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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| VILLAMEDIANA (PALENCIA) |
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| Esta villa retraída pone
el contrapunto al universo de la película escogida para representar
a España en los Oscar. Pero no es este su único pedazo
de gloria. Un noble gongorino y temerario había inmortalizado
tres siglos atrás su renombre |
| El consulado de Obaba |
| ERNESTO ESCAPA |
| Villamediana comba su caserío
por el cuenco de un vallejo que se derrama desde el monte Astudillo.
En realidad este asentamiento retirado del Pisuerga lo escogieron
los huidizos mozárabes, que gustaban de recluirse en parajes con poco
tránsito. Para ello renunciaban a la prosperidad de la vega fluvial y a los beneficios
del peaje... |
... escogiendo la tranquilidad
de un rincón a la vez inadvertido y abrigado. Un lugar todavía hoy
recóndito, al que sólo se llega a propósito. Abajo, junto al río,
está el pago de La Encomienda, recorrido por el canal de Villalaco,
también bautizado
como de Alfonso XIII. Fue solar
habitado por una villa romana de
la que hay testimonios cerámicos y
se conserva una estela en el Museo
de Palencia.
Silueta de la iglesia de Santa Colomba
que preside la localidad palentina de Villamediana. / FOTOS: ERNESTO
ESCAPA
La casona con su fuente pregona todavía hoy la fertilidad
de la ribera. Pero no fueron los temerosos mozárabes los únicos que
prefirieron el retraído valle del Ausó para aliviar sus daños y reconstruir
sus vidas. A mediados de los ochenta se instaló en una casa del barrio
alto de Villamediana un treintañero Joseba Irazu obsesionado por recuperar
los trazos del paraíso. Seguía el rastro de un jesuita exclaustrado
y traía en el macuto una novela urbana y un poemario de lejana cartografía
firmados con el seudónimo de Bernardo Atxaga.
El resultado de su estancia fue un libro coral transitado por
múltiples voces que iba a suponer el primer reconocimiento peninsular
de un autor en euskera. Obabakoak recibió el Premio Nacional de Narrativa
en 1989.
Después de múltiples ediciones y de un éxito resonante, que
lo convirtió en pieza fundacional de la nueva literatura vasca, su
universo creativo fue trasladado al cine por Montxo Armendáriz. La
peli representará al cine español en la próxima edición de los Oscar.
UN CONDE GANDUL Y DISOLUTO
El libro, traducido por el propio Atxaga al castellano, alberga
en su interior el homenaje al pueblo de Villamediana, que constituye
una estupenda bitácora para descifrar bastantes de sus secretos y
algunos de sus enigmas. |
| Guia |
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COMO
LLEGAR
A Villamadiana se accede desde la autovía de Castilla, en un
desvío señalizado entre Magaz y Torquemada.
DONDE COMER
En Torquemada, El Rompeolas (979 800 127) es un clásico de la
gastronomía tradicional. También Carazo (979 800 134). En la
autovía, Las Lagunas (979 800 406).
TURISMO RURAL
En Reinoso de Cerrato, la Casa del Escultor (979 741 539). En
Villalobón, El Mesón (979 726 687). En Astudillo, Casa San Pedro
(979 822 483) y San Vitores (979 822 090). |
Monolito de la inundación. |
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Una geografía
poblada de páramos boscosos que traen de cabeza a los cazadores del
bar Nagasaki; un escenario surcado por un arroyo sin agua pero con
una tragedia a sus espaldas que todavía agita la memoria de la gente;
una villa habitada por la sombra de un conde gandul y disoluto y dominada
por las sutiles espadañas de su iglesia de Santa Columba.
Villamediana tiene un acceso directo desde la autovía, entre
Magaz y Torquemada. Por el camino, que el viajero recorre imantado
por la estatura de su iglesia renacentista, se ofrecen a la izquierda
dos chozos pastoriles, puestos a buen recaudo por un arreglo reciente.
Antes de entrar al pueblo echa el primer freno la carretera
de Valdeolmillos a Torquemada, que es como una ronda de sosiego que
sustituyera a la cerca derruida. A la derecha, sobre el cerro que
ocupó en su día el telégrafo de espejos, se levanta la arboladura
de antenas de un destacamento de transmisiones. Esta loma horadada
de oquedades y cuevas separa el valle de Villamediana de Valdesalce,
donde está el santuario que concentra la devoción de la comarca.
El postigo de la Esclavina preside la entrada de Villamediana.
Es un portillo de la vieja muralla que realza la ermita de la Virgen
situada encima. Una amplia escalera lateral da acceso a la capilla.
Repite el modelo del Ojo de la Virgen de Dueñas y su emplazamiento
ha servido para conservar este mínimo vestigio de la cerca que todavía
en el diecinueve abrazaba el caserío de la villa.
El plano de Villamediana agrupa sus cuatro barrios en
varias calles longitudinales a este lado del arroyo enladrillado y
en el laberinto que se derrama desde la atalaya de la iglesia. Tras
el postigo de la Esclavina discurren las calles del obispo Almaraz
y la calle Mayor, esta ya peraltada en la ladera. Al lado de la panadería
se aprecia todavía el conjunto de casas segregadas que perteneció
al conde.
Ahí estuvo la residencia señorial de aquel poeta gongorino
que se jugó el pellejo en sátiras a la corte y galanteos a la reina.
Juan de Tassis y Peralta sería enterrado en San Agustín de Valladolid
después de recibir una estocada tan certera que lo desangró por completo.
Nunca se supo si el asesino, que se esfumó para siempre, actuaba
por cuenta del rey, celoso de su cortejo a la reina, de sus compañeros
de sodomía, asustados por la inmediata declaración de Tassis ante
el Tribunal que los juzgaba, o de alguna de las muchas víctimas de
sus sarcasmos.
RECINTO VEGETAL
Pero antes de demorarse en el callejeo, conviene ascender
a la atalaya de Santa Columba. De camino, un parquecito realza la
prestancia de la fuente de doble ojo de 1683. Luego, es posible seguir
hasta la eminencia de la iglesia por el camino de las bodegas o bien
a través de la escalera de piedra que se hizo en 1786, defendida en
sus accesos por dos trampas de hierro que impedían el paso de los
animales al culto.
La iglesia actual sustituyó a otra anterior mozárabe y se levantó
en el trece con añadidos y reformas en los dos siglos siguientes.
Un atrio de siete huecos, que se antepone a la portada gótica, fue
desnaturalizado al situarse encima la sala capitular. El retablo mayor
es la joya de este templo y ha alimentado la codicia de los robos.
El barrio de la iglesia atesora en su pendiente los rincones con más
sabor.
Tras el ábside emergen los muñones del barrio que Atxaga llamó
de las casas muertas. Calles de ortigas, muros vencidos y bodegas
clausuradas, algunas con viejos trillos adaptados como puertas. Por
el centro del pueblo discurre el arroyo subterráneo bajo un tupido
paseo de plátanos. Junto al ayuntamiento un monolito recuerda la tragedia
de las inundaciones de 1898 con la relación de sus veinte víctimas.
La plaza es un recinto vegetal cuya floresta apenas permite
ver las casas por debajo del voladizo de las solanas. En la esquina
de Obispo Almaraz hacia el ensanche de la plaza, un amplio soportal
con columnas de piedra atestigua la hechura monumental de Villamediana. |
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