Hace
un par de lustros que la empresa familiar apostó por el vino en
su moderna forma, cambiando la rusticidad de antaño por las modernas
instalaciones y la fermentación controlada en depósitos impecables
de acero inoxidable.
La familia remodeló una antigua casa de la localidad y la
convirtió en moderna bodega con sala de catas y horno de asado;
otra de las especialidades de Martín, constructor experimentado
de hornos de adobe a la vieja usanza.
La apuesta por la calidad del vino y su comercialización
está funcionando y los caldos de la bodega cada vez se ven en más
restaurantes y tiendas, además de ganar cuota en el mercado internacional:
«muy poco a poco, porque no puede ser de otra forma», señala Venancio
Andrés Cristóbal, director de la Bodega y presidente de la recientemente
constituida ASOVINTCAL o Asociación de Productores de Uva y Vino
de Valtiendas.
La nueva asociación reúne a seis bodegas de la zona, todas
ellas al sur de Peñafiel, a ambos lados del Valle del Duratón, repartidas
entre Valtiendas (4), Pecharromán (1) y Sacramenia (1).
La bodega familiar de los Andrés Cristóbal, en la que trabajan
los hijos, tiene sus viñedos a escasa distancia del pueblo, en el
término de Valtiendas, cuyos cultivos han ido quedando ajenos a
las cinco denominaciones de origen de los caldos de Castilla y León.
Zarraguilla se fundó en 1997. Primero hicieron el Tinto que
lleva el nombre de la bodega; un vino con cuerpo, poderoso en sus
trece grados y medio y de brillante color rojizo, que envejece de
ocho a diez meses en barrica de roble americano.
Un par de años más tarde, surgió «entre la casualidad y las
circunstancias familiares», recuerdan con simpatía, un caldo diferente,
bautizado como Vennur, que nada –salvo la pronunciación- tiene que
ver con el nombre cinematográfico de la película de romanos.
Venancio, el hijo mayor encargado de la comercialización
de la bodega se casaba con Nuria. Reservaron para aquella celebración
lo que podría llamarse un «vino de autor », bautizado con las primeras
letras de los contrayentes.
De aquello han pasado algunos años, el matrimonio sigue regándose
con vino y el Vennur dejó de ser el vino preparado para una sola
ocasión.
BOUQUET MAS SOSEGADO
Vennur amplió la producción y enriqueció la bodega con un
bouquet más sosegado: «un vino más suave en boca, con los taninos
amansados», como lo define otro miembro de la saga familiar, Eduardo,
satisfecho de su reposo en barrica de roble francés. Eduardo se
ocupa de vigilar el azúcar y medir evoluciones de los caldos.
En septiembre recogieron la uva –«este año en menor cantidad
pero muy buena», dice– que no saldrá de los depósitos brillantes
de acero hasta febrero. Descansará después en la barrica y otro
tanto aguardará en botella.
Los viñedos que dan caldo a Zarraguilla se extienden por
casi diez hectáreas de terreno prieto, de guijarro, «como grava;
muy seco por arriba, pero que guarda bien la humedad por abajo»,
lo que, según explica Martín ha sorteado la sequía persistente del
verano.
Las tierras se dedican en exclusiva al cultivo de tempranillo
que han ido plantando en los últimos nueve años.
En las viñas familiares no queda ya nada de aquellos majuelos
de pirulesa blanca que cuidó Martín hasta hace un par de décadas.
«Era uva de trabajo y poco rendimiento», señala.
Ahora andan en pruebas con algo de Cabernet, pero «sólo en
régimen de prueba, sometida a análisis y ya se verá si funciona»,
dicen.
Ocho años de bodega van dando sus frutos y tanto el Rosado
como, sobre todo, el tinto se van conociendo más.
De las 75.000 botellas de producción anual, un diez
por ciento viaja al extranjero y el resto se queda en el mercado
nacional, entre Madrid, Segovia, Valladolid, Soria, Burgos, Alicante,
Valencia, Granada y Guadalajara. Manchester, en el Reino
Unido, y varias capitales suizas ponen, por el momento, el acento
internacional al mercado, con un Tinto Zarraguilla Selección especial.
La producción del pasado año, alrededor de dos mil botellas
se fue prácticamente entera para la ciudad de Suiza. «Lo probaron
y nos llamaron pidiendo más hasta que agotaron las existencias»,
explica Venancio.
Entre los planes de ampliación y expansión de esta bodega
familiar segoviana figura de forma inminente llegar al mercado mexicano
y a la próxima Feria del Vino de Shangai; una aventura novedosa
para el sector vitivinícola con fuerte potencial adquisitivo, que
comienza a descubrir los vinos españoles.
Las muestras de Vennur enviadas hace unos meses gustaron,
y el 21 y 22 de noviembre las uvas de Valtiendas, criadas y procesadas
en la única bodega de Sacramenia se darán a conocer al gigante asiático.
|