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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| BALTANAS (PALENCIA) |
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| Los dos barrios históricos
de Baltanás, el del Castillo y el del Arrabal, confluyen en
el recinto vegetal de La Carolina, un parque que muestra la mejor
cara de la villa actual. La capital del Cerrato conserva buena arquitectura
civil y un singular trazado medieval |
| Corazón del Cerrato |
| ERNESTO ESCAPA |
| Baltanás esconde en el jeroglífico
de la toponimia su pertenencia a un remoto repoblador llamado Atanasio.
Un documento hallado en el archivo de San Isidro de Dueñas despeja
otras derivas erráticas pero más sugestivas. Su caserío histórico
se acuna en dos barrios asomados desde su
pendiente al paso sosegado
del arroyo Fuentelacasa, ... |
... que cruza por el centro del pueblo
y fertiliza el recinto vegetal de la Carolina.
Los blasones desperdigados por sus calles, tanto en el
barrio del castillo como en el del Arrabal, remiten a un pasado dependiente
de la Orden de Santiago y del señorío de los Zúñiga.
Aunque Baltanás salió malparado del apoyo a la
causa de la Beltraneja en su litigio sucesorio con Isabel la Católica.
Aquella pugna dejó en el pueblo la huella de un
saqueo inclemente pero no acabó con sus momentos de prosperidad. Después
de aquel hachazo medieval la villa conocería mejores tiempos a lo largo de los
siglos diecisiete y dieciocho, cuyas
construcciones ennoblecen sobre
todo la pendiente del antiguo arrabal,
entre las rondas y el alto de Revilla.
Parque de la Carolina, en la localidad
palentina de Baltanás. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
EL BARRIO MEDIEVAL.
Erguida sobre la ladera del cerro del castillo, la iglesia
de San Millán es uno de esos templos imponentes del dieciséis castellano
que desafían al horizonte con el faro de su torre.
Construida con la caliza blanquecina del Cerrato, preside uno
de los flancos del pueblo, el que prolonga la pendiente de las bodegas,
donde antes estuvo el castillo.
La tradición oral sugiere que los muros de la fortaleza
fueron derruidos para alzar el cuerpo generoso de la iglesia de San
Millán, pero en el mismo montículo las bodegas más antiguas exhiben
fachadas de buena cantería.
Nunca fue un bien escaso la piedra en el Cerrato. Más allá
de estas especulaciones sobre el origen de sus piedras, la iglesia
de Baltanás es un templo monumental que esconde en su interior, de
tres naves, un notable tesoro artístico.
Una sillería neoclásica, un órgano barroco y un retablo
mayor ilustrado con buenos lienzos dedicados a la vida de San Millán.
Sin embargo, lo más llamativo del conjunto es el frente del coro,
decorado con ricos adornos platerescos como el sombrero del púlpito. |
| Guia |
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COMO
LLEGAR
A Baltanás se accede desde Magaz por la CL-619 y a través de
las comarcales que confluyen el Cerrato.
DONDE COMER
En Baltanás, Lobato (979 790 141). En Tariego, Mesón Reyes Godos
(979 772 611), La Cueva (979 772 718), Mesón del Cerrato (979
771 853) y El Ermitaño (979 771 695). En Cevico Navero, se ofrece
la singularidad del Mesón los Torreros (979 797 472),
abierto sólo los fines de semana.
TURISMO RURAL
En Reinoso de Cerrato, Casa del Escultor (979 741 539). En Dueñas,
Las Calzadas (620 925 520). En Valoria la Buena, Centro Rural
Antonio Gaona (983 502 129). |
Espadaña de la ermita de Revilla. |
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El
barrio del castillo, que culmina en las bodegas, se derrama desde
la iglesia a través de una trama encantadora de calles trenzadas y
sinuosas.
Lo que fue la ronda de la antigua puebla medieval
discurre por las calles Sol, Rondas, Cavas y Pedro Cabezudo abrazando
el núcleo primitivo a la ladera del cotarro.
La iglesia apenas regala otra perspectiva diáfana
que el desahogo del atrio. Por eso resulta muy recomendable bordearla
para apreciar, desde el mirador de las bodegas más bajas, el enhiesto
surtidor de su torre.
Aledaña a la iglesia estuvo la cilla eclesiástica
y, en la calle de su nombre, un antiguo hospital. La enramada de calles
que parten a un lado y otro de la subida a la iglesia ofrecen al visitante
en su paseo múltiples rincones con encanto y sorpresas insospechadas.
Baltanás resulta en ese sentido un pueblo que guarda
mucho más de lo que pregona con su aspecto de centro comarcal urbanizado.
Aunque la plaza Mayor ha quedado hecha un adefesio
sin paliativos. El edificio del Ayuntamiento es un auténtico espanto
que hace imposible cualquier posible arreglo del conjunto. Se hizo
a principios de los ochenta y malogró para siempre un recinto acorde
con la talla histórica de Baltanás.
El destrozo es para verlo. Una fuente dedicada
a las mujeres baltanasiegas refresca el sofoco del espectador, que
seguirá estupefacto durante un buen rato. El edificio consistorial
que se derribó tenía en su fachada dos escudos con las armas del apellido
Baltanás, pero también los arrastró la demolición. En la cima de la
plaza asoma la nobleza del antiguo pósito, destinado a casa de cultura.
EL PLEITO DE LA ALAMEDA.
Desde la plaza, la calle Mayor se prolonga en la
del Tinte, que al otro lado de la plaza de los Olmos enlaza con la
de San Francisco, donde están los restos del convento extramuros.
En la desamortización la huerta pasó a unas manos y los edificios
fueron destinados primero a cárcel del partido, luego a silo y después
vivienda.
Así que se ve un balcón tendido entre dos contrafuertes o las
ventanas domésticas rasgadas en el muro conventual. La plaza de los
Olmos fue una alameda que los frailes plantaron con ochenta árboles
traídos de Villaconancio y de Valle de Cerrato.
Pero a fines del diecisiete, cuando los árboles ya servían
para hacer con ellos buenas vigas de lagar, hubo un ruinoso pleito
entre la comunidad y el concejo. Los frailes argumentaban que su fundador
había dado al pueblo el cerro del castillo, donde los vecinos tenían
sus bodegas, a cambio de la alameda. Pero entretanto se fue liquidando
la arboleda. Así que en la hora de la exclaustración había amasada
mucha inquina.
La calle de los Olmos conduce hasta la carretera de Aranda,
en cuya esquina se encuentra el palacio de los Calvo que la gente
conoce como el Cuartel Viejo o la casa de los inquisidores, bien adornado
de escudos y habilitado como vivienda.
Al otro lado de la carretera, que esconde con su peralte
media planta baja del palacio, se encuentra un conjunto muy atractivo
de arquitectura doméstica e industrial del diecinueve. La ermita de
Nuestra Señora de Revilla corona el barrio del Arrabal. Tiene la singularidad
de contar con dos espadañas, una en la cabecera y otra a los pies.
A raíz de un robo perpetrado durante las fiestas de 1981 el grupo
de la Huida a Egipto perdió a San José con la borriquilla, quedando
sola la Virgen con el Niño.
El descenso por la calle de la Virgen guarda la última
sorpresa monumental de Baltanás. Una fachada barroca recargada de
escudos, que fue Hospital de Santo Tomás de Villanueva y luego colegio,
cobija un patio con columnas de dos cuerpos. El parque de la Carolina
constituye un oasis entre los dos barrios históricos.
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