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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| JIMENEZ DE JAMUZ (LEON) |
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| En medio de la prosperidad de
este pueblo que ha duplicado su población transita la sombra
de Gaudí, que incorporó a su arquitectura el barro de
estos alfares, y los personajes de una novela sobre el protestantismo
rural premiada con el Nadal |
| Los alfareros de Gaudí |
| ERNESTO ESCAPA |
| Una de las plazas de Jiménez
de Jamuz, que es pueblo de traza compleja y hasta podría decirse que
enrevesada, todavía conserva parte de uno de los conjuntos escultóricos
que cada primavera modelan sus vecinos para celebrar ‘el mayo’. En
otros lugares la tradición se mantiene izando un árbol o colgando
un pelele o un judas bien ... |
... alto. Lo que queda en la moderna
plaza del parque, donde está
el consultorio, es poco más que la
leyenda del leñador, cuya figura se
llevó el verano.
Hace una veintena larga de años
los vecinos de Jiménez de Jamuz
Cotarro de las bodegas situado a las afueras
del término municipal. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
rescataron la celebración de los mayos incorporando
grupos escultóricos con los que se homenajeaba a los antiguos oficios
o a personajes prendidos de la nostalgia.
El herrero, el afilador, el alfarero, el remendón, el vendimiador,
la vendedora de paja y tantos otros tipos de la memoria colectiva
se fueron incorporando a una muestra callejera que cada obliga aguzar
el ingenio, porque no vale repetirse. Cada escultura se acompaña
con un cartel explicativo que informa en tono jocoso y mediante
ripios de seres lejanos o faenas caídas en el olvido.
PASION VIVIENTE.
Y no es esta la única escenificación callejera de los jiminiegos.
Por la misma época de rescate de tantas tradiciones los jóvenes
del pueblo emprendieron la escenificación de un viacrucis viviente
que alcanzó cierta notoriedad provincial por su verismo.
Pero esta pasión escondía uno de los secretos mejor guardados
de Jiménez de Jamuz. Fue como una exhibición contrarreformista frente
al pasado ecuménico de un pueblo en el que convivieron durante al
menos un siglo los cristianos católicos con los cristianos evangélicos.
Una novela de Fernández Santos galardonada con el Premio
Nadal reconstruye los momentos crepusculares de aquella comunidad
campesina, que todavía hoy conserva desde la distancia su capilla
con tanto a más decoro que el templo católico.
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| Guia |
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COMO
LLEGAR
La localidad de Jiménez de Jamuz se encuentra al sur de la provincia
de León y a ella se accede directamente desde la autovía del
noroeste, la A-6 que enlaza Madrid con La Coruña.
Para entrar hay que coger un desvío a la altura del término
municipal de La Bañeza.
DONDE COMER
En la Bodega El Capricho (teléfono 987 664 224). Restaurante
Los Chapazales (teléfono 987 664 491).
TURISMO RURAL
La Vega del Vino
(teléfono 616 997 22). |
Capilla protestante. |
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La capilla protestante, fundación de la iglesia de Plymouth
durante la primera república, ha sido retejada recientemente y luce
al resol de la tarde junto al alfar museo.
Las calles de Jiménez de Jamuz se ondulan en la levedad de
un valle poco pronunciado que desciende desde los pies del Teleno
hacia el encuentro con el Órbigo.
Aguas arriba de Jiménez, en Herreros, se unen los cauces menguados
del Jamuz y del Valtabuyo, que en su nombre homenajea al pueblo cabecero
de Tabuyo del Monte.
Valjamuz es un badén entre la ribera de La Bañeza y la Valdería,
un paso adornados de bosques que suelen ser pasto frecuente del fuego.
De estos páramos entresacaban en el siglo dieciocho los alfareros
de Jiménez de Jamuz el combustible vegetal para cocer sus cacharros.
Aunque el número y hornos y su actividad obligaban a ajustar montes
lejanos de los que traer urces o encinas.
Durante mucho tiempo se abastecieron de los montes de Brañuelas
por la facilidad de transporte en tren.
Aunque hubo un momento en que la tradición alfarera de Jiménez
estuvo a punto de disiparse, cuando apenas llegaban a media docena
los artesanos activos, el tirón que seguía teniendo su cerámica en
todos los mercados consiguió el milagro de la reactivación.
Ya no son tantos los alfareros como los que fatigaban
el Catastro de Ensenada en el siglo dieciocho, ni siquiera como los
que surtían los caprichos de Gaudí para el palacio del obispo de Astorga,
pero siguen dando identidad a un pueblo que en el tiempo de la despoblación
ha conseguido duplicar su censo.
Los barros vidriados de Jamuz a punto han estado de incorporarse
al rango de Patrimonio de la Humanidad en la última asamblea de la
Unesco que canonizó la arquitectura catalana de Gaudí.
Con un padrino apropiado, tanto el palacio de Astorga como
la casa de Botines o el Capricho de Comillas estarían ahora disfrutando
de una vitola que no tiene ni la catedral gótica de León.
El arquitecto catalán quedó muy sorprendido de la belleza espontánea
de los barros de Jamuz, presentes en todos los mercados del noroeste
y en muchas chimeneas maragatas. Así que se puso en contacto con el
gremio de artesanos de este pueblo, que siempre funcionó optimizando
los recursos y el esfuerzo.
Todos ellos moldeaban el barro, pero sólo uno horneaba por
turno. Y el mismo colectivismo funcionaba a la hora de acarrear las
piezas y llevarlas a los mercados.
ALFAR MUSEO.
No puede decirse que Jiménez de Jamuz sea un pueblo que descuelle
por su belleza. La indudable prosperidad de los últimos tiempos ha
conllevado una alteración de su caserío a menudo poco afortunada.
A pesar de todo, un garbeo por sus calles encuentra la recompensa
de rincones que son como un oasis en medio del apogeo de ladrillo
bastardo. La plazuela del alfar museo es un ejemplo de esa belleza
tranquila y pausada.
Y lo mismo el cotarro de las bodegas o esa maravilla de los
frontones cubiertos que lamentablemente se van viniendo abajo. Llegó
a haber cuatro pabellones dedicados al deporte de la pelota. Valle
abajo, hacia el paso de la Vizana sobre el Órbigo, se suceden los
castillos de Villanueva, de Quintana del Marco y de Alija del Infantado.
En Villanueva la están echando un remiendo a la fortaleza.
En Quintana las cocinas se decoran con mosaicos romanos. También romana
y de mármol es la cabeza empotrada en la torre de su iglesia. Alija,
como Jiménez, transmite el optimismo de la prosperidad.
Pero antes de abandonar de todo el pueblo, conviene acercarse
al muro del embalse de la Tabla, construido en 1956 para regar la
finca de Villa Adela. La sequía ha mermado su caudal pero todavía
se ven algunos pececillos navegando sus aguas y un impagable verdor
en el entorno. |
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