 |
| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
|
| MURIAS DE PAREDES (LEON) |
|
| Omaña, la comarca bautizada
por los romanos como Humania, que quiere decir poblada por hombres
como dioses, ha quedado convertida con el abandono de la emigración
en una preciosa reserva natural. Murias, su cabecera, resume un proceso
de similar melancolía. |
| Donde los montes suspiran |
|
| ERNESTO ESCAPA |
| La montaña leonesa, que
a diferencia de la palentina o la burgalesa carece salvo un par de
excepciones del atractivo románico, está organizada
en espacios comarcales perfectamente definidos y dotados de una poderosa
identidad. Y aparte de las asechanzas primero del carbón y
luego de los embalses, apenas ha padecido alteraciones. |
Los ferrocarriles mineros
facilitaron el transporte del mineral y la huella del carbón
modificó violentamente el paisaje de valles como Laciana o
Sabero. En la montaña occidental Laciana recibió el
impacto de la minería del carbón y la cadena de sucesivos
embalses en el alto Sil.
El tren hullero inaugurado por Cambó en la segunda década del
pasado siglo hizo rentable la explotación carbonífera, que todavía
sigue, del idílico Valle de la libertad. Lugares antaño tan hermosos
como Villaseca ofrecen ahora el aspecto sombrío de un gulag polaco,
pero la naturaleza de las brañas va recobrando un esplendor
avalado por la declaración de Reserva de la Biosfera.
Precioso paisaje nevado típico de
esta comarca de montaña. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
La comarca de Luna, minera en el entorno de La Magdalena,
fue anegada en su tramo alto por un embalse antes de ser literalmente
sajada por el paso de una autopista construida cuando la sensibilidad
hacia la naturaleza era música celestial. Entre una y otra comarca,
Babia ha visto troceada su identidad por razones rotundamente pueblerinas.
De ahí que en el mapa de los espacios naturales figure disminuida
como Valle de San Emiliano, que sólo es uno de los dos municipios
que la integran. Todo este proceso contemporáneo fue dejando orillada
a Omaña, que es la cuarta pieza del puzzle de la montaña occidental
leonesa. En su cabecera, al pie de los montes que alimentan las
fuentes del río que le da nombre, se asienta Murias de Paredes,
la capital administrativa de todos estos valles. Murias lleva en
su nombre el carácter terminal de mojón o límite de la comarca.
Pero también, porque la toponimia además de antojada es generosa,
el rastro de la explotación que los romanos hicieron del oro de
su cuenca.
OMAÑA INSUMERGIBLE.
Hace tres lustros Omaña despejó de su horizonte la
nube de un nuevo embalse dibujado aguas abajo de Riello. Fue una
lucha tenaz, mantenida sobre todo por los omañeses de la emigración,
cuyo final feliz tuvo mucho que ver con la calamidad todavía fresca
de Riaño. Omaña es un valle longitudinal alimentado por un surtido
peine de valles laterales.
|
| Guia |
|
 |
COMO
LLEGAR
Murias se encuentra en la LE 493, que recorre la comarca de
Omaña entre La Magdalena y Rioscuro, ya en Laciana.
En La Magdalena hay acceso a la A- 66.
DONDE COMER
En Murias, Los Acebos (987 593 125). En Riello, El Rincón
de Manolo (987 580 780). En Pandorado, La Ermita (987 580
901). En Senra, Cumbres de Omaña (987 593 072).
TURISMO RURAL
En Murias, El Urogallo (987 593 152) y Los Acebos (987 593
125). En El Castillo, El Corral de Sandalio (987 846 084).
En Pandorado, La Peñona y El Rozo (987 580 722), Resthy
(987 580 722) y El Romero, El Tomillo, Lavanda y Santolina
(689 147 639). En Curueña, La Filera (655 856 660).
|
Iglesia encalada. |
|
Alguno de tan acusada personalidad como el Vallegordo, que
para determinados autores constituye la síntesis misma de Omaña.
Otros más enriscados, como los que dan acceso a Salce o Curueña,
o el Vallechico, que desde Omañón discurre por Sabugo, Rodicol,
Villabandín y Lazado hasta retornar al cauce en Senra.
En Rodicol está la Virgen de la Seita y apareció el
ídolo fálico tallado hace más de cuatro mil años para propiciar
la fecundidad.
Pero la comarca bautizada por los romanos como Humania, es
decir, poblada por hombres como dioses, ha estrenado el siglo veintiuno
en una situación terminal, asfixiada por la despoblación. Los alrededor
de setenta y cinco núcleos de población, repartidos por el valle
principal, por la Lomba y por Valdesamario, apenas suman en su conjunto
dos mil habitantes.
Esta circunstancia ha propiciado una recuperación espectacular
del medio natural. Las antiguas tierras centenales de labrantío van
siendo tomadas por el monte bajo, mientras los prados que escoltan
el curso arbolado del río siguen delimitados por las sebes tradicionales.
Además, la comarca conserva grandes paños forestales de roble autóctono
y, en torno a las fuentes del Omaña, varios abedulares que cobijan
las últimas colonias de urogallos.
Los romanos al bautizar la comarca supieron captar el
talante indómito de sus pobladores. A lo largo del Omaña quedan testimonios
abundantes de unas explotaciones auríferas que se consideran las segundas
en importancia del noroeste después de las Médulas. La asociación
de desarrollo rural Cuatro Valles organiza actividades veraniegas
de rescate del perdido Eldorado omañés, volviendo a cribar las arenas
del río en busca de pepitas de oro como hacían los primitivos aureanos.
De aquel pasado de riqueza y esplendor arranca la leyenda de
la casa palacio construida con oro en su totalidad que los vecinos
trataron de abrir enganchando una reata de bueyes bien fornidos para
tirar de las argollas. Cuando los áureos muros se vencieron, brotó
de sus entrañas una corriente tan poderosa de agua que sumió el recinto
para siempre en medio de un estruendo aterrador.
LA CURIA DE MURIAS.
A lo largo de Omaña y de sus empinados valles caudales
son frecuentes las casonas nobiliarias, en general muy venidas a menos,
pero con una heráldica orgullosa que se resiste a perder sus trazos.
Hace un siglo Murias era uno de los distritos de la Restauración,
donde se manejaban los asuntos de toda la montaña occidental leonesa.
Incluso contaba con una acreditada Colonia en Madrid, que se distinguía
por su porte señorial y por el caché de los almuerzos que periódicamente
organizaba en el Ritz para agasajar a los caciques de la época. Hay
constancia de algunos pantagruélicos, como los dedicados a Eduardo
Dato o al ministro de Fomento Cambó.
Así que la curia de Murias no era levítica, sino civil, y estaba
formada por un contingente de abogados, procuradores, jueces, notarios
y demás gente de tanto lustre como escaso provecho. De todo aquel
postín apenas queda la desmedida casona del dieciocho que abruma al
resto de su caserío. De sus zahurdas, cuando era cuartel de la Guardia
Civil, partió la Cuerda de presos novelada por Tomás Salvador.
Lo más hermoso de Murias se aprecia en el camino hacia Montrondo,
buscando las fuentes del Omaña. Las umbrías del río muestran montes
de abedules que protegen la supervivencia de los últimos urogallos. |
|
|