Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 TORTOLES DE ESGUEVA (BURGOS)  
 Tórtoles guarda memoria del encuentro entre el ansia depredadora de Fernando el Católico y la renuncia doliente de su hija Juana. Hace unas décadas el monasterio cuya abadesa ejerció el señorío sobre la villa pasó a manos de una vecina.
 Las lágrimas de Juana la Loca  
ERNESTO ESCAPA
 El gentilicio de los vecinos de Tórtoles de Esgueva es el simpático de tortolicos, aunque no consta que los siglos de dependencia monástica les contagiaran una especial mansedumbre. Al contrario, Tórtoles se revela al visitante como un pueblo dinámico, solidario y despierto. De hecho, su plaza Mayor, a la que asoman el ...
 ... consistorio porticado y la magnífica iglesia, exhibe una placa de recuerdo a las víctimas del 11 de marzo, mientras la matanza del cerdo ritual, que se anuncia para el viernes 4 de febrero, destinará la recaudación íntegra a los damnificados del tsunami asiático, sucedido la última semana de diciembre del pasado año.
   La plaza es un enclave monumental que muestra al desnudo los desarreglos de un pueblo inquieto y activo pero irremediablemente venido a menos. A un lado, la hermosa casa consistorial con su fuentecilla aledaña. Al otro, la iglesia majestuosa, mitad templo mitad fortaleza. Y al fondo, la calle Mayor con sus casonas dieciochescas lujosamente blasonadas.

Abside en la huerta conventual. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA

   Pero la ronda trasera de la iglesia pone al descubierto los alamares del descuido. Ruinas y chaperones. La iglesia muestra al exterior la apariencia defensiva de su torre albarrana, la delicadeza ojival de sus ventanales y la filigrana del rosetón que preside su portada.
  El interior guarda una de esas sorpresas monumentales tan frecuentes en pueblos burgaleses, que ni a fuerza de repetirse amortiguan su impacto estético. El interior es un auténtico joyero, en el que luce la riqueza renacentista del retablo mayor. No es la única iglesia del pueblo, que cuenta con dos ermitas dedicadas a San Cebrián y a San Isidro.
  Subiendo desde la plaza por la calle Mayor se encuentra a la derecha un caserón dieciochesco con dos escudos de mucho ornato. Pudo ser el alarde doméstico de algún eclesiástico del pueblo, pero evidentemente no la sede del encuentro entre Fernando el Católico y su hija Juana la Loca.
   EL ESTUPOR DE LA REINA.

  La reunión entre el padre y la hija viudos tuvo lugar en otra casona más modesta y menos presentable, que se distingue por un doble alfiz que singulariza su fachada. La pintura áulica de Palmaroli compone un escenario palaciego para la extorsión a la reina desconsolada, que viajaba sonámbula por los páramos de Castilla con su equipaje de doliente amor. La comitiva aprovechaba las noches para surcar los campos, mientras dedicaba las jornadas de sol a inundar de responsos las iglesias por donde pasaba. En realidad falta poco para el quinto centenario de aquel encuentro.
  No es difícil imaginar el estupor y las lágrimas de la reina al comprobar la avidez de su padre por recuperar la corona de Castilla. Otras fuentes prefieren
  Guia  

COMO LLEGAR
A Tórtoles de Esgueva se accede por la CL-619, que comunica Palencia con Aranda de Duero. Se encuentra en el límite de la provincia de Burgos. Desde Valladolid, por la VA-140, que recorre el valle del Esgueva.

DONDE COMER
En Roa, El Chuleta (947 540 312) es uno de los templos gastronómicos de la Ribera. También El Nazareno (947 540 214) y Hermanos Arrontes (947 540 823), que añade el atractivo de un comedor colgado sobre el Duero.

TURISMO RURAL
En Tórtoles, Casa Amalia (947 551 737). En Torre de Esgueva, La Panera de Fili (983 380 741). En Castroverde de Cerrato, La Morena (676 979 943).


Torre albarrana de la iglesia.
situar el regio relevo en las estancias del monasterio benedictino de Santa María.
  Estas dependencias que bloquean el crecimiento del pueblo hacia las fuentes de su cabecera fueron hasta hace unas décadas monasterio. Entonces las monjas no aguantaron más el peso de su historia agrietada y vendieron la que fue su casa durante siglos para bajar al polígono industrial de Aranda, donde se agregaron a la comunidad de un convento moderno, insípido y calefactado.
  En la mudanza trasladaron a la capital de la Ribera algunos retablos y unos sepulcros muy vistosos donde se guardaban las cenizas de sus fundadores, que habían sido un caballero combatiente en la batalla de Las Navas de Tolosa y su noble señora doña María Armíldez. El fundador se llamó Gonzalo de Torquemada, quien se preocupó de dotar generosamente a la comunidad con tierras productivas y el señorío de la villa.
   Pero pasada la época de las celebridades, a las monjas no les hizo mucha gracia quedarse orilladas en este rincón de Castilla. Con todo, la vida monástica no alcanzó por poco los ocho siglos, durante buena parte de los cuales la abadesa ejerció su señorío sobre Tórtoles.
   Cuando vendieron el convento hace unas décadas a su antigua alumna Teresa Esteban no era la primera vez que las monjas intentaban abandonar el pueblo. A la mitad de su estancia en Tórtoles, allá por 1610, un eclesiástico de la corte del duque en Lerma trató de mover el convento para ensalzar los pujos celestiales del valido. Si entonces no prosperó la marcha, no fue por falta de ganas, sino porque el duque cayó en desgracia y se acabaron los oropeles del Arlanza.
  EL ARROYO DE LAS INDUSTRIAS.

  El monasterio ocupa la cabecera de una vaguada bien surtida de manantiales, que brotan al pie de las lomas desnudas.
  El camino desde el pueblo está salpicado de ese género de construcciones agrícolas y ganaderas que han ido destrozando todos los alrededores rurales que han podido. Los muros que asoman al exterior no dicen gran cosa del tesoro que este complejo monástico alberga en sus entrañas. Un cartel avisa de que una parte se destina a la elaboración artesanal de quesos, otro flanco se ha acomodado como residencia de ancianos y por la entrada del recinto asoman las virutas de un taller de carpintería. Un parquecito todavía joven alivia la desnudez del fondo del vallejo.
   La puerta del convento se abre hacia el remanso de un arroyo en el que chapotean los patos y organizan su propia algarabía unas parejas de ruidosas ocas. Aguas abajo quedan los muros de un molino detenido, como el resto de los batanes y artilugios que concentraron la actividad industrial de Tórtoles hasta mediados del siglo veinte. A lo largo del arroyo de las Pozas hubo fábrica de jabones y alquitara de aguardientes, tejedores de alforjas y fabricantes de mantas y finas sábanas de lienzo.
   Frente al remanso de las ocas se abre la puerta blasonada del recinto, que adquirió por diez millones de pesetas doña Teresa, una vecina del pueblo que ha consolidado las partes más endebles del conjunto y no pone precio ni inconveniente a la entrada de las visitas. El recorrido de sus dependencias se convierte en una travesía melancólica por el laberinto del arte y por las entrañas de la memoria.


El piedemonte se convierte en mirador Espirdo / Segovia

Agua, jalón entre las hojas Molinos de Codesal / Zamora

Un par de cuernos de León Suárbol y Balouta / León

Pinos piñoneros enseñan el valle Sacedón / Valladolid

Ensayo de la piedra y el centro Fuentelapeña / Zamora

Remanente salpicado contra el olvido Laguna de Boada / Palencia

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