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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| BECEDAS (AVILA) |
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| Entre la garganta del Becedillas y la eminencia granítica de la torre de su iglesia se tiende
el caserío serrano de Becedas, bien surtido de balcones y fuentes. Fue lugar de veraneo de
don Miguel de Unamuno y solar de los primeros prodigios de una joven Santa Teresa |
| El solaz serrano de Unamuno |
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| ERNESTO ESCAPA |
| Desde la otra orilla de El Barco,
una vez cruzado el puente nuevo sobre el Tormes, sale la carretera
que enlaza Valdecorneja con Candelario y Béjar. En su primer
tramo, los pastizales del valle se motean de encinas sueltas y robustas,
mientras en la pendiente umbría aparecen ya las
primeras matas de roble.
Entre El Losar y ... |
... Palacios el curso del
Becedillas busca por Junciana el abrazo del Tormes en medio de una
vegetación más serrana y apretada. Hasta alcanzar el caserío de Becedas,
que se avisa en lontananza por la silueta de las peñas de Neila, a
las que Unamuno bautizó como “escombreras del cielo”, sorprenden los
campanarios exentos de las iglesias, usados en otro tiempo como oteaderos
para vigilar montes, ganados y cultivos.
La primera imagen de Becedas, antes de pasar la puentecilla,
es la torre berroqueña de su iglesia renaciente
asomada sobre el perfil
rojizo de los tejados. «La villa, a
la distancia, aparecíaseme como
una enorme tortuga roja -del color
de sus tejados- con un cuerno,
que era la torre de la iglesia. Y recordé
las calles por las que corre al
sol y al aire el agua del arroyo». La
estampa de Unamuno, que escogió
este lugar para sus veraneos familiares,
se adorna con el colorido
de los tiestos de flores en las galerías.
Iglesia de la Asunción. / FOTOS:
ERNESTO ESCAPA
La presencia estival de don Miguel con su nutrida prole
en Becedas convierte a este pueblo abulense en uno de los enclaves
más literarios de la sierra. Cuatro siglo antes se había alojado en
el mesón Teresa de Jesús, buscando alivio a sus problemas de salud
en los remedios perejileros de una curandera que a punto estuvo de
mandarla para el otro barrio.
Vino Teresa con severos desarreglos coronarios y recibió
como terapia una purga recalcitrante para los atascos del aparato
digestivo. Año tras año lo recuerdan los jóvenes cantores del Ramo:
«Aquí te martirizó / la célebre curandera / que logró tratarte mucho
/ pero no ponerte buena». El enclave teresiano de Becedas se encuentra
a la derecha de la carretera que prosigue hacia San Bartolomé de Béjar
y La Hoya. Hay un ensanche para dejar el coche, justo en las traseras
traseras de la iglesia y peraltado sobre la hermosa arquitectura del
centro teresiano fundado por el canónigo don Crisanto en 1898.
Una capilla de 1858 ocupa el espacio del antiguo mesón
y a su vera, retranqueado, aparece el precioso edificio decimonónico:
nada conventual, luminoso y transparente de claridades. Precisamente
cuando santa Teresa se convirtió en estrella de la tele, Becedas fue
el punto de arranque de aquella serie.
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| Guia |
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COMO
LLEGAR
A Becedas se accede desde El Barco de Ávila o desde
Béjar por la Cl-500, que enlaza a través de
la sierra las nacionales 110 y 630.
DONDE COMER
En Becedas, mesón El Sestil. En El
Barco de Ávila, El Casino (920 341
086) es un clásico. También Bella
Vista (920 340 753), La Alameda
(920 340 103) y Casa Lucio (920
340 759).
TURISMO RURAL En Becedas, Casa de la Regadera
(920 206 204). En El Losar, Cuesta
de las Viñas y El Mirador de la Alberca
(920206 204). En San Bartolomé
de Béjar (920 206 204).
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Fuente medieval de El Lugar. |
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En sus
días de quebranto la santa subía con enorme fatiga la cuesta de los
Santos hasta la iglesia, cuyo párroco resultó ser una calamidad. Aquel
clérigo llevaba siete años en trato carnal estable con una mujer del
lugar. «Era cosa tan pública que tenía perdida la honra y fama y nadie
le osaba hablar contra esto».
Teresa le arrancó el idolillo de cobre que llevaba al cuello
y lo devolvió al redil. Todos estos sucesos y padecimientos los relata
con plasticidad y soltura la santa en su Autobiografía. Entonces Becedas
era un pueblo de arrieros y de gente emprendedora, que aprovechaba
la corriente del Becedillas para mover la industria de molinos y batanes.
TIERRA DE ACEBOS.
Unamuno ha dejado constancia en versos y artículos de
sus temporadas en Becedas, así como del impacto que supuso para Santa
Teresa su estancia en este hondón de Avila.
Luego, más tarde, ya en los setenta del pasado siglo, también
pasó un año en el pueblo Brandes Stanley, un antropólogo americano
que en 1975 publicó en Nueva York su estudio sobre la comunidad rural
de Becedas. Aquel libro sigue sin ser traducido pero en sus conclusiones
apunta la condición pendenciera y errabunda de los de Becedas, así
como la envidia hacia quienes un día tomaron la resolución de marchar
a la emigración. Ninguna placa recuerda el paso del ilustre profesor
americano.
Claro que para barajar tópicos no es preciso saltar el charco.
Vale con indagar la toponimia, que es ciencia siempre resbaladiza.
El nombre de Becedas ha sido interpretado como derivación de vez o
turno para cuidar el ganado; como lugar en que se trabajaba el berceo
o esparto; y también como tierra de acebos, porque en el Ramo que
se canta dos veces al año este es su árbol totémico.
Sea cual fuere el secreto de su nombre, Becedas preside el
hondón que se abre entre Peña Negra y la Sierra de Neila, ocupando
la loma declinante desde Las Cabezuelas hasta la garganta del Becedillas.
En Las Cabezuelas guarda el cruce de cañadas y caminos la ermita
de la Encarnación, que festeja con hornazo la Pascua Florida, y hacia
el Becedillas mira un pueblo acostumbrado a aprovechar su empuje para
la molienda y sus estanques para el escalofrío veraniego del baño.
Becedas cuenta con muchas fuentes en sus calles y plazuelas,
aunque ya no corren a la vista por ellas las antiguas regaderas. Una
de ellas, la conocida como de El Lugar, ha sido datada en el siglo
XIII. El recorrido del viajero por Becedas, después de pagar el tributo
teresiano, pasa por la plaza de la iglesia, que se hace visible por
el mástil de su torre.
La portada granítica muestra a los duques de Béjar en dos medallones.
La plaza del Ayuntamiento se llama del Ejedillo y en uno de sus flancos
compiten la atrocidad arquitectónica del nuevo consistorio con la
de la Caja de Ahorros provincial.
Unamuno escogió para su residencia la vecindad del riachuelo
y allí se recuerda su asiento en la peña de la Zorra o junto a la
fuente de la Bimborra. El cuidado de la orilla del río, desde el Molino
de Abajo hasta la hermosa plazuela de la peña de la Zorra, alivia
la sensación de destrozo que se aprecia en la arquitectura tradicional
de este pueblo serrano. |
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