Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 NAVAFRIA (SEGOVIA)  
 Castrillo es un pueblo poseído por la fama universal del guerrillero que convirtió la libertad en su horizonte. Buscando aquellos primeros escenarios lo han visitado escritores españoles y europeos y siguen llegando viajeros, que disfrutan de un lugar discreto y sin estridencias.
 La sombra del Empecinado es alargada
ERNESTO ESCAPA
 El Botijas es un riachuelo que ni siquiera tiene reconocido su rango fluvial, a pesar de que entre Cuevas de Provanco y Mélida traza un valle recogido y armonioso. Cela, que acudió a Castrillo con voluntad expresa de homenajear la memoria del guerrillero, llamó al Botijas «arroyo empecinado » y la misma rebaja le aplican tanto la...
... cartografía como la implacable cartelería vial. El pueblo cabecero del vallejo, Cuevas de Provanco, que es segoviano y debe su nombre a la costumbre troglodita de habitar las grutas, está prendido en la solana que asoma al valle todavía estrecho y sombrío. Entre Cuevas y Castrillo, tres fuentes y un par de arroyos alimentan el menguado caudal del Botijas. El más surtido se llama chorro de Extremadura, porque nace en ese pago del páramo, donde mana la fuente de las Tenadas, ya en la provincia de Burgos.
  Dicen los avispados escribientes que en Castrillo de Duero los humedales del Botijas forman un lodo negruzco que la gente siempre llamó pecina, por su parecido con la pez que usaban en su faena los zapateros. Porque parece que Castrillo fue en su tiempo pueblo exportador de remendones y cavadores de viñas por el contorno. Así que entre pez y pecina a los del pueblo les llamaban de siempre empecinados. Y ese fue el mote con el que cargó también Juan Martín al casarse en Fuentecén.


Castillo de Valdecorneja. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA

   Luego su comportamiento convertiría el mote vecinal en contraseña de valor y tenacidad. Esta enrevesada manera de extraer un gentilicio glorioso de las aguas negruzcas de un riachuelo al que hasta se le escatima su condición fluvial cuenta al menos con fundamento literario, pues el mismo Galdós en el inicio del capítulo sexto de su Episodio Nacional titulado Juan Martín El Empecinado sigue idéntica deriva.
   Castrillo está situado en la solana del pico Cuchillejo, mirando al Botijas, y se apiña en torno al montículo sobre el que se eleva la iglesia. Sin embargo, Cela, que se acercó a Castrillo atraído por la fama galdosiana del Empecinado, afirma que «es pueblo metido dentro de una cazuela».
   Juan Martín es sin duda el más universal de los contemporáneos nacidos en la provincia de Valladolid. Por eso extraña la demora de casi dos siglos en ponerle una estatua en su pueblo a quien hizo el primer homenaje liberal a los
  Guia  

COMO LLEGAR
A Castrillo de Duero se accede desde la N-122, entre Peñafiel y Nava de Roa, por la BU-130. Desde Peñafiel, por la VA-211, que recorre el valle de Botijas.

DONDE COMER
En el término de Castrillo, pero en la carretera nacional, El Empecinado (983 880 793).

TURISMO RURAL
En Mélida, las casas al Agrego Sol y Sombra (983 873 189) y El Corral de Escuela (653 847 711). En Cuevas de Provanco, El Malvar (921 527 067).


lMonumento al Empecinado.
mártires de Villalar. Además de Galdós y Cela, también Pío Baroja se sintió fascinado por el arrojo y la fibra rebelde del Empecinado. Durante años, en sus viajes a Vera, solía hacer un alto de varios días en la finca de La Ventosilla, cuyo gobierno llevaba el suegro de su hermano Ricardo, para seguir el rastro de los guerrilleros del Duero. Pero el libro más hermoso y menos conocido, a pesar de la enorme difusión que le dio la colección Austral, es El Empecinado visto por un inglés, en el que Marañón utiliza el truco del manuscrito encontrado y traducido para resumir en la figura liberal de Juan Martín su propia encrucijada de perplejidad durante los días aciagos de la guerra civil.
   EL LABERINTO DE LOS LAGARES.

  Desde el atrio de la iglesia, rematado por un viacrucis de piedra, se domina la pequeña ribera del Botijas y también la salida hacia el Duero por la Cruz de la Muñeca, además de los blasones nobiliarios más erguidos. La Cruz de la Muñeca está hecha de hierro y recuerda en el páramo de las Mazorras un episodio legendario y triste. La historia de la niña que fue a llevar la comida al padre que cavaba las viñas y en este lugar se vio sorprendida por la voracidad de un lobo que sólo dejó de ella una muñeca con su manita.
 El nombre de Castrillo apunta a su función de vigilancia en la extremadura del Duero crecida a la sombra de Peñafiel. Ocurre otro tanto con Torre de Peñafiel en el valle del Duratón. Incluso en aquel tiempo fronterizo Castrillo también se apellidó de Peñafiel, como Torre. La mudanza es relativamente moderna y se debió al interés en marcar la exención de aquel dominio tan agobiante y cercano. La falda del cerro coronado por la iglesia acoge en la solana el laberinto de los antiguos lagares, que muestran su embocadura enmarcada con hermosos dinteles. Es como una zona de respeto bien ajardinada hasta la que no han trepado las casas.
   LA FUENTE DE LA PICOTA.

  La iglesia de la Asunción tiene compostura barroca y se construyó a fines del XVII sobre los restos de otra románica, de la que conservó su cabecera. Tiene dos ventanas románicas adornadas con capiteles sencillos.
   La iglesia se organiza en tres naves decoradas con yeserías barrocas y alza una linterna sobre el crucero revestida al exterior con chapitel de pizarra. En el caserío conviven algunas construcciones de adobe, un material que se aprecia en abandono y retirada, y buenos edificios de piedra. Entre estos, varias casonas palaciegas, de la segunda mitad del dieciocho, rematadas con ostentosa pedrería heráldica.
   En la parte alta, apartada hacia las eras, la casa de los Puerto Maeda, parcelada por su mitad y en proceso de ruina. Junto a la iglesia, la casona de los Bocos con su peineta blasonada, y en la calle de Santa Marta las armas de Torre y Díez, que miran perplejas los figurines de jardín y demás alamares creativos que coronan las almenas de pega de un edificio vecino.
   También se conserva la sencilla casa natal del Empecinado, identificada con una placa excesiva, que sigue perteneciendo a su familia. Desde hace unos pocos años el héroe cuenta con un monumento situado en la plaza de la localidad, ante la casa consistorial donde se han empezado a reunir libros, objetos y papeles sobre el inolvidable paisano al que retrató Goya con su bigotón de brigadier.
   Simbólicamente, en el cantón de las Cuatro Calles la antigua picota fue convertida en fuente, a la altura del año 1844, y cercada por un abrevadero octogonal con la función de refrescar a los animales de tiro.


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