A
diferencia de otras rutas, cuyo atractivo se resume en un punto,
el paseo por el bosque de encinas que antecede al descubrimiento
del paraje de Puente Mocho resulta en sí mismo una gozada.
En pocos lugares se puede disfrutar tranquilamente de una
dehesa tan limpia y cuidada, tan equilibrada y hermosa. La senda
que la recorre no tiene pérdida. El terreno ondulado evita la sensación
de monotonía y renueva los paisajes, que combinan la quietud de
las encinas con la presencia de moles gigantescas, agrupadas o dispersas,
de granito.
A la izquierda del camino, una apertura del bosque acoge
la fuente de piedra y una balsa artificial de tierra, que a estas
alturas no conserva ni una gota de agua. La fuente protege su manantial
manantial con lajas ciclópeas y bien trabajadas. Al asomarse a su
interior, todavía se aprecia un revuelo de ranas que denota la persistencia
de algún rastro de humedad.
Desde la fuente, siguiendo la orientación de su boca, se
puede asomar a la ribera hundida del Cañedo y recorrer el tramo
que media entre el puente y su afluencia al Tormes. Es un paseo
de apenas doscientos metros de longitud. Pero es lógica la urgencia
por conocer el enclave monumental de Puente Mocho.
El camino que surca la dehesa concluye ante un muro tradicional
de piedra. Una cortina sayaguesa construida rellenando con pedruscos
los espacios que dejan libres las piedras grandes, hincadas como
menhires. El muro tiene abiertos dos pasos.
Uno carretero que tapa una valla amarilla de las que se usan
en las obras, y otro peatonal, cerrado por un somier atado a un
palo. Como antesala de un paraje declarado monumento, no está mal.
Aunque vale si sirve para evitar el tránsito salvaje de motoristas
y ‘cuatreros’. Hace un par de años tuve que aguantar el estruendo
de una pandilla de moteros cabalgando las venerables piedras de
la calzada y el puente.
PARAJE DE BELLEZA SALVAJE
Puente y calzada son los reclamos de un entorno prodigioso.
El río ha perdido este otoño cualquier atisbo de agua. Sin embargo,
su cauce encajado entre canchales graníticos, encinas y carrascos,
conforma un paraje de belleza salvaje.
La bajada hacia el puente discurre por un tramo de la calzada
romana que comunicaba Ledesma con Zamora. Pero donde la calzada
muestra su perfecto enlosado es al otro lado del río.
El Puente Mocho tiene cinco arcos de medio punto y está construido
con buena sillería de granito. Los dos primeros arcos conservan
todavía su hechura romana. El resto tiene más visibles los arreglos
medievales.
En una época indeterminada se amplió su anchura hacia la
derecha un metro, alterando la solidez de los estribos y el diseño
de los petos que lo recorren.
Desde su declaración como monumento en el verano de 2000
esta maravilla espera una intervención que le suture los daños y
consolide un paso que han hollado legionarios romanos y pastores
con sus ganados trashumantes. Se trata, sin duda, de uno de los
parajes más hermosos de Castilla y León.
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| GUIA |
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COMO LLEGAR
Zorita se encuentra en la carretera
autonómica SA-300 que enlaza Salamanca
con Ledesma, antes de llegar
a Valverdón. |
TIPO DE CAMINO
Desde el cementerio la pista discurre recta 900 m
dejando a la izquierda un frontón y a la derecha una acequia
y una alberca de riego. En ese cruce se toma el camino de
la derecha que asciende entre encinas. En la siguiente
encrucijada, a los 2.100 m, seguimos
el camino de la izquierda entre
cercados hasta los 3.000 m y con
el monumento ya a la vista.
COMER
En Valverdón, restaurante Hermanos
Sánchez (923 321 217), Vicente (923
321 219) y Figueruelo (923 321 025).
El restaurante de la Hacienda Zorita
(902 109 902) sólo funciona con reserva.
TURISMO RURAL
En Zorita, Hacienda Zorita (902 109
902). En Almenara, Noxa Casa (923 321
121). En Ledesma, Posada Real la Vadima
(923 570 230).
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PUNTO DE PARTIDA
La ruta comienza en la Hacienda Zorita,
que ocupa el lugar del monasterio
dominico que cobijó a Colón en
su campaña para convencer a la corona
de su proyecto. Desde Valcuevo,
nombre del caserío, se toma dirección
a Valverdón.
DURACION
La ruta cubre una distancia de ida y
vuelta de 7 km sin apenas dificultad.
Se recorre en una hora y media. |
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| Puente sobre el cauce seco
del Cañedo. |
Aún se mantiene visible una
calzada romana. |
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| La fuente de la dehesa. |
Un enclave solitario. |
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