En el Museo del Prado hay un lienzo de Zurbarán
que recrea la leyenda de Santa Casilda, una princesa toledana hija
del rey Almamún que aliviaba la desventura de los presos cristianos
llevándoles alimento en secreto.
Cuando un día fatal el guardián descubre a la muchacha
rubia pasando víveres de tapadillo, se produce el milagro y los
alimentos guardados en su falda se convierten en flores.
Poco después, cayó enferma y avisada por uno de los
prisioneros de que en su tierra había unos lagos de aguas milagrosas
acudió hasta estos riscos de La Bureba, donde una vez curada y bautizada
se dedicó a la vida eremítica. Cuando la fama salutífera de las
aguas se unió a la de la exótica santa bereber, las peregrinaciones
fueron en aumento.
Los lagos siguen ahí, en medio de un paisaje fastuoso. Son
los llamados pozo blanco y pozo negro de San Vicente, que brotan
al pie del risco del santuario, en medio de una arboleda preparada
para el ocio y las meriendas.
Pero hay un elemento lúdico singular que acompaña a
la celebración de la santa: la Tabera. ¿De qué se trata? Tradicionalmente,
el voto de Briviesca de honrar a la santa se cumplía con una procesión
de rogativa que recorría el camino hasta el santuario encabezaba
por once clérigos y todas las autoridades en pleno.
Una vez allí, después de los oficios religiosos y de
la comida, se lanzaba el huesecillo del corvejón del cordero haciendo
apuestas de dinero, que se saldaban en función de cómo cayera.
Tiene cuatro posturas: dos de pie (carne y culo) y
dos tumbada (penca o bodil). Si sale carne, gana la mano. Si es
culo, se lo llevan los que apuestan contra el tirador. Cuando cae
tumbada, no gana nadie. El juego se fue extendiendo hasta mover
cifras millonarias.
UN SANTUARIO DEL XVI.
Lo que el viajero atisba colgado sobre el precipicio
es el santuario construido en el siglo XVI, quinientos años después
del arrebato de la princesa rubia. Seguramente el tirón de su legendaria
belleza hizo que el sepulcro de Santa Casilda que se guarda en su
interior fuera realizado por el maestro Diego de Siloé.
Todo un lujo renacentista. De otro orden estético bien
distinto es el museo de ex-votos, pero resulta muy expresivo de
la religiosidad más popular.
La bajada hasta la Cueva de San Vicente
es otro punto de interés no sólo devocional. También paisajístico.
El santuario está a nueve kilómetros de Briviesca y la subida ofrece
preciosas panorámicas sobre la lontananza de La Bureba y sobre el
ahondado vallejo de la Fuente Blanca.
Su fiesta se celebra con una concurrida romería, en
la que además del juego de las tabas menudean las encomiendas a
la santa de cuitas en cuya solución se ha acreditado como especialista.
Problemas de esterilidad y enfermedades femeninas.
También en enredos amorosos. Un hermoso libro del escritor y filósofo
Luis Martín Santos, titulado El combate de Santa Casilda, homenajea
la significación comarcal y cívica de esta concentración romera
en torno a aquella rubia santa musulmana.
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| GUIA |
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COMO LLEGAR
Saliendo de Briviesca por la CL-632,
en dirección a Oña, se toma a 2 km. el
desvío a la izquierda hacia Revillalcón,
Buezo y Salinillas de Bureba. |
DURACION
Si se limita a subir y bajar por la senda
de la ladera, en torno a media hora
de camino. Si se hace el regreso por
la carretera, hay que añadir una hora
de paseo.
COMER
En Santa Casilda, el restaurante del
santuario (947 590 152) está bien y
ofrece el complemento de unas vistas
impagables. En Briviesca, ya se
sabe: «el que no caza, pesca». No
olvidarse de las famosas almendras
garrapiñadas y de probar el postre del
abuelo, queso fresco, nueces y miel y
se digiere con un vaso de chacolí burebano.
Restaurante el Concejo, en la
plaza Mayor (947 591 686) es un clásico
recomendable. Lagaresma (947
590 751) es más asequible
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PUNTO DE PARTIDA
A los pies del santuario hay una zona recreativa muy
cuidada, que protege los pozos del milagro. De aquí parte la
senda que zigzaguea por la pendiente y sube a la cima del risco.
TIPO DE CAMINO
La senda está limpia y en su recorrido
regala preciosas vistas. Su leve
pendiente no supone una dificultad
apreciable. Los más decididos vuelven
al lugar de partida siguiendo la
carretera que enlaza la arboleda de
los lagos con el santuario. Supone andar
un par de kilómetros más. |
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| Senda hacia los pozos. |
Santuario de Santa Casilda. |
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| Bajada a la cueva. |
Pozo de San Vicente. |
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