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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| BAÑOS DE CERRATO (PALENCIA) |
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| En un meandro del río
Pisuerga se encuentran el templo más antiguo de toda España
y el manantial de las ninfas, cuyas aguas curaron al rey Recesvinto |
El legado de Recesvinto ERNESTO
ESCAPA |
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Hasta la
llegada del ferrocarril, el conjunto visigótico de Baños de Cerrato
descansaba en un meandro del Pisuerga suficientemente alejado de todos
los caminos como para pasar inadvertido. Acaso esa situación a traspié
explique la pureza con que unos restos tan antiguos llegaron hasta
la segunda mitad del diecinueve.
El paso de los trenes convirtió su anejo de la Venta en una
ciudad próspera presente en la memoria de todos los viajeros. Pero
ni siquiera esa afluencia mejoró mucho el aprecio hacia aquellas ruinas.
De hecho el primer uso contemporáneo de los muros visigóticos
de San Juan de Baños fue para recoger a los apestados del cólera,
en septiembre de 1884.
El mismo Ortega y Gasset, con ser quien era, prefirió entretener
la larga espera de un cambio de trenes ensimismado con una litografía
de la cantina antes que acercarse al solar mágico donde Recesvinto
había recibido alivio para sus riñones maltrechos. En la lámina, según
anota el filósofo, «unos galanes de casaquín ofrecen, en paso de danza,
unos ramos de flores a unas damas floridas e ingrávidas». Qué gran
asunto para la cavilación.
UNA FUENTE PARA NINFAS
Parece probado que la fuente que sigue manando en Baños estuvo
dedicada a las ninfas, según atestigua el ara conservada en el Museo
Arqueológico Nacional. Y también que en el siglo séptimo curó de sus
males al rey godo.
El manantial se conoce indistintamente como fuente de Recesvinto
o de San Juan, porque a la advocación del Bautista dedicó el rey la
basílica que mandó construir al lado en acción de gracias.
Aunque la fuente, a diferencia de la iglesia, aparece muy reformada,
acrecienta su interés el hecho de ser una de las escasas obras hidráulicas
de la arquitectura prerrománica peninsular. Conserva de sus trazas
visigóticas los dos arcos de herradura que dan paso a la piscina o
cisterna en que se practicaban los baños por inmersión.
La basílica ocupa un espacio abierto y despejado que resalta
la pureza de sus volúmenes. Sólo la mínima espadaña que remata el
pórtico de entrada es de mediados del diecinueve.
Su delicada menudez hace que tampoco moleste y quizá por eso
ha sobrevivido a varias restauraciones del edificio. Una inscripción
mural fecha su construcción en el año 652, lo que la convierte sin
lugar a dudas en el primer templo español.
Muchos de los materiales empleados revelan su pertenencia a
construcciones romanas anteriores. Los muros muestran sillares grandes
y bien tallados, colocados sin argamasa.
Los arcos, sin filiación musulmana, son de herradura, lo que
obligó al maestro granadino Gómez Moreno a relajar sus teorías iniciales.
Muchas de las columnas son de mármol y como los capiteles corintios
provienen de obras muy anteriores, quizá del siglo tercero.
Frisos y capiteles concentran los motivos decorativos. En conjunto,
la basílica resume a la perfección la dualidad germánica e hispanorromana
del mundo visigodo.
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