Castilla y León
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  LA BODEGA  
   CASTRO VENTOSA (BIERZO)  
  Una bodega preocupada por llevar a la mencía a sus más altas cotas de calidad. Llevan el vino en las venas y esta elaboradora fue una de las primeras en etiquetar sus productos con el sello de la Denominación de Origen Bierzo
 Virtuosos en las lomas de Valtuille
 PABLO R. LAGO

 Guia  

 CASTRO VENTOSA
Año de fundación: 1989.
Dirección: Finca El Barredo s/n. 24530 Valtuille de Abajo-Villafranca (León)
Tel.: 987562148
Fax: 987562191
E-mail: bodegascatrov@terra.es
Gerente: Serafín Quiroga
Director comercial: Carlos López
Bodeguero: Pablo López.
Enólogo: Raúl Pérez.
Viticultor: Salvador López.
Parque barricas: 160 roble francés
Producción: 320.000 botellas
Viñedo propio: 60 hectáreas
Capacidad bodega: 300.000 litros
Variedades: Mencía, chardonnay, gewürztraminer, moscatel, cabernet
Marcas comerciales:
  CASTRO VENTOSA
PVP: 3 euros
  CASTRO VENTOSA VINTAGE
PVP: 3 euros
  CASTRO VALTUILLE
PVP: 10 euros
  VALTUILLE
PVP: 24 euros
 AIROLA ROSADO
PVP: 2 euros
 AIROLA
Blanco.
Var: chardonnay.
PVP: 3 euros
  AIROLA
Blanco.
Var: gewürztraminer
PVP: 6 euros
  AIROLA MOSCATEL
PVP: 4 euros


El joven equipo humano de la bodega.
 Seguramente el mayor valor en alza que atesora Castro Ventosa, una veterana ya en el sector vinícola del Bierzo, sea el ingenio y el desparpajo de su enólogo Raúl Pérez, que también ejerce de propietario. Nadie diría que tras esa apariencia de sencillez y humildad se cobija un tipo que casi estrenó el mando en bodega al tiempo que la mayoría de edad. Su mente abierta y su espíritu...

   ...viajero le han animado a soltar tabúes y lastres y desarrollar una bodega innovadora, al margen de la dictadura de las modas y las variedades.
   A Raúl el vino le debe circular por el ADN. Enseña, con la ilusión de un niño en el amanecer del 6 de enero, un amarillento documento que acredita que seis o siete generaciones de viticultores le otorgan estirpe de viticultor. Cuenta el testamento que un antepasado suyo dejó escrito en 1752 que el día de su entierro se invitara a los vecinos de Valtuille de Abajo (Villafranca) a una jarra de vino, procedente de las generosas lomas del pueblo, y una corteza de pan. Toda una declaración de intenciones sobre el oficio el de aquel antepasado de Raúl.
  Castro Ventosa, una de las veteranas, fue también una de las primeras en etiquetar con el sello de Denominación de Origen, cuando se empezaba a abrir un futuro insospechado para la por entonces denostada mencía.
   El prólogo de esta aventura empresarial se encuentra en Herederos de Rosario López Fuentes. Corría el año 1996. Entonces los Pérez, Raúl, María Isabel, José Daniel y Arturo decidieron apostar por la dimensión empresarial de lo que siempre había sido un negocio familiar sin excesivas ambiciones.


 Fachada de la bodega Castro Ventosa, en el Bierzo. / FOTOS: CESAR SANCHEZ 
En la finca El Barredo, donde se avista la cornisa sur del Castro de la Ventosa, antiguo asentamiento romano que se reparten Villafranca y Cacabelos, emerge una espléndida bodega de piedra. Piedra procedente de una vieja casa que la madre de Raúl poseía en Villar de Corrales (Trabadelo). El inmueble tiene querencia a los antiguos castros, como el que mira de reojo en la loma que presta nombre a la bodega. Hasta tal punto que los depósitos de acero inoxidable están

dispuestos en una estancia circular, ofreciendo así una sensación entre cálida y misteriosa.
  EQUIPO JOVEN

   El ímpetu de un equipo joven y brioso ha conseguido que las instalaciones hayan mermado por la magia de la demanda. «Yo soy el más viejo de todos y tengo 32 años», espeta Raúl satisfecho de liderar un grupo ambicioso y vitalista. Un grupo que es el alma de la bodega, en la que nadie se rasga las vestiduras por limpiar unas botellas o trasladar unas cajas. Son virtuosos del vino y la viña.
   Ese impulso que ha dado Castro Ventosa ha obligado ya a los Pérez a empezar a idear una ampliación. Otro centenar de millones de las antiguas pesetas se sumarán a los 140 ya invertidos para aumentar el espacio de las instalaciones y seguir abonando el rosario de marcas y variedades, que son el emblema de pluralidad que define el carácter de una bodega ansiosa por no encorsetarse.
   Por extraño que parezca, Raúl Pérez no tuvo clara su vocación de enólogo hasta que tuvo que coger las riendas de la bodega. Entonces, casi en plena adolescencia, sus aspiraciones enfilaban otros caminos.
   Sin embargo, aprendió el oficio en casa. Observando a su padre, y al padre de su padre como mimaban la tierra y los tinos en Valtuille de Abajo, que se está convirtiendo en el Burdeos del Bierzo. Un pueblecito atrincherado entre lomas y cepas en el que la proliferación de bodegas han conseguido anclar la población en un núcleo rural sin más pretensiones que lo que sale de la tierra.
  Pero Raúl todavía tiene el reto de restituirle a su bodega el aroma de «vino duro», como el dice, que tiene grabado de lo que respiró siempre en la bodega familiar. Del padre y el abuelo sacó la enseñanza de que el vino se hace en las viñas. Y no hay malabarismos químicos que sustituyan el proceso natural. Por eso un empeño especial es el mimo de las 60 hectáreas que posee repartidas en más de 200 fincas. No hay quien pueda con el minifundismo en el Bierzo. Raúl tiene predicamento. Hasta tal punto que sus conocimientos están al servicio de Bodegas Estefanía, de la familia burgalesa Frías. Y no sólo en el Bierzo despliega sus dotes.
  Exporta asesoramiento a bodegas gallegas. Esa faceta le tiene trotando medio año de acá para allá, al tiempo que le ayuda a descubrir que el universo del mundo no se acaba en la mencía, a pesar de que sabe que es un salvoconducto de exclusividad irresistible para los importadores.
  Raúl Pérez no se conforma con ejercitar la enología. Le gusta transformarla e idear modelos que se adentran en las fronteras del arte.
   SU CREACION

  Resultado de esa inquietud es su creación ‘Le flou Artistique’, un suntuoso estuche de tres botellas en el que el enólogo se ha dejado llevar por sus sensaciones para elevar a la máxima expresión eso que se conoce como vino de autor. De estos sólo ha puesto mil ejemplares en circulación. Quien pueda acceder a uno de ellos es un afortunado.
  Son tres vinos con personalidad propia. Algo que queda patente hasta en el nombre. Se trata de un albariño y dos mencías. Eso sí, uno de los mencías está acunado en tierras gallegas y el otro en el Bierzo, su territorio natural por excelencia.
  Raúl, viajero y cosmopolita, bautizó a cada uno de los tres vinos con el nombre de un establecimiento que le cautiva. Sketch, un vanguardista restaurante londinense presta la marca para uno de los caldos. Como en el resto, su etiqueta está impregnada de la decoración de establecimiento.
  Otro restaurante, en este caso salmantino, ‘El Pecado’, en las cercanías de la espectacular Plaza Mayor y propiedad de un berciano, aportar nombre al otra de las piezas del estuche.
  El tercer es un homenaje a una tienda de moda madrileña, ‘Delito e castigo’. En este caso el diseño de la etiqueta imita a las bolsas del establecimiento.
  Con esta creación, Raúl Pérez, pone la proa en el emergente sector vinícola de la comarca berciana, cada vez más inquieto por desenvolverse en el mercado de la calidad. Es uno de los mejores exponentes de la revolución enológica que desde principios de siglo está convirtiendo al Bierzo en una Denominación de Origen pujante.

Enclave emblemático El proceso
 Mente abierta y cosmopolita.
Castro Ventosa, situada en las laderas soleadas de Valtuille, enclave emblemático del vino berciano, fue una de las pioneras en decidirse a embotellar con la etiqueta de la Denominación de Origen. Lo hizo mucho antes de que floreciesen las bodegas por toda la comarca, atraídas por el éxito que se le auguraba a la mencía a finales de los 90. Es el ejemplo de una industria familiar con tradición y estirpe que profetizó las exigencias de subirse a la ola de un modelo empresarial de bodega. La mentalidad abierta y cosmopolita de su enólogo y propietario, Raúl Pérez, ha sido fundamental.
 Recolección manual.
Los Pérez son de los que tienen claro que el vino se hace en los soleados viñedos de Valtuille. Miman la viña todo el año. Detrás de la elaboración hay una minuciosa labor de viticultura fundamental para cosechar el resultado final. Se vigila a pie de plantación para decidir el momento óptimo para emprender la vendimia. La recolección es manual, racimo a racimo, como lo hacían los antepasados de la familia Pérez. La solemnidad de todo este proceso tradicional se respira con nitidez en la propia mecánica de la bodega, donde la complicidad es parte de la esencia del éxito.
Bodegas - Mesa de Cata 466 LA ASUNCIÓN DE NUESTRA SEÑORA (RIBERA DEL DUERO)
Bodegas - Mesa de Cata 467 ENOTURISMO
Bodegas - Mesa de Cata 468 FINCA SOBREÑO (DO TORO)
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