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| LA BODEGA |
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| ZARZAVILLA (VT CASTILLA Y LEON) |
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| Uvas de la Ribera del Duero han servido para ver renacer la tradición
vinícola en Frómista, en pleno corazón del Camino de Santiago |
Palencia retoma su tradición
vitivinícola
F. LAZARO |
| Guia |
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ESPACIOS RURALES, S. L.
Año de fundación: 2001
Dirección: C/ Ribera del Duero, s/n. Bodegas
del Castillo. 34440 Frómista (Palencia)
Tel: 609 72 91 57
Fax: 979 81 08 59
E-mail: m_serrano@wanadoo.es
Propiedad: Sociedad Limitada
Presidente:
Carmelo Serrano González
Enólogo: ITAGRA
Producción: 3.000 botellas en las añadas 2001,
2002 y 2003 y 25.000 botellas en 2004
Barricas: 40 de roble francés y americano (al
50%)
Viñedo: 5 hectáreas
Variedades: Tempranillo
Marcas comerciales:
.ZARZAVILLA. Tinto 2001.
Botellas: 3.000.
Variedad: Tempranillo.
PVP: 7,20 Euros más IVA. |

Carmelo Serrano, el impulsor del proyecto,
en una de las cavas. |
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| La localidad palentina de Frómista,
en pleno corazón del camino de Santiago, llegó a cultivar hace tan
sólo unas décadas más de 1.500 hectáreas de viñedo y contaba nada
menos que con dos centenares de bodegas, algunas de ellas centenarias
y fiel reflejo del esplendor que la vitivinicultura tuvo en esta comarca,
así como su importancia económica. |
De aquel esplendor
pasado tan sólo quedan hoy vagos recuerdos, centrados en unas cinco
hectáreas de viña (que encima son de maduración tardía y cuya vendimia
no se logra en condiciones idóneas ninguna añada), y en unas cuantas
bodegas al borde del olvido y de la ruina.
Imagen de una de las naves de la bodega subterránea
del siglo XV en las que se cría el vino. / FOTOS: FL
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La
concentración parcelaria, que en este pueblo tuvo lugar en la decáda
de los setenta y ochenta, y la baja producción hizo que la vitivinicultura
desapareciera casi por completo en Frómista. Esta situación se ha mantenido
hasta la añada de 2001, cuando Carmelo Serrano se puso manos a la
obra y elaboró las primeras 3.000 botellas de un monovarietal de tempranillo
criado en barricas de roble francés y americano y que está comercializando
ahora.
Como aquí no hay uva, se acercaron a comprarla
hasta la vecina Ribera del Duero y, de paso, bautizó la calle en la
que se asienta la bodega con el nombre de esta denominación de origen.
Carmelo retomó de esta forma una tradición familiar (su
abuelo Alejo era botero y su padre mantuvo también la tradición de
elaborar vino) y aprovechó para ello la infraestructura familiar:
nada menos que un lagar levantado en el siglo XVIII y una bodega subterránea
del siglo XV, perfectamente saneada.
Esta bodega está excavada sobre un terreno elevado y sus paredes
están formadas por una arcilla tan dura como la piedra, logrando con
estas condiciones que tanto la humedad como la temperatura sean constantes
y la crianza de los vinos sea homogénea.
La bodega está compuesta por tres naves y sus bóvedas están
perfectamente taladas, y cada una de ellas cuenta con una chimenea
de ventilación que aquí se conocen como «saitín», palabra autóctona
de origen local que significa fondo de la tierra.
Junto a ella, el lagar, un edificio preindustrial de finales
del siglo XVIII, construido al mismo tiempo que la ejecución del ramal
norte del Canal de Castilla, capaz de producir las grandes cantidades
de vino que los obreros que construían el canal necesitaban.
El lagar, que conserva intacta su viga de madera de olmo de
12 metros, el usillo y la piedra de contrapeso, sirve ahora para embotellar
y etiquetar los vinos, todo ello de forma muy artesanal.
«La puesta en marcha de esta bodega es un proyecto muy romántico
», señala su promotor, Carmelo Serrano González, quien confía en que
esta iniciativa sea el embrión de un sólido proyecto de futuro en
torno al vino y a esta faceta que se ha puesto ahora tan de moda:
el enoturismo.
El proyecto persigue asentar la bodega y aunar el atractivo
y potencialidad del mundo del vino con la riqueza patrimonial de Frómista,
una villa que es un cruce de caminos en la que confluyen el del peregrino
que va a Santiago de Compostela; el camino del agua transportada por
el Canal de Castilla; y los caminos de hierro que traza el ferrocarril.
Además, Frómista, que hereda su nombre de la antigua Frumesta
o Fromesta, cuyo origen etimológico se encuentra probablemente en
la palabra latina frumentum, ‘trigo’, es conocida mundialmente por
la belleza de su iglesia de San Martín.
Argumentos, por tanto, no faltan a este atrevido proyecto impulsado
por Carmelo Serrano en el que, si bien se comenzó de forma un poco
romántica y con producciones muy pequeñas (unas 3.000 botellas en
las añadas de 2001, 2002 y 2003), la de 2004 ha supuesto un salto
importante en los niveles de producción, y han elaborado nada menos
que 30.000 kilos de uva que ha comprado, como en las anteriores cosechas,
en la Ribera del Duero y con las que elaboraran unas 25.000 botellas
de su monovarietal de tempranillo que se cría en barricas de roble
francés y americano al 50% durante unos doce meses, periodo que se
completa posteriormente con al menos otros seis meses en botella.
Esta iniciativa es, cuanto menos, quijotesca, ya que al traslado
de la uva hasta Frómista hay que añadir una elaboración completamente
artesanal, sistema que se repite en todo el proceso productivo: una
pequeña llenadora de botellas de donde pasa a una taponadora manual
y a una etiquetadora casi de juguete pero efectiva, colocando la etiqueta
y las contras perfectamente; la botella pasa de aquí a una capsuladora
manual, en la que se introducen las botellas de una en una y, en apenas
unos minutos, la botella está perfectamente vestida.
Zarzavilla es, por todo ello, un proyecto encomiable que entronca
directamente con la historia de un pueblo en el que el vino ocupó
una parcela importante en el pasado y cuya importancia puede empezar
a recuperar si surgen nuevas iniciativas en torno al vino y al enoturismo.
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