Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
  SANTA CASILDA (BURGOS)  
  Un risco poderoso realza el santuario de la patrona de La Bureba. A sus pies, los lagos milagrosos que guardan la leyenda de una rubia princesa musulmana
 La princesa de las rosas
ERNESTO ESCAPA
 

  
   En el Museo del Prado hay un lienzo de Zurbarán que recrea la leyenda de Santa Casilda, una princesa toledana hija del rey Almamún que aliviaba la desventura de los presos cristianos llevándoles alimento en secreto.
   Cuando un día fatal el guardián descubre a la muchacha rubia pasando víveres de tapadillo, se produce el milagro y los alimentos guardados en su falda se convierten en flores.
   Poco después, cayó enferma y avisada por uno de los prisioneros de que en su tierra había unos lagos de aguas milagrosas acudió hasta estos riscos de La Bureba, donde una vez curada y bautizada se dedicó a la vida eremítica. Cuando la fama salutífera de las aguas se unió a la de la exótica santa bereber, las peregrinaciones fueron en aumento.
  Los lagos siguen ahí, en medio de un paisaje fastuoso. Son los llamados pozo blanco y pozo negro de San Vicente, que brotan al pie del risco del santuario, en medio de una arboleda preparada para el ocio y las meriendas.
   Pero hay un elemento lúdico singular que acompaña a la celebración de la santa: la Tabera. ¿De qué se trata? Tradicionalmente, el voto de Briviesca de honrar a la santa se cumplía con una procesión de rogativa que recorría el camino hasta el santuario encabezaba por once clérigos y todas las autoridades en pleno.
   Una vez allí, después de los oficios religiosos y de la comida, se lanzaba el huesecillo del corvejón del cordero haciendo apuestas de dinero, que se saldaban en función de cómo cayera.
   Tiene cuatro posturas: dos de pie (carne y culo) y dos tumbada (penca o bodil). Si sale carne, gana la mano. Si es culo, se lo llevan los que apuestan contra el tirador. Cuando cae tumbada, no gana nadie. El juego se fue extendiendo hasta mover cifras millonarias.
   UN SANTUARIO DEL XVI.

    Lo que el viajero atisba colgado sobre el precipicio es el santuario construido en el siglo XVI, quinientos años después del arrebato de la princesa rubia. Seguramente el tirón de su legendaria belleza hizo que el sepulcro de Santa Casilda que se guarda en su interior fuera realizado por el maestro Diego de Siloé.
   Todo un lujo renacentista. De otro orden estético bien distinto es el museo de ex-votos, pero resulta muy expresivo de la religiosidad más popular.
    La bajada hasta la Cueva de San Vicente es otro punto de interés no sólo devocional. También paisajístico. El santuario está a nueve kilómetros de Briviesca y la subida ofrece preciosas panorámicas sobre la lontananza de La Bureba y sobre el ahondado vallejo de la Fuente Blanca.
   Su fiesta se celebra con una concurrida romería, en la que además del juego de las tabas menudean las encomiendas a la santa de cuitas en cuya solución se ha acreditado como especialista.
   Problemas de esterilidad y enfermedades femeninas. También en enredos amorosos. Un hermoso libro del escritor y filósofo Luis Martín Santos, titulado El combate de Santa Casilda, homenajea la significación comarcal y cívica de esta concentración romera en torno a aquella rubia santa musulmana.

GUIA  
COMO LLEGAR
Saliendo de Briviesca por la CL-632, en dirección a Oña, se toma a 2 km. el desvío a la izquierda hacia Revillalcón, Buezo y Salinillas de Bureba.

DURACION
Si se limita a subir y bajar por la senda de la ladera, en torno a media hora de camino. Si se hace el regreso por la carretera, hay que añadir una hora de paseo.
COMER
En Santa Casilda, el restaurante del santuario (947 590 152) está bien y ofrece el complemento de unas vistas impagables. En Briviesca, ya se sabe: «el que no caza, pesca». No olvidarse de las famosas almendras garrapiñadas y de probar el postre del abuelo, queso fresco, nueces y miel y se digiere con un vaso de chacolí burebano. Restaurante el Concejo, en la plaza Mayor (947 591 686) es un clásico recomendable. Lagaresma (947 590 751) es más asequible

PUNTO DE PARTIDA
A los pies del santuario hay una zona recreativa muy cuidada, que protege los pozos del milagro. De aquí parte la senda que zigzaguea por la pendiente y sube a la cima del risco.
TIPO DE CAMINO
La senda está limpia y en su recorrido regala preciosas vistas. Su leve pendiente no supone una dificultad apreciable. Los más decididos vuelven al lugar de partida siguiendo la carretera que enlaza la arboleda de los lagos con el santuario. Supone andar un par de kilómetros más.
 Senda hacia los pozos. Santuario de Santa Casilda.
Bajada a la cueva. Pozo de San Vicente.
     


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