Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 JIMENEZ DE JAMUZ (LEON)  
 Dos mil quinientos años de historia depositaron en esta encrucijada forestal de la ribera del Arlanza jugosos tesoros, secretos pasadizos, sangrientas batallas y unos cuantos testimonios de un pasado glorioso teñido de melancolía
 Los alfareros de Gaudí
ERNESTO ESCAPA
 Don Miguel de Unamuno, que visitó la villa en la Semana Santa de 1933, captó su silueta escalonada, trepando «un teso escueto desde las riberas del Arlanza, vestidas de sobrio verdor». Una imagen irresistible para adictos a la nostalgia. Otros viajeros posteriores se han visto sorprendidos por el creciente mestizaje entre piedras nobles ...
... blasones de historia y solares de zarzas y ortigas. La estampa, desde la perspectiva del otro lado del Arlanza, no puede resultar más tentadora. A la derecha, tras la arboleda añosa, asoman los restos de la fortaleza.
  Despojados de su forro de piedra, quedan los muñones terrosos, que dejan a la vista su uso posterior como palomares, mientras aguantaron en pie las entrañas de barro.
  En el centro de la estampa, la eminencia del palacio de los Herrera y la torre de San Juan, que es el único monumento saludable de la cuesta de Palenzuela, aunque su torre mocha tuviera que ser rehecha tras frecuentes achaques a finales de los sesenta.
  Tras el arco sencillo de la muralla se emboca el Vallejo enguijarrado, una de las calles más singulares que uno haya recorrido, cuya cuesta concluye en el recinto irregular de la Plaza Mayor, donde se alinean casas palaciegas, robustos pilares y soportales con pies de madera. A la izquierda del puente, tras las Vistillas, asoma la silueta desnuda de Santa Eulalia.
  Este telón de fondo apenas representa una de las etapas de la pequeña Palencia del Arlanza. Un lugar con una historia tan generosa cuenta en sus anales con unos primeros pobladores venidos desde el lejano Danubio, que no reposaron hasta encontrar un paraje de similar belleza y encanto. Cuatro siglos antes de Cristo era ya una poderosa ciudadela, quizá la más fuerte de la meseta. Así que los romanos intentaron en vano conquistarla.

Centro cultural de Castilla y León, en Villalar de los Comuneros, en Valladolid. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
  Hay constancia de la sangrienta retirada de los ejércitos de Lépido y Bruto, que tuvieron que huir antes de la aurora dejando sobre el campo enfermos y víveres. Era el año 137 antes de Cristo. Historiadores clásicos apuntan hasta seis mil bajas romanas entre el inútil asedio y la feroz persecución de los palentinos.
  EL TESORO QUE SE ESFUMO.

 Los huesos que todavía hoy remueven las rejas de los agricultores se atribuyen
  Guia  
 COMO LLEGAR
El municipio burgalés de Pancorbo se encuentra situado en la carretera Nacional-I y en la autopista que comunica la ciudad de Burgos con Miranda de Ebro.
  DONDE COMER
En Pancorbo, en El Molino, (947 354 050), en El Desfiladero (947 354 027), Pancorbo (947 354 000), Poli (947 344 320) y Verónica (947 354 037).
  TURISMO RURAL
En Pancorbo, El Ferial (947 354 202). También en Santa Gadea del Cid, en Quinta Término (628 548 869).

Obelisco de los Comuneros.
a aquella escabechina, que fue uno de los momentos álgidos de esta población milenaria. Aunque el transcurso del tiempo se encargó de ir enriqueciendo el osario.
  La primitiva Palencia del Arlanza no cayó en manos de los romanos hasta medio siglo después de haber sido vencida Numancia. En realidad, tomaron sus cenizas, porque los defensores, antes de rendirse, entregaron al fuego casas y campos. Luego los romanos se instalaron al otro lado del río, en la amplitud de la vega.
  Ahora esta margen del Arlanza se enjoya con la ermita de Allende el Río, muy cuidada y protegida por el entorno forestal, y con las ruinas más distantes y olvidadas del convento de San Francisco, que tiene a la venta una inmobiliaria.
  Pero el subsuelo a buen seguro guarda tesoros tan codiciados como aquel que descubrieron a reja unos labradores en febrero de 1945. Una vasija hundida en la tierra derramó al romperse más de cuatro mil monedas ibéricas de plata. Concretamente, 4.365. La cifra tiene su aliciente.
  Los cinco descubridores se repartieron jubilosos el tesoro a razón de 800 piezas largas por cabeza. Pero la codicia de querer convertir el tesoro con prisa en dinero contante y sonante alertó a la Guardia Civil, que procedió a la requisa.
  En el viaje hasta el Museo de Palencia el tesoro menguó sus existencias hasta quedar en las 2.636 piezas. El resto se colocó en colecciones particulares. Pero no es este el único extravío patrimonial de Palenzuela.
  Sin hacer recuento de otras pérdidas ocasionadas en el traslado de bienes desde Santa Eulalia y San Francisco al cobijo de San Juan, hay que mencionar la magnífica colección de ropajes eclesiásticos del siglo diecisiete que exhibe el Museo Textil de Indumentaria de Barcelona. Son catorce piezas confeccionadas con seda, lino y damasco que pertenecieron al ropero de San Francisco.
 UN EMPACHO IMPERIAL.

  La Palenzuela que hoy vemos, la que se tiende en la ladera del cerro, es la heredera de un precoz asentamiento defensivo en los albores de Castilla. Será cabeza de la Merindad del Cerrato, poderosa judería, estancia de reyes y señorío de reinas y regias amantes, como María de Padilla.
  Más tarde cayó en poder de los Almirantes de Castilla. En este tramo glorioso de su historia fue sede de Cortes y reposo de monarcas. Juan II se refugió en el bien cercado convento de San Francisco, protegido de las asechanzas nobiliarias por su amigo don Álvaro de Luna.
  En la lucha entre el valido y el levantisco Almirante de Castilla, aquél recibió una de las peores heridas de su vida. Más tarde, firmarían la tregua delante del arquillo de entrada a Palenzuela, que por eso se llama de la Paz.
  La importancia de Palenzuela se refleja en su silueta y también en los episodios que jalonan su historia. En el castillo reposó una semana el emperador Carlos de un empacho de truchas del Arlanza.
  Y también hizo un alto Napoleón, perseguido por las emboscadas de las guerrillas.
  Un itinerario básico por sus monumentos comprende el trago de melancolía del castillo con el borde horadado de bodegas y viviendas rupestres; el palacio de los Herrera, que tiene aledaño un precioso mirador sobre las arcadas del puente; el núcleo de San Juan, cuya iglesia atesora una riqueza espectacular; la Plaza Mayor, con el consistorio y los soportales; y las ruinas góticas de Santa Eulalia, consolidadas en su desnudez y otra vez objeto de excavaciones, que presiden el laberinto de la judería y los miradores del Conjuro y de las Vistillas.

La plaza de los mercaderes Median del Campo (Valladolid) La fiesta del chivo Valporquero (León)
La villa de oriente Ágreda (Soria) La muda del bosque Foncastín (Valladolid)
El castillo de la promesa Almenar (Soria) La cueva de Peñacorada Cistierna (León)
Archivo Rutas  
       
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