impresionante bodega
que han ido construyendo por fases, la última de las cuales se ha
rematado recientemente dando lugar a una zona social con un inmenso
salón y un comedor con capacidad para 150 personas y desde el que
la vista del horizonte constituye un ejercicio visual muy representativo
de esta comarca burgalesa, con sus leves ondulaciones y sus viñedos
en el horizonte.
La bodega está dotada de la tecnología más moderna que se
combina con prácticas naturales como la renovación diaria del aire
del interior y de
las barricas (disponen de un parque de más de 2.200 barricas de
roble francés y americano». La dirección técnica de la bodega corre
a cargo de una nueva generación de la familia Pérez, en este caso
de José Manuel Pérez Ovejas, hijo de Benjamín, quien se estrenó
nada menos que con la mítica cosecha del 89, una de las más grandes
que ha conocido la Ribera del Duero. Este buen estreno se ha plasmado
en los vinos que a partir de esa fecha ha ido comercializando la
bodega, con un corte actual y moderno pero respetando en parte el
clasicismo que tanto éxitos les ha deparado.
Para ello, la bodega desarrolla un excelente trabajo en las
más de 120 hectáreas de viñedo de las que dispone la bodega, cuya
edad media es de unos 32 años y en las que la producción media no
supera los 4.200 kilos por hectárea (lo que admite el Consejo Regulador
son 7.000 kilos). Esta edad media se ve ampliamente superada en
algunos pagos como el de Valtarreña, donde las cepas son sexagenarias
y producen alrededor de 1,5 kilos por cepa, lo que equivale más
o menos a una botella.
VINOS LONGEVOS.
Este trabajo en viña, unido a la meticulosidad de la
bodega y a la mano de José Manuel Pérez Ovejas, uno de los enólogos
más respetados de España, da lugar a una de las características
más importantes de la bodega: la longevidad de sus vinos, con maceraciones
que permitan una larga vida en botellas, junto con la complejidad
y finura de un tanino noble que logran a través de una maceración
ajustada.
José Manuel trabaja para que sus vinos mantengan el
espíritu de la Ribera pero con su propia personalidad y regularidad,
con vinos opulentos, estructurados y longevos. Y lo consigue tanto
en la gama de Viña Pedrosa, con vinos potentes y robustos, con carácter
y acidez, como en la de Pérez Pascuas, un vino de pago de calidad
contrastada y plenitud de matices con el que la familia quiere honrar
a Mauro, que plantó estas 7 hectáreas del pago de Valtarreña hace
62 años y que trasmitió a sus hijos su forma de entender el amor
al vino y el respeto a la naturaleza, lo que se ha convertido en
el sello de esta casa.
El remate de estos 25 primeros años de historia se puso el
pasado lunes con un acto multitudinario celebrado en el madrileño
Hotel Ritz para conmemorar estos primeros 25 años de historia y
que contó con la presencia de empresarios como Tomás Pascual, futbolistas
como Redondo o Santillana o científicos como Mariano Barbacid, quienes
arroparon a la familia Pérez Pascuas en esta celebración que también
contó con la presencia del presidente de la Junta, Juan Vicente
Herrera; la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre;
la vicepresidenta primera, María Jesús Ruiz; el director de la Estación
Enológica, Pascual Herrera, y, entre otros, periodistas como Carlos
Dávila o Antonio Roldán.
La también periodista María Pilar Molestina señaló en una
breve presentación que «la bodega de los hermanos Pérez Pascuas
se ha situado no sólo entre las grandes bodegas de la Ribera del
Duero, sino también en un pequeño puñado de las mejores bodegas
de toda España».
El presidente de la Junta de Castilla y León, Juan Vicente
Herrera, se mostró ante los presentes, entre los que se encontraban
los tres hermanos Pérez Pascuas, Manuel, Benjamín y Alonso, orgulloso
de su tierra y de sus gentes y señaló que son los mejores embajadores
«de una tierra que apuesta por la calidad». Además, el jefe del
Ejecutivo castellano y leonés alabó la calidad humana de la familia
que, de alguna manera, dijo, se ha plasmado en estos vinos.
| Exportación |
Viñedo |
Nuevos
mercados.
Los mercados exteriores se han convertido en uno de los principales
objetivos de esta bodega ribereña y el 40% de los vinos que
elaboran anualmente (en total una media de 400.000 botellas
por añada) llegan a más de 30 paises de todo el mundo. Para
lograr esta cifra es necesario cuidar la calidad del producto
desde el primer momento, lo que en esta casa se lleva a rajatabla,
aplicando desde severas podas en verde para limitar drásticamente
la producción hasta una importante selección de la uva antes
de llegar a bodega... Además, toda la uva que emplean para sus
vinos es propia, con lo que el control del proceso de elaboración
es global. |
Uvas autóctonas.
Los Pérez Pascuas son unos defensores acérrimos de la variedad
Tinta del país, que en estas tierras alcanza unas cotas de expresión
y personalidad únicas y que la han hecho famosa mundialmente.
Por ello, la bodega ha realizado una selección masal y ha respetado
el clon autóctono de la Ribera en sus plantaciones, situadas
en suelos con una orografía suave y a una altitud que varía
entre los 700 y 800 metros sobre el nivel del mar, lo que permite
que sus vinos tengan una personalidad perfectamente diferenciada,
además de una gran regularidad cosecha tras cosecha. |
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