Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 PEÑAFLOR DE HORNIJA (VALLADOLID)  
 La acrópolis del Hornija perdió con los siglos el cíngulo de las murallas, pero guarda en su trama medieval atractivos para encandilar al viajero más exigente. Aunque lo más llamativo es su silueta aguileña que hace justicia a la belleza de su nombre
 Un espolón en los Torozos
ERNESTO ESCAPA
 Aunque el solar recortado sobre el meandro del Hornija ofrece en cada excavación nuevos testimonios materiales de su poblamiento prehistórico y romano, la villa de Peñaflor con su actual trazado reticular pertenece a la época del rey Alfonso VIII. Es decir, al tránsito del siglo doce al trece. El plano de Peñaflor aparece ...
  ... dividido en dos mitades por la calle Mayor, más amplia que el resto, que recorre el caserío desde la puerta del páramo hasta el escarpe de poniente. Donde estuvo aquella puerta, se abre ahora una plaza con jardines a la que asoma el pórtico de la ermita renacentista del Cristo de las Eras y también un pabellón municipal poco proporcionado.

Ermita del Cristo de las Eras que preside la entrada al municipio de Peñaflor de Hornija. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
  Hacia el norte de esa arteria blasonada se extiende el barrio de Santa María, que desarrolla su trama de calles irregulares en torno a la iglesia que sirve de parroquia. Como el espacio del altozano es reducido, las casas rompen la estructura rectangular para aprovechar los festones del páramo. La iglesia de Santa María anda en obras estos días y muestra en su cuerpo testimonios artísticos de muy distintas épocas. La cabecera, sobresaliente, y la torre muy menguada. A pesar del mestizaje de estilos, el interior de Santa María guarda sorpresas notables: el retablo mayor rococó, con tallas de los Sierra, y otros barrocos poblados de muy buena imaginería. Haciendo el rondo a la iglesia, se aprecian los canecillos románicos y una verja vecina recargada de adornos y figurillas.
  BALUARTE COMUNERO

  Las callejuelas abiertas a la lejanía ofrecen el contraste entre la hilada vegetal del río y el ralo pelaje de las cuestas.
 La calle de Santa María, en la que hay buenas muestras de arquitectura doméstica, se estrella con el tapón del ábside. Este flanco de la villa todavía conserva algunos vestigios de la cerca medieval desprendidos por la ladera.
  Guia  
 COMO LLEGAR
A la localidad de Peñaflor de Hornija se accede desde la N-601, en un desvío señalizado entre Villanubla y La Mudarra.
 DONDE COMER
En Villanubla, Villa Paramesa (983 560 387), Mesón el Páramo (983 560 061) y El Parador (983 560 280).
 TURISMO RURAL
En Castromonte, Meri (983 290 569). En San Cebrián de Mazote, Los Ángeles (983207 538). En Urueña, Villalbín (616 118 643) y Villa de Urueña (983 717 063).

Chozo circular en las eras.
   El emplazamiento en una acrópolis escarpada facilitó su defensa, ya que el único punto débil estaba en el istmo que enlaza el espolón con el páramo. Las revueltas de los siglos quince y dieciséis le trajeron varios saqueos. El último, de las tropas imperiales, por ser baluarte comunero.
   El barrio del sur sigue llevando el nombre del Salvador por la iglesia de transición entre el románico y el gótico que preside uno de sus corros. Una ruina desarbolada y mocha vallada en mitad del pueblo. La iglesia del Salvador aguantó en pie hasta mediados del pasado siglo. Tiene un ábside semicircular románico, portada gótica y la torre rasgada en uno de sus flancos por una ventanita muy hermosa de dos arcos.
  El barrio del Salvador se extiende a la solana y hace hueco a la plaza Mayor, un recinto posterior sin mucha personalidad. Destacan en el conjunto algunas casonas. La más notable es la que fue del Conde de Peñaflor, situada en la calle de San Juan.
  El morro del escarpe lo ocupa la plazuela del Sol, un espacio horadado de bodegas y abierto sobre el paisaje vegetal del Hornija. Las cuestas que precipitan el derrame del páramo hasta la hendidura del meandro fluvial aparecen calvas de vegetación y salpicadas de desechos: botes, plásticos, sillas desvencijadas y descoloridos trapalejos.
  Es el precio de la barbarie peñista y muchachil de cada verano. Un proyecto del ayuntamiento con la diputación pretende rescatar la belleza natural de estas pendientes.
  LA HENDIDURA DEL HORNIJA

  El Hornija y el resto de riachuelos que surcan los Torozos no superan la insignificancia como corrientes fluviales. Sin embargo, como de todo se puede sacar provecho, el Bajoz, ahora embalsado a los pies de Castromonte, fertilizó durante siglos el coto monástico de La Espina.
  Es verdad que con la denominación de los montes Torozos se produce un espejismo que conviene reducir a sus justos términos.
  Cuando el lenguaje era más rico de matices, porque nombraba una realidad menos plana, la palabra monte no se refería sólo al accidente geográfico que ahora nos sugiere, sino al enclave forestal.
  Y eso ocurre con los Torozos, que en realidad no pasan de ser un páramo raso y escasamente encumbrado salpicado de preciosos bosques que han sobrevivido a la ferocidad de diversas temporadas de descuaje.
  El río Hornija nace en una navilla de La Mudarra, donde el manantial bautiza un parque recreativo. Su recorrido inicial ahonda enseguida en el páramo hasta dibujar el profundo meandro que realza la silueta aguileña de Peñaflor. Aguas abajo, en Torrelobatón, se le une el Hontanija, que brota en la fuente de los Ángeles de Villanubla y enlaza el aroma visigótico de Wamba con el de Chindasvinto, tan presente en San Román de Hornija. Entre medias discurre bajo el puente de Fierro de Villalar, donde los comuneros encontraron el final de su sueño.
  Su nombre resulta poco evocador de torrenteras y remite al hornillo de cisco o leña menuda, un combustible cuya fabricación ha sido especialidad de la comarca.
  El istmo del páramo hacia el espolón, que tradicionalmente ocuparon las eras de labor, aparece invadido por el desorden de construcciones que suele malograr las afueras de todos los pueblos. Menos mal que el respeto de la ermita renacentista logró mantener diáfano el espacio de la plaza.
  La ermita es menuda y está dedicada al Santo Cristo de las Eras. Tiene pórtico y una mínima espadaña. En uno de sus laterales asoma un pilar cilíndrico con la cruz de Calatrava grabada en la piedra.
  El Cristo que preside el retablo es una figura de tamaño natural cuya expresión transmite serenidad. Es obra manierista del diecisiete tallada por Francisco Rincón. Una pieza notable cuyo modelado resalta en contraste con la tosquedad del santoral que lo arropa en el retablo.
  En la encrucijada de la que sale la carretera hacia La Espina todavía perviven varios ejemplares de buenos chozos de era. En la cuesta aledaña se aprecian restos vencidos de la cerca medieval y algunas oquedades, mientras en el valle la escolta vegetal del Hornija despliega su sinfonía de otoño.

El castillo de la promesa Almenar (Soria) La cueva de Peñacorada Cistierna (León)
La fiebre del vino La Seca (Valladolid) El laberinto del oro El Cabaco (Salamanca)
La catedral de las encinas Granja de Morezuela (Zamora) Lagunas y pinares Medina del Campo (Valladolid)
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