Castilla y León
LAPOSADANET.com







  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 SANTA GADEA DEL CID (BURGOS)  
 Su muralla, que adorna desde los cerros una ermita románica y los vestigios del castillo, apenas permite presagiar la belleza escondida en su laberinto de calles angostas y rincones singulares. Un encanto que resume la preciosa plaza porticadas
 La aduana de los judíos
ERNESTO ESCAPA
 No hay nada tan eficaz para comprobar lo tornadizos que resultan los asuntos del gusto como desempolvar a los clásicos de hace cien o doscientos años. En ese sentido, picotear el Viaje de Antonio Ponz resulta un estupendo ejercicio cervical porque obliga a levantar la vista a menudo para cerciorarnos de que lo leído no es ...
   ... fruto del delirio. Ese tobogán estético explica mudanzas como el habitual trueque de primorosas tablas flamencas por agobiantes retablos barrocos y así sucesivamente. La rueda no para, de manera que otros vendrán que con nuestros artificios temblarán.
   En esta ocasión la curiosidad me llevó hasta el impagable Diccionario de Madoz con el ánimo de descubrir por qué Santa Gadea ostenta el apellido del Cid. No está en el territorio de su genealogía ni en el escenario principal de sus andanzas y en la Edad Media se apellidaba de Término, lo cual tiene sentido por su ubicación en los confines de Castilla con Navarra. Madoz no sació esta intriga pero me sumió en una nueva perplejidad.
   En la entrada de Santa Gadea apunta que «tiene de 120 a 130 casas de mal gusto que forman varias calles estrechas y lóbregas». Semejante cosa aplicada a una de las villas que podrían competir con ventaja para situarse entre la media docena de pueblos más hermosos y admirables de Castilla y León.

Torre del homenaje y restos del castillo de Santa Gadea del Cid (Burgos). / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
   ATMOSFERA MEDIEVAL.

  Pero no es el único desvarío con Santa Gadea. En los amenes de su delicioso breviario burgalés titulado La Cabeza de Castilla, Azorín encaja el reproche de un abogado campurriano que desde Reinosa le afea el olvido «de una villa amurallada íntegramente, como Ávila», que es Santa Gadea del Cid.
  Y como buen penitente, supone que en tal villa «por el nombre, por el sobrenombre, debe tener varia y profunda resonancia la memoria del Cid». No es el caso.
   El apósito cidiano corresponde al siglo diecinueve, para evitar la confusión con la otra Santa Gadea del alfoz de Burgos. Según el sabio Cadiñanos Bardeci, la identidad de la santa a quien estaban dedicadas las iglesias juraderas de Santa Gadea y de Burgos sirvió de vínculo para poner el apellido del héroe castellano a este pueblo.
  Guia  
 COMO LLEGAR
Santa Gadea del Cid se encuentra en la carretera CL-625, que comunica Pancorbo con Bilbao por el Puerto de Orduña.
  DONDE COMER
En Ameyugo, en el restaurante Monumento al Pastor (947 344 355). En Pancorbo, en El Molino, (947 354 050), en El Desfiladero (947 354 027, en Pancorbo (947 354 000), Poli (947 344 320) y en Verónica (947 354 037).
  TURISMO RURAL
En Santa Gadea del Cid, la Quinta Término (628 548 869). En Pancorbo, El Ferial (947 354 202).

Ermita románica de las Eras.
   Los archivos demuestran que Santa Gadea pasó de los condes castellanos a la corona y después de una efímera pertenencia al señor de Vizcaya volvió a los reyes, que con su legado pagaron deudas y favores.
   El lugar se convirtió en tenencia muy preciada porque allí se cobraba el portazgo de todo lo que cruzaba el Ebro por Puentelarrá hacia Vizcaya. Sus señores aplicaban alcabalas, martiniegas y ponían escribano.
   Además, la villa contaba con una pujante judería. De hecho, todavía hoy los pueblos vecinos llaman a los de Santa Gadea «judíos». Cuando en Miranda arreciaron las persecuciones y matanzas, Santa Gadea siguió siendo una villa acogedora y tolerante.
   El mismo Azorín descubre en viejos legajos la presencia en la villa de odreros, que exportan sus botillos y odrinas a La Rioja; de un herbolario con espliego de los montes Obarenes; y de un chapucero diestro en aguzar rejas.
   Santa Gadea es Conjunto Histórico desde 1973 y atesora monumentos singulares, pero el mayor atractivo para el visitante reside en su atmósfera.
   Y esa sensación la crean el laberinto de sus calles, el entramado de las casas de su plaza porticada y el encanto de los rincones repartidos por todas las latitudes del pueblo. Aunque su silueta tiene perfiles bien llamativos para el viajero que la visita.
   A la izquierda de la carretera, al otro lado del arroyo de los Corrales, la ermita románica de Nuestra Señora de las Eras, peraltada sobre huertas de frutales. Es un templo de finales del doce con una portada de arquillos lobulados y otra más sobria, una espadaña muy sencilla y varias ventanas ricamente decoradas.
  Pero además de la belleza de la ermita, su emplazamiento ofrece una primera imagen exterior de Santa Gadea: el cíngulo de murallas con sus dos puertas; el dédalo de calles apretadas; la torre de la iglesia, de inequívoco aire defensivo; y coronando el otro cerro, los restos bien consolidados de su castillo.
  ESCONDITE NAZI.

  La visita a Santa Gadea no puede olvidar la iglesia de San Pedro que preside la plaza ni sus puertas de acceso y tampoco los restos de la fortaleza.
  Frente a la puerta del norte, que es la que se encuentra al bajar de la ermita, una elegante puentecilla de lajas abre el paso sobre el arroyo hacia las huertas.
  El recinto de la plaza es uno de los más hermosos de una Comunidad como la nuestra, que tiene abundante repertorio de plazas monumentales. Acaso ninguna tan equilibrada como esta.
  De su rompeolas parten las calles largas y angostas que tejen el caserío de la villa. En el centro de la plaza alumbran las ojivas de la iglesia, que guarda en su interior un retablo renacentista magnífico. Son calles y encrucijadas para pasear con sosiego.
  Los restos del castillo asoman hacia el norte de la plaza, encaramados sobre un leve cerro. Queda un trozo de lienzo con un cubo y la torre cuadrada del homenaje, que ocupaba el centro del patio de armas. Una escalerilla facilita el acceso a la planta alta, que se cubre con una bóveda gótica.
  Carretera adelante hacia el Ebro se encuentra el monasterio de Nuestra Señora del Espino, que ocupan los Redentoristas. Tanto la iglesia, cuyo poderoso ábside es la proa del conjunto, como el claustro componen un conjunto gótico de mérito.
  Entre sus paredes se refugió el nazi francés Pierre Laval al caer el gobierno hitleriano de Vichy. Había escapado a la ciudad de Barcelona y sus cómplices españoles le encontraron aquí este escondite seguro.
  La exigencia de su entrega inmediata por parte de los americanos no hizo dudar ni un instante a Franco. Así que los frailes se quedaron sin los delirios de su huésped más sangriento.

La plaza de los mercaderes Median del Campo (Valladolid) La fiesta del chivo Valporquero (León)
La villa de oriente Ágreda (Soria) La muda del bosque Foncastín (Valladolid)
El castillo de la promesa Almenar (Soria) La cueva de Peñacorada Cistierna (León)
Archivo Rutas  
       
2003© laposadanet.com Edita: EDICAL S.A.- Av. de Burgos 33 47012 VALLADOLID - Teléfono 983 421700
Contacto