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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| SIMANCAS (VALLADOLID) |
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| La presencia activa de un grupo de artistas detuvo el deterioro de Simancas y esa
vitola de conjunto histórico bien conservado lo singularizó entre los pueblos del
entorno de Valladolid, a la vez que se ha convertido en su reclamo más valioso |
| El castillo del Rey |
| ERNESTO ESCAPA |
| El collado de Simancas se distingue
por el perfil torreado de su castillo, que emerge poderoso por encima
de los parapetos que le van colocando delante. Hasta hace unos años,
el estorbo era la llamada residencia de investigadores, un chozo funcionarial
abocado al derribo. Ahora que desapareció aquel
pabellón innecesario, ... |
... un
mausoleo de piedra artificial ocupa la antesala del castillo, que
no se libra de las ocurrencias de los arquitectos desde que a mediados
del dieciséis albergara el archivo de la corona.
Menos mal que el paisaje se apiada del alcázar y un corrilo
de chopos disimula tales estorbos.
La localidad vallisoletana de Simancas fue el primer núcleo
del entorno de Valladolid con una conciencia clara del valor de su
recinto histórico, seguramente por influencia del archivo, foco de
atracción de investigadores, quienes en tiempos de más difícil movilidad
se aposentaban en el pueblo como buena parte de los funcionarios.
Esa vitola de hervidero cultural atrajo a los artistas, que
en los primeros tiempos se implicaron de forma muy directa en la vida
de la villa.
No sólo con encuentros y exposiciones o con la puesta en marcha
de alguna galería emblemática, sino con iniciativas comunitarias como
el templete con columnas de piedra que todavía permanece en la plaza.
El Pisuerga desde el mirador de Simancas.
/ FOTOS: ERNESTO ESCAPA
VIGIA DEL PISUERGA.
Simancas fue encrucijada de varias calzadas romanas y
vigía de la frontera del Pisuerga, cuya custodia se repartía con las
localidad de Cabezón y la también vallisoletana localidad de Trigueros.
Este protagonismo se mantuvo hasta que la vecina aldea que
entonces era Valladolid empezó a cobrar peso por impulso del conde
Ansúrez, que siempre fue un personaje con mucha mano en la corte.
Esta pujanza de la capital descabaló el equilibrio territorial y las
zonas de influencia de Cabezón y Simancas, que en unos años pasó a
la jurisdicción de Valladolid. Pero los simanquinos nunca se resignaron
a esta dependencia.
Por eso en las disputas nobiliarias con la corona la fortaleza
de Simancas siempre se alineó con los reyes. |
| Guia |
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COMO
LLEGAR
Simancas se encuentra en la autovía de Castilla, entre
Valladolid y Tordesillas.
DONDE COMER
Restaurante Casa del Arte (983
590002), Casa Curro (983 590 107),
Las Moradas de Simancas (983 591
974), El Archivo (983 590 114), Don
Aniceto (983 590 406), Las Tercias
(983 590 482), El Rincón del Tío Michel
(983 590 904) y El Mirador (983
590 229.
TURISMO RURAL
Posada Casa del Arte (983 590002),
Las Moradas de Simancas (983 591
974), Simancas (983 590 363), La
Abuela (983 590 375), y La Barca
(983 590 127). |
Rincón de la soledad. |
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A
raíz de la revuelta de 1465, instigada por el almirante de Castilla
y el arzobispo de Toledo, la fidelidad de Simancas fue premiada con
un triple privilegio: la independencia de Valladolid; la concesión
de la hidalguía colectiva a todos sus vecinos; y la exención de alcabalas
y otros impuestos. Diez años después el almirante de Castilla levantó
la fortaleza, haciendo ostentación de un señorío más que discutido
sobre Simancas.
De aquella primitiva pero emblemática construcción todavía
se conserva la capilla gótica, adornada con la policromía de sus bóvedas
y con los escudos de los Enríquez.
Es lo único que han respetado al cabo de los siglos
las sucesivas reformas.
Isabel la Católica se cobró en 1480 las veleidades del
almirante, incorporando el castillo a la corona. Luego se convirtió
en presidio durante medio siglo.
Aquí estuvieron encarcelados los jefes comuneros que
no perdieron la cabeza en Villalar. Pedro Maldonado, que aplazó su
decapitación hasta agosto de 1522, acudió al patíbulo como quien va
a una fiesta, de manera que sus galas resucitaron la admiración de
la gente.
Vestido para la muerte con calzas de terciopelo, gorro de plumas
y tudescos de lana blanca. También estuvo encerrado el obispo zamorano
Antonio Acuña, que agotaría sus días en 1526, después de haber dado
muerte al alcaide de la fortaleza. Fue ajusticiado en el mismo castillo
y su cuerpo colgado del cubo del obispo.
Pero las mazmorras de Simancas no sólo encerraron a los comuneros
vencidos. También pasó años cautivo entre sus muros un mariscal de
Navarra, que fue quitado de en medio de manera oscura.
Y el vicecanciller de Aragón, preso por el rey Fernando el
Católico, quien le reprochaba que no le había servido con lealtad
en las Cortes de aquel reino.
Pero la gente contaba una historia bien distinta: sus amores
con la reina Germana, de cuya afrenta quiso vengarse de manera tan
poco caballerosa su católica majestad. Muerto Fernando, enseguida
el cardenal Cisneros, que estaba en el secreto, soltó al pícaro aragonés.
Estas regias ferocidades se extendieron hasta tiempos de Felipe
II, quien mandó encerrar en este presidio a un embajador flamenco
que enceló las pretensiones de su hijo el príncipe Carlos. El rey
prudente acabó por las bravas con ambos.
MERMA DE DOCUMENTOS.
El archivo se instaló en el castillo en 1563 y estuvo
recibiendo documentación hasta el siglo dieciocho. Luego vendrían
las menguas con el trasvase de los papeles de Indias a Sevilla, los
de Aragón a Barcelona y los de Inquisición a Madrid.
Su trance más negro fue el despojo napoleónico, parcialmente
repuesto por Petain. Desde el collado del castillo el caserío se despliega
por la pendiente hacia el remanso del río. La iglesia conserva embutida
en su cuerpo gótico la base de la torre románica. El atrio al que
mira la portada es uno de los pocos recintos despejados de Simancas.
De camino hacia el mirador del río, un notable edificio consistorial
preside la estancia de la plaza, que tiene en su centro un precario
monumento al arado y cerrando espacios el templete con columnas de
piedra instalado por los artistas a comienzos de los setenta.
El mirador se abre sobre el apogeo forestal de las vegas del
Pisuerga y del Duero, que caminan hacia su encuentro. Sobre el río
inmediato se abren los diecisiete ojos del puente que ya cruzaron
los romanos. Aguas arriba asoma el vuelo suspendido del nuevo puente
en obras. |
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