aletea la condena del abandono.


El piedemonte se convierte en mirador Espirdo / Segovia

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