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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| TUREGANO (SEGOVIA) |
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| Uno de los castillos más
fotografiados esconde en su cascarón de almenas una desconocida
y agobiada iglesia románica. La fortaleza se adorna con una
espadaña barroca |
| La fortaleza del obispo |
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| ERNESTO ESCAPA |
| Hasta no hace mucho, el caserío
de Turégano se diseminaba en dos barrios unidos por el óvalo
estirado de su plaza Mayor. Ahora el vínculo de la plaza ya
se ve arropado de casas a uno y otro lado, de manera que los fines
de semana no resulta fácil estacionar el vehículo. Este
pasado domingo la plaza albergaba un mercadillo... |
...medieval y encontrar acomodo
para el coche en Turégano era tarea reservada a los muy pacientes.
A espaldas del consistorio, que distingue su rango por el balcón
de las banderas y el remate del reloj, discurre discurre un riachuelo
tributario del Cega, al que asoman hermosas construcciones tradicionales
con entramados y miradores de madera apoyados en pies inclinados.
También un conjunto escultórico menudo recrea en este enclave, dando
vista al castillo, las escenas taurinas de los encierros.
La estampa castellana de la plaza. / FOTOS:
ERNESTO ESCAPA
La plaza Mayor de Turégano, aunque porticada, no
muestra ningún edificio de especial raigambre histórica, ya que estos
se agrupan en el altozano de la fortaleza y en torno a la iglesia
de Santiago. Así que se configura como un espacio de tránsito y lanzadera
concebido para apreciar la singular estampa de la fortaleza con espadaña.
La imagen de la plaza de Turégano con el castillo al fondo
es una estampa inolvidable. Como la de Sepúlveda o la del Coso de
Peñafiel pertenece al imaginario de lo típicamente castellano. De
todas ellas hay lienzos notables, en los que curiosamente se retratan
lances taurinos. La de Turégano la han pintado desde el colorista
Ignacio Zuloaga hasta el tétrico Gutiérrez Solana y también Lope Tablada.
Antes de asomar a la plaza, cuya frontera marca la esbelta arquitectura
del centro Tureganense, la vieja carretera de Segovia se entretiene
en la plazuela de Santiago, ocupada en su centro por la iglesia parroquial.
El templo asoma a su cabecera un ábside románico y en el interior
cobija el tesoro artístico de una villa que quizá por su condición
episcopal perdió la mayor parte de sus iglesias. La plazuela deja
ver un pilón dieciochesco y la ruina palaciega de las casas nobles
de Miñano y del obispo. Todo en este enclave reclama un gesto de redención.
Desde la esquina del pilón parte la calle donde un atril informativo
asegura que estuvo la sinagoga, que ahora es una insípida residencia
parroquial. De la sinagoga no queda ni rastro aparente.
MUSEO DE LOS ANGELES. |
| Guia |
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COMO
LLEGAR
Turégano se encuentra en la ruta del lechazo, a medio
camino entre Segovia y Sepúlveda. Desde la capital
se accede por la CL-603, que comunica Segovia con Aranda de
Duero por la Serrezuela.
DONDE COMER
Restaurante el Zaguán (921 501 165), Casa Holgueras
(921 500 028), Castillo (921 500 026), El Figón de
Turégano (921 500 619), El Refugio (921 500 272), La
Antigua Posada (921 500 259) y Palacio (921 500 083).
TURISMO RURAL
Turismo rural. En Otones de Benjumea, La Amparo (921 501 005).
En Carrascal de la Cuesta, La Abubilla (921 120 236). En Villovela
de Pirón, El Camino Real (921 496 457).
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Castillo con espadaña y estandartes. |
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La visita a Turégano está imantada por la atracción del
altozano, donde reluce la fortaleza que un obispo ambicioso construyó
para encubrir la iglesia románica de San Miguel. Por eso conviene
demorar placenteramente la experiencia pasando previamente por el
museo periférico de los Ángeles, que está en la calle Calera, camino
del pueblo de Caballar, al que nadie podrá poner en cuestión sus dosis
de originalidad. Es una iniciativa de la actriz Lucía Bosé, que defiende
para los ángeles no sólo un lugar en el cielo sino un papel tutelar
en la vida cotidiana de la gente.
El museo lleva cuatro años abierto y después de un estreno
ciertamente polémico vive ahora el sosiego que entre nosotros adormece
a las audacias. Instalado en una fábrica de harinas blanqueada de
mediados del veinte, reúne cuadros y esculturas situados en una escenografía
original y sorprendente para el espectador. Esta colección, en la
que hay de todo, vino a Turégano con la avisada pretensión de ocupar
la fortaleza, y así se fue anunciando durante los preparativos. Luego
acabó recalando en esta efímera harinera abandonada, que sin duda
es un contenedor más ajustado a sus méritos.
El cerro del castillo es un leve altozano en el que transcurrieron
las sucesivas etapas de la historia de Turégano. Ahí se ven dispersos
por la cuesta algunos torreones de la primitiva cerca de la ciudadela.
Y en medio, la iglesia románica de San Miguel, fortificada por el
obispo Arias Dávila, un pendenciero que no ahorró crueldad en su lucha
contra el rey Enrique IV.
Visto desde la plaza, las apariencias del castillo engañan.
Parece una fortaleza bien cercada y con el alarde de la espadaña dieciochesca
ostensible para dejar clara su pertenencia a la mitra. Por eso conviene
visitar el castillo por dentro. Allí se encuentra agobiada una iglesia
románica de tres naves.
A comienzos del doce doña Urraca había donado la villa
a los prelados segovianos, que le dieron un notable protagonismo en
los siglos sucesivos. Aquí se reconciliaron el rey Juan II y don Álvaro
de Luna, después de uno de sus berrinches, y para ello se montó el
mayor dispendio festivo de la temporada.
A mediados del quince el obispo Arias Dávila se hizo
fuerte en Turégano, desafió al rey colgando de las almenas a sus embajadores
y conspiró cuanto pudo por la causa de Isabel la Católica. Luego,
la episcopal fortaleza tuvo encerrado al secretario de Felipe II,
Antonio Pérez.
Los guías del castillo señalan el cubículo cercano al ábside
de la iglesia donde según la tradición estuvo preso Pérez. Una leyenda
relata que desde aquella zahurda el caído secretario regio consiguió
camelar a la hija del carcelero para cambiar sus ropas y salir pitando
camino de Aragón. Seguramente no es cierto, pero sí está bien traído.
La silueta rosada de la fortaleza combina almenas de
trampa, bellos torreones, cubos poderosos y una espadaña barroca que
sobresale del conjunto cercado. En su trenzado sucesivo hay constancia
de la participación de artistas como Juan Guas o Gil de Hontañón,
así que el pastiche tiene una indudable prestancia. Ni siquiera se
pierde de vista al tomar el rumbo hacia el recién estrenado Museo
Forestal, que está en la carretera del Pinar.
Una modélica instalación recrea el mundo de resineros, pegueros,
piñoneros y demás oficios vinculados a los recursos del pinar. |
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