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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| CARRIZO DE LA RIBERA (LEON) |
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| Una enramada de acequias distribuye
la prosperidad a lo largo de toda su ribera. Un río sin fuente,
nacido del abrazo de dos caudales femeninos, que discurre entre el
monasterio de Carrizo y el Paso Honroso, iluminado por la hazaña
quijotesca de don Suero. |
| Orillas del Orbigo |
| ERNESTO ESCAPA |
| El Orbigo es un río sin manantial
que nace de la confluencia del Luna y del Omaña aguas abajo de Santiago
del Molinillo y de Villarroquel, a la vista de las medulillas cuyo
oro lavaba la Presa de la Griega. Su nombre ibérico significa precisamente
unión de aguas y en torno al agua y sus acequias ha labrado siglos
de prosperidad esta ribera. |
Antes incluso
de la presencia monástica en Villoria y Carrizo, los mozárabes sangraron
la presa Cerrajera, que sigue regando la margen izquierda del río
entre Carrizo y La Bañeza.
Quizá convenga precisar que en León suele llamarse presa
a la acequia que conduce el agua y no al dique que la retiene. Una
compleja malla de obras de riego surca desde la Edad Media ambas orillas
del río: la presa Forera, vinculada al monasterio de Carrizo; la de
la Tierra, que riega Benavides, la huerta de Villares y Villamor;
la de la Feligresía, que fecunda las propiedades del monasterio de
Carracedo en este ribera; y la del Salvador, en Hospital.
En realidad, la ribera por antonomasia de la provincia
leonesa se extiende a lo largo de cincuenta kilómetros, entre Espinosa
y La Bañeza. El tramo escogido para nuestra ruta discurre entre el
centro monástico de Carrizo y el puente jacobeo de Hospital, un pueblo
que recuerda en su nombre el asiento de los caballeros hospitalarios
de San Juan de Jerusalén.
En medio de la huerta del monasterio cisterciense
de Carrizo de la Ribera asoma esta iglesia. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
La disposición de su poblamiento recuerda la estructura
de las primitivas villas romanas, una presencia constatada en La Milla
del Río. Antes de que el embalse de Los Barrios de Luna ampliara el
regadío a los páramos de la margen izquierda, la red de acequias medievales
permitió un grado de audacia inusual en la renovación de los cultivos.
Patatas, alubias y maíz traídos de América se incorporaron
con éxito al paisaje agrario de la ribera, como más tarde el tabaco,
la menta y sobre todo el lúpulo, que mereció el apelativo de ‘oro
verde’ en sus tiempos de apogeo.
A finales del diecinueve, coincidiendo con el derrumbe
colonial, se instala en Veguellina la primera azucarera de la provincia,
y medio siglo más tarde la factoría de Fomento del Lúpulo en Villanueva
de Carrizo.
Una y otra iniciativa fueron resultado de una labor pedagógica
ejemplar, desarrollada desde su centro de enseñanzas agrícolas de
Hospital por la Fundación Sierra Pambley. Todavía Todavía sigue abierto
en Hospital el centro educativo de esta fundación vinculada a la Institución
Libre de Enseñanza. Como se encuentra orillado del tránsito de la
ruta jacobea, son pocos quienes se acercan a este enclave impulsor
del progreso de la ribera.
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| Guia |
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COMO
LLEGAR
El tramo de la Ribera del Órbigo que discurre entre Hospital
y Carrizo de la Ribera lo recorre la carretera autonómica LE-420,
que comunica La Bañeza con La Magdalena.
DONDE COMER
En Carrizo, Rapidín (987 357 605). En Benavides, Flash (987
370 638). En Hospital, La Encomienda (987 388211), María Palos
(987 388 084) y Flamingo (987 388016).
TURISMO RURAL
En Carrizo, La Posada del Marqués (987 735 171) y Casa del Caño
(987 263 631). En Puente de Órbigo, Lar la Puente (987 361 100). |
Vestigios del hospital peregrino. |
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Una vez
cruzado el puente, detrás de las primeras casas de la izquierda se
aloja el barrio filantrópico con lo que queda de aquel escenario de
civismo y progreso: la casona del fundador y las escuelas con su blasón
y sus balcones y galerías y la huerta interminable. Una novela de
Alonso Luengo, titulada ‘La invisible prisión’, recrea aquellas reboticas
de institucionistas e indianos en la casa de doña Mariquita Quiñones,
que se encuentra frente a la iglesia y ocupa el solar del hospital.
EL PASO HONROSO
Hospital es una calle peregrina que prolonga el curso empedrado
del puente sobre el Órbigo. Este paso fue escenario de remotas batallas
pero tiene su fama asociada al desafío de un segundón de la casa de
Luna llamado don Suero, que pasó el mes de julio del año jacobeo de
1434 empeñado en llamar la atención de una dama peleando con todo
aquel que pretendía cruzar el río.
Aturdido de amor y con una argolla al cuello se plantó
en el puente con nueve de los suyos dispuesto a romper trescientas
lanzas de otros tantos adversarios. A pesar de la bravuconería, no
llegó a tanto. Tuvo que suspender la liza a los treinta días después
de tronchar ciento sesenta y seis.
Sin embargo, el alarde pasó a la literatura caballeresca y
hoy día inspira una fiesta histórica de mucha concurrencia. El mismo
Cervantes se refiere a este episodio desmesurado en El Quijote: «Digan
que fueron burla las justas de Suero de Quiñones del Paso».
El puente es el mejor mirador de la ribera. Ha sido
repetidamente remozado, aunque conserva parte de su estructura medieval,
que se identifica por los arcos ojivales. Las obras que le dieron
su aspecto actual corresponden a 1946, que fue cuando se colocó el
monolito explicativo. De entonces acá construcciones espontáneas han
ido invadiendo el territorio del río cuya amplitud tratan de domesticar
las choperas.
A la salida de Hospital hacia Benavides se alza junto al río
la secuoya de Villa Blanca, traída de Argentina a fines del siglo
dieciocho. Tiene más de treinta metros y con su envergadura ha presidido
los afanes de esta finca donde se fabricaron envoltorios de paja para
las botellas de vidrio.
Benavides evoca en sus soportales la primacía de los mercados
de la ribera. La ermita del Cristo todavía no ha cumplido la cuarentena
y su iglesia parroquial tiene la torre de mampostería recrecida con
piedra blanquecina de aspecto artificial.
Carrizo debe su atracción al río, que salva un puente mixto,
y sobre todo al monasterio. También es hermoso el emplazamiento del
santuario del Villar, pero se encuentra más retraído. El monasterio
cisterciense perdió en unos pocos años de abandono decimonónico algunas
de sus obras de arte más notables. Sobre todas, el Cristo románico
que descabezó el prócer leonés López Castrillón para adornar su bastón.
Hoy realza el Museo de San Marcos, a pesar de la huella bien
visible de su decapitación. Un arca con pinturas románicas se exhibe
en el museo de la catedral de Astorga y en el Marés de Barcelona una
preciosa puerta mudéjar.
A pesar de las menguas, el monasterio muestra un aspecto estupendo,
estimulado por la vecindad de la Posada Real que ocupa parte de lo
que fueron sus dependencias. Una portalada con blasones abre el compás
vegetal que sombrean acacias y castaños de buen porte.
Tras ellos, la portada románica, desnuda y cisterciense, da
paso a la iglesia, que asoma a la huerta su cabecera con tres ábsides
muy desiguales. Es lo más interesante del conjunto. Junto a la posada
un pasadizo nos asoma a la acequia caudalosa que recorre la huerta
monástica. |
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