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| INDICACIONES
DE CALIDAD |
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QUESERIA DE SACRAMENIA
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| La familia de Daniel y Raquel
Arranz se han convertido en los propietarios de una de las elaboradoras
artesanales de lácteos que utiliza un rebaño de más
de 600 ovejas |
Leche de ‘churra’
para El Chato
TERESA SANZ |
La familia de Daniel,
El Chato, de Sacramenia, siempre ha tenido ovejas, cuya leche han
transfomado en queso. Pero a Raquel Arranz Bernardino, su hija, no
le pareció suficiente ni el queso casero, ni las cuajadas familiares
ni, por supuesto, la venta de
leche de las ovejas, «que
cada vez la pagaban ...
... peor», dice.
Del rebaño de más de seiscientas ovejas churras se ocupa
su marido, Juan Manuel, y Raquel, que ha demostrado ser una mujer
inquieta, trabajadora y llena de iniciativas, decidió hace siete años
marcharse a Santander a hacer un curso y acto seguido montar su propia
fábrica.
Preparó un proyecto en el que previó todos los asuntos
posibles, desde la «Mejora de la calidad bacteriológica y de las células
somáticas de la leche», al «Planteamiento económico-financiero» y
«Previsiones de negocio a tres años» y sigue, imparable, ampliando
producción dentro de los límites de la materia prima que controla
en familia.
Los productos que elabora van desde los quesos curados
y semicurados, queso en aceite, cuajadas con leche de oveja y yogures
cremosos. |
El paso siguiente
serán los yogures con frutas naturales, con sabor a mousse de limón,
a fresa, a café y avellana. Todo está ya estudiado y todo lo hace
posible en la pequeña fábrica de doscientos metros cuadrados, donde
fermenta de 50 en 50 litros y mientras pasteuriza la leche para cuajadas
y yogures, atiende el teléfono, y da una vuelta a los quesos sumergidos
en al piscina de salmuera, sin parafinas ni conservantes.
Su fábrica, situada en las afueras de la localidad de Sacramenia,
en Segovia, donde las ovejas tienen espacio suficiente, la define
su propietaria como «de juguete». «Tiene de todo pero en pequeño porque
así se abarca mejor todo el proceso de la producción». A Raquel le
echan una mano tres personas, pero ella se ocupa de todo: de elaborar
los productos artesanales, diseñar sus etiquetas, comprar los envases
para cada producto, controlar las cámaras de curación del queso, distribuir
el reparto, responder a la demanda de compra y lleva la administración
y contabilidad.
«En realidad, soy administrativa, pero fíjate
en la que me he metido », señala satisfecha, reconociendo que el sector
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Raquel Arranz y Juan Manuel en su fábrica
de quesos artesanos junto a los productos lácteos en la localidad
segoviana de Sacramenia. / FOTOS: FERNANDO PEÑALOSA |
elegido
«es un sector en clara expansión». «Por eso hay que espabilar que
hay mucha competencia», añade Raquel Arranz.
Montó la fabrica en 1999 y, su objetivo inmediato es hacerla
suya en poco tiempo. «Todavía comparto la fábrica con la caja de ahorros
», señala.
Con un capital social cercano a los 200.000 euros se ha abierto
camino en los mercados próximos, donde los productos con marchamo
artesanal despuntan. Vende en la fábrica y en una tienda abierta en
la plaza mayor de Sacramenia que atiende ella misa los fines de semana.
Tiene Peñafiel a 14 kilómetros. Aranda de Duero a 35. Segovia
a 80 kilómetros y en todos estos lugares los quesos con la etiqueta
amarilla y el rostro de las ovejas de El Chato, se encuentran con
facilidad en tiendas especiales y restaurantes, a donde Raquel los
lleva en su furgoneta frigorífica.
Ahora anda, –ella también–, tratando de abrir camino en Barcelona,
a cuya Feria viajará a finales del mes de noviembre, y en Madrid,
tras su paso por la reciente Feria del Queso Artesano. Su producción
es limitada y depende de la leche de las ovejas churras del rebaño
de aspecto más que saludable.
El negocio marcha bien y preparan la ampliación del rebaño
en unas instalaciones que casi podrían duplicar el número de cabezas
e incrementar la leche necesaria para la elaboración de los tres productos.
«El espacio no es todo, ¿de qué te sirve ampliar si no puedes controlar
tú misma cómo va todo?», afirma la empresaria segoviana.
Raquel y Juan Manuel se muestran convencidos de que el éxito
de su producción radica en «el control de la materia prima y su transformación».
«Sé cuándo una oveja ha estado medicada y a esa no se la ordeña»,
comenta.
Su producción está consolidada en las 20.000 unidades
anuales de cuajada y yogurt. El año pasado hicieron 7.000 kilos de
queso en distintos formatos y este año calcula que se cerrará con
10.000 litros más, o sea 43.000 litros, destinados a queso.
Miembros de la Asociación de Artesanos Alimentarios de
Castilla y León, de reciente constitución, a Raquel le han hecho especial
ilusión los premios recibidos por la calidad de los productos que
elabora. Fue Premio Gourmet Madrid 2003 por el queso semicurado, aunque
a ella le gusta, «muchísimo más», el curado, señala orgullosa.
Antes de empezar la fábrica recibió el Premio Emprendedor (1999)
de Caja Segovia. Recuerda aquel millón de pesetas (anteriores al euro)
como «un aliciente definitivo». Y hace escasas fechas ha recogido
el Premio Mujer Empresa de la Junta de Castilla y León.
Y mientras charla y muestra con naturalidad la fábrica y explica
«aquí la sala de recepción, la Sala de Leche, la sala de elaboración
de salmuera, el almacén, el laboratorio, las duchas, la oficina, la
tienda ». Insiste en que el éxito no es suyo. «Es de los animales:
buena raza y mejor crianza y esa leche exquisita es la que transformo»,
afirma. |
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