Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 VILLACASTIN (SEGOVIA)  
 Una iglesia de porte catedralicio es el reclamo de esta antigua encrucijada de caminos, que todavía acusa el rapto de viajeros por parte de la autopista. Cerró el parador pero conserva intacto su encanto de noble pueblo castellano
 La catedral de la sierra
ERNESTO ESCAPA
 Un paisaje unamuniano de encinas y berruecos, por el que don Miguel atempera su ánimo antes de enfrentarse a la rotundidad del Escorial, preside el entorno de Villacastín. Moles de granito esparcidas por el secarral que no llegan a alcanzar la gracia de las piedras caballeras, unas formaciones berroqueñas que estimulan ...
  ... la imaginación de quien las mira, como el perfil humanizado de la sierra.
  El desvío del tráfico masivo por los túneles de la autopista ha dejado desolada la travesía de Villacastín, convertida en un paisaje descascarillado, poblado de derrumbes y abandono. Sólo la silueta enhiesta de su iglesia catedralicia muestra que también hay vida después del traslado del tráfico rodado.
   A Villacastín se llega de paso. Viniendo desde la sierra por el cerro del Caloco, que se popularizó con el rodaje de la película Marcelino Pan y Vino, la bajada hacia el pueblo deja a su izquierda un torreón que parece del telégrafo y desemboca en la rotonda del antiguo parador de turismo, echado a perder con la mudanza de los coches.
  En todo caso, el vestigio de esta torreta desmochada no hace justicia a la llamada por algunos «villa de los castillos». Nada menos que cuatro compiten en su escudo. Otra versión toponímica apunta a la quinta de recreo de un general romano llamado Castín. No se precisa si como nombre propio o diminutivo.

Ayuntamiento en la plaza Mayor del municipio segoviano de Villacastín. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
   EL PARADOR CLAUSURADO

  El parador se instaló en el vistoso palacio del conde de Campo Alanje y levantó el vuelo a poco de desviarse el tráfico por la autopista.
  Lo lamentable es cómo han dejado el palacio los de paradores con su retirada.
  Aunque no fue esta la única mengua de Villacastín con el negociado de los paradores de turismo. Para enjoyar el primero que se hizo en Navarredonda de Gredos, donde descansaba en las cacerías Alfonso XIII con su corte de escopeteros, se llevaron de Villacastín una portada gótica que en el pueblo nadie parece echar en falta y que tampoco luce como debiera en aquella arquitectura alpina.
   Un cartel situado en la rotonda trata de amortiguar la pésima impresión de los visitantes a la vista del palacio desguazado.
   Pero no es el único roto de esta travesía. Al otro lado de la carretera, afeando
  Guia  
 COMO LLEGAR
Villacastín se encuentra en la N-VI que comunica Madrid y La Coruña. También se accede desde la autopista A-6, tomando la salida del peaje más cercano al túnel de Guadarrama. Desde Segovia y Ávila por la N-110.
  DONDE COMER
Buenos Aires II (921 182 307), Marino (921 107 178), Las Chimeneas (921 198 640), Tejadilla (921 198 490) y El Abuelo (921 107 488).
  TURISMO RURAL
En Villacastín, La Bodega (657 064 255), Tío Pilatos (651 992 753), Estacio (921 198 698) y Alpau (659 484 290). En Gudillos, Los Labradores (921 171 333).

Rincón mudéjar.
   el entorno de la iglesia, se alza la ruina clamorosa de otro ventorro abandonado.
  Precisamente desde la rotonda del parador se aprecia la silueta modulada del templo a partir del ábside, una imagen desprovista de la estatura que ofrece la iglesia vista desde la encrucijada con la carretera de Ávila a Segovia.
  ENTRAÑA GOTICA

   La iglesia de San Sebastián de Villacastín es herreriana en su apariencia exterior y guarda las filigranas góticas para sus adentros.
   El empaque de sus muros adustos y desnudos se debe a la actuación del monje fray Antonio de Villacastín, declarado patrono de los aparejadores por su labor en El Escorial, donde llevó el control de la obra desde la primera piedra hasta la última teja.
   El templo se inició en 1529 con trazas de Rodrigo Gil de Hontañón. Su interior se articula en tres naves separadas por columnas muy espigadas.
   Las bóvedas muestran un dibujo cuyo entrelazado se aprecia perfectamente levantando la vista. Una reja da paso a la capilla funeraria de los Mexía Tovar, que exhibe diferentes motivos demoníacos y medallones platerescos.
   Los escudos familiares se repiten en una casona del pueblo construida en ladrillo. El recinto se enriquece con un magnífico retablo neoclásico repleto de tallas e imágenes.
   Todo el espacio interior del templo de San Sebastián confluye en el retablo mayor, de fines del dieciséis. Tiene forma de tríptico no muy abierto y luce buena pintura de Alonso Herrera y más de una treintena de imágenes esculpidas.
   El recorrido por el interior de la iglesia encuentra frecuentes reclamos de nuestra atención: el púlpito y los retablos laterales, un vistoso órgano barroco y la decoración de las bóvedas que ilumina el sol de la tarde. Las portadas del templo están dedicadas a la Asunción y a San Sebastián.
  Junto al ábside un monolito de piedra sostiene el vuelo audaz de la cigüeña, prendida a uno de los pocos monumentos con los que cuenta esta ave.
  Sin duda, se hizo antes de que la especie proliferara hasta convertir su presencia en algunos lugares en casi agobiante.
  Las calles de Villacastín guardan una apariencia humilde aunque en su recorrido no faltan los palacios, varias notables ermitas y un monasterio dedicado a Nuestra Señora de los Ángeles.
   En la plaza de los Caños, agobiada de apósitos comerciales, se distingue la casa del Conde de Albarreal, que cobija su portada dentro de un airoso alfiz. Los caños de la fuente que da nombre a la plaza aparecen en el centro y surtiendo de agua a la concurrencia.
  Casi frontera con la plaza de los Caños está la del Ayuntamiento, cuyos arcos menguantes adaptados a la pendiente ennoblecen uno de sus lados. El edificio consistorial anda estos días de remate de obras que casi han encalado su escudo de 1627.
  Se ve junto a la puerta proclamando la fecha de exención de Villacastín del señorío de Segovia. Era aquella una temporada de apuros económicos para la corona, después de las costosas aventuras imperiales, y Felipe IV decidió hacer caja concediendo el título de villa a la antigua aldea.
  En la misma plaza la casona de los Pérez de la Concha corona con su escudo la fachada.
  El callejeo por Villacastín orienta sus pasos hacia el rumbo de las diferentes ermitas que protegen su rosa de los vientos. La del Carrascal hace justicia a su nombre y se eleva sobre un peñasco.
  Es la más hermosa y hasta su emplazamiento se llega por camino arbolado. La de la Caridad, barroca. Y quedan la del Cristo del Valle, la pasional de la Vera Cruz y la de los Esclavos. No es mala ronda para apurar los encantos de la villa.

La plaza de los mercaderes Median del Campo (Valladolid) La fiesta del chivo Valporquero (León)
La villa de oriente Ágreda (Soria) La muda del bosque Foncastín (Valladolid)
El castillo de la promesa Almenar (Soria) La cueva de Peñacorada Cistierna (León)
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