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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| CUEVAS DE PROVANCO (SEGOVIA) |
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| Este pueblo segoviano de la cabecera del Botijas conserva un conjunto de grutas
naturales usadas antes como viviendas y hoy transformadas en bodegas o despensas |
La colina de los trogloditas ERNESTO
ESCAPA |
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El Botijas
ni siquiera tiene reconocido su rango fluvial, a pesar de que entre
Cuevas de Provanco y Mélida traza un valle recogido y armonioso. Cela
le llamó “arroyo empecinado” y la misma rebaja le aplican tanto la
cartografía como los indicadores viales.
A la altura de Castrillo de Duero los humedales del Botijas
forman un lodo negruzco que la gente siempre llamó pecina, por su
parecido con la pez que usaban en su faena los zapateros. Castrillo
fue pueblo exportador de remendones por el contorno. Así que entre
pez y pecina a los del pueblo les llamaban empecinados. Esto fue lo
que le ocurrió a Juan Martín, al casarse en Fuentecén. Luego su comportamiento
convirtió el mote en contraseña de valor y tenacidad.
Castrillo se apiña en torno al montículo sobre el que se eleva
la iglesia, bien escoltada de blasones y lagares. Sin embargo, Cela,
que acudió a Castrillo atraído por la fama galdosiana del Empecinado,
afirma que “es pueblo metido dentro de una cazuela”.
Entre Castrillo y Cuevas, tres fuentes y un par de arroyos
alimentan el menguado caudal del Botijas. El más surtido se llama
chorro de Extremadura, porque nace en ese pago del páramo de Corcos,
en la provincia de Burgos. Cuevas de Provanco, ya en Segovia, aparece
colgado de la cuesta que recibe los últimos soles del valle.
Todos los flancos del pueblo se ven agobiados por la proliferación
de naves agrícolas, distribuidas a diestro y siniestro. Otro tanto
ocurre en el páramo de Las Pedrajas, donde asoman los muñones del
castillo y se extendían las eras de la trilla. Los viejos muros de
piedra seca van siendo relegados por la irrupción de chamizos prefabricados.
La gente del pueblo sube por las sendas de la cuesta hasta este mirador
rocoso horadado de cuevas. Los jóvenes, buscando ampliar la cobertura
de sus móviles; los mayores, para apurar el solecillo, que despide
rápido el valle profundo y estrecho.
EL MEJOR EJEMPLO
Según el experto en arquitectura tradicional Arturo Martín
Criado, Cuevas de Provanco es el mejor ejemplo regional de habitación
en cuevas naturales. Sobre el nivel de las casas se abren las covachas
horadadas en la caliza y más arriba las menguadas ruinas de un castillo
desgastado. Las viviendas cimeras están adosadas a la pared rocosa
y aprovechan la sisa de las cuevas naturales para cuadras, bodegas
o despensas. A su altura se encuentra la iglesia románica y hacia
abajo, calles menos empinadas y casas más amplias y modernas.
La iglesia de la Vera Cruz vio desmoronarse su torre a mediados
de los 40 y los arreglos consiguientes dejaron el templo románico
lleno de costurones. La galería se tapió para ensanchar la iglesia
y la base de la torre se convirtió en sacristía. Ahora luce una espadaña
postiza. Lo mejor del conjunto es el ábside, tosco y sobrio. En sus
muros exteriores, sobre todo al norte, se suceden los arcos ciegos.
Las calles del pueblo discurren apretadas entre casas, bodegas y lagares.
El vértigo de la pendiente lo combaten hileras de bidones hormigonados.
Valle arriba, el Botijas hace un quiebro en busca de sus fuentes,
que manan en la ladera de las Madres, junto a la granja de Malmuerto.
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