 |
| INDICACIONES DE
CALIDAD |
|
| La tercera generación de la familia Brotons elabora en
Avila turrones y dulces navideños de forma artesanal a
base de almendra marcona y miel de romero |
| La rama abulense de los
Picó |
| El secreto de un buen turrón
está en la almendra», confiesa Minerva Company Brotons, tercera generación
de la familia Brotons Picó, que, desde Alicante, llevó a principios
del siglo XX la artesanía, el sabor tradicional y el irresistible
aspecto del auténtico turrón de Jijona, cuyo sello de denominación
de origen lucen las tabletas del dulce navideño por... |
... excelencia.
Almendra de la variedad marcona y miel de romero configuran la base
de este postre que, curiosamente, es de origen árabe.
La Flor Valenciana es la heladería y turronería más famosa
y antigua de la capital abulense. El establecimiento se encuentra
en la Plaza del Ejército, a los pies de la iglesia de San Pedro, cerca
del Mercado Grande. José Brotons Picó –familia directa de los Picó,
famosos turroneros y uno de los mayores productores nacionales de
este dulce- fundó en 1927 un negocio de fabricación y venta de helados
en Avila Brotons recorría las calles con un carrito de helados vendiendo
este refrescante dulce durante los meses de verano. Durante el otoño,
regresaba a Jijona, su localidad natal, para fabricar turrones. «En
principio, trabajaba en pequeñas fábricas» y con el tiempo empezaron
a introducir este turrón en Avila explica Minerva. |
Esta mujer trabaja
cortando polvorones, refinando sin descanso el exquisito turrón a
la piedra o atendiendo tras el mostrador, repleto de adornos navideños,
con cestas colmadas de polvorones, pasteles de gloria y de yema, envueltas
en brillantes celofanes y llenas del colorido opaco de las frutas
escarchadas. «Esto es una tradición familiar que se lleva en la sangre»,
afirma, mientras recuerda que existen también maestros turroneros
procedentes de Jijona en Valladolid y Zamora.
La elaboración del buen turrón es compleja, primero porque
este año es difícil conseguir la materia prima esencial para ello:
la almendra marcona nacional, cuya producción escasea por el abandono
de los cultivos y cuyo precio asciende a 12 euros el kilo. «El secreto
de un buen turrón es la almendra», sentencia Minerva, “de la clase
marcona y que sea del país”. Al respecto, advierte que la falta de
producción nacional ha obligado a la importación de almendras de Marruecos,
Argelia o California (EEUU), «que no dan la talla de la nacional,
porque son más secas» y no proporcionan un turrón jugoso. La almendra
marcona española se caracteriza por ser rica en aceite, muy apreciado
también en cosmética. «Si la almendra es seca, el turrón no adquiere
su textura característica », afirma. El otro ingrediente fundamental
para obtener un turrón exquisito es la miel. «Miel de romero », puntualiza
Minerva Company, «es la |

Imagen del proceso de fabricación artesanal del turrón
abulense. / FOTOS: ICAL |
mejor». Estas son las bases de los
turrones clásicos, el de Alicante –el duro- y el de Jijona –el blando-,
herencia de la gastronomía árabe.
El resto de turrones, el de arroz con leche, el de moras,
el de chocolate blanco, «son pralinés, no turrones », especifica la
maestra turronera. «Luego están los turrones de obrador, porque no
necesitan una maquinaria tan específica como los de Alicante y Jijona,
y entre ellos están el turrón de yema, el de coco, el de fruta, incluso
el de chocolate ».
Los turrones de chocolate de La Flor Valenciana «se realizan
en parte en Villajoyosa (Alicante), en la fábrica de Valor, donde
recubren con chocolate la almendra marcona tostada » por los maestros
abulenses. «El guirlache en Jijona se llama ‘terronico’ y es un producto
típico de las romerías, hecho a base de almendra tostada con piel,
miel a punto de caramelo con un poco de azúcar para que adquiera el
color tostado y ajonjolí», desvela Minerva Company.
«El turrón de Alicante es la base del turrón de Jijona», explica.
Primero se cuece la miel «con un poco de clara de huevo para blanquearlo»,
se agrega la almendra y se deja enfriar en unos moldes especiales.
A partir de éste, se realiza el de Jijona. La mezcla anterior se introduce
en los ‘boixets’, grandes morteros con una caldera de vapor debajo,
que cuece y tritura a la vez la pasta cremosa de almendra, mientras
el maestro turronero remueve con las palas la masa hasta que toma
«el punto ». Otra de las delicias creadas a base de almendra es el
turrón a la piedra, realizado con almendra tostada, azúcar glass y
un toque de canela y limón, «que se hace y refina entre dos piedras,
hasta que adquiere el punto», una de las variedades más caras. «En
El Corte Inglés se vende como producto ‘delicatessen’, y a buen precio»,
sonríe Minerva. El mazapán es sólo «azúcar y almendra», un dulce en
sí mismo que permite las combinaciones más deliciosas para el paladar:
pasteles de gloria –con confitura de boniato-, empanadillas de yema
–un producto imprescindible en Avila, «todo a base de productos naturales,
que se nota en el sabor, y realizado artesanalmente».
También los polvorones brillan con luz propia por su intenso
sabor y su textura. «Están realizados con casi el 50% de almendra,
yema de huevo, un poco de harina tostada, manteca de cerdo ibérico,
canela, limón y azúcar glass», que se amasan, cortan y cuecen de forma
artesanal. «Los que venden ahora son casi todo harina», critica con
voz experta.
|
|
|
|