Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 CASTROMONTE (VALLADOLID)  
 Algunos pueblos dibujan su retrato en el nombre y eso ocurre en parte con la localidad de Castromonte. Aunque con la rebaja de que los Torozos son unos montes que no pasan de páramo. Así que nadie piense en un escenario de vértigo
 Páramos de asceta
ERNESTO ESCAPA
  Castromonte tiene fama antigua de contar con los mejores manantiales de los Torozos, que agruparon en su entorno a las primeras poblaciones de estos páramos. El más acreditado es el de Sayud, que abasteció durante su breve etapa comercial a las aguas Castrovita, aquella de la que pregonaba la propaganda que todo mal ...
   ... evita. Era un agua que aliviaba las digestiones y disolvía las piedras de los riñones.
  Pero son muchas más las fuentes que salpican el cuévano del Bajoz en los alrededores de Castromonte. Los vecinos y la cartografía las tienen bautizadas con nombres tan curiosos como expresivos: la del Marqués, la Fresquita, la del Pino, la de las Panaderas, la de Lavar, la Fuentecilla, la Aceña, la del Moral, la del Calero, la Retuerta, la del Revolcadero y la del Toro, que era la preferida como lavadero porque sus aguas ya brotan templadas.

Iglesia renacentista de la localidad vallisoletana de Castromonte que se alza en medio del pueblo en perfecto estado. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
   A pesar de su nombre castreño,  la silueta de Castromonte que asoma al Bajoz no resulta precisamente arriscada. Se trata en realidad de otra desmesura.
   En los Torozos ni los montes son cordilleras ni los castros tronos de águilas ni la hoz del río un abismado congosto. Bajoz es contracción de baja hoz y para ese bautizo sí que hace falta imaginación.
  Hacia la hendidura balbuceante del Bajoz asoma el perfil más vistoso de Castromonte con su cubo moderno con troneras, sus cuevas excavadas en la marga, restos de cercas, huertecillos y molinos.
  Tuvo muralla hasta el siglo diecinueve pero de aquel cíngulo protector no conserva más que leves vestigios, el más visible en la solana del Postigo.
  Una impresión rápida del paseo por Castromonte pudiera proporcionar la estampa de un pueblo más de piedra trazado en abanico hacia el valle.
  Pero sería tanto como prescindir del remanso vegetal de su plaza que conservó durante la ominosa, oculta bajo nuevas placas de hojalata, la denominación constitucional grabada en la pared del propio ayuntamiento.
  Guia  
 COMO LLEGAR
A Castromonte se accede desde La Mudarra, en la N-601, entre Valladolid y Medina de Rioseco. DONDE COMER En Villanubla, Villa Paramesa (983 560 387). En Urueña, Villa de Urueña (983 717 063).
  DONDE COMPRAR
Queserías de Castromonte (983 566 606).
 TURISMO RURAL
En Castromonte, Meri (983 290 569). En Urueña, Villalbín (616 118 643) y Villa de Urueña (983 717 063). En San Cebrián de Mazote, Los Ángeles (983 207 538).

Azulejo de las escuelas.
  FAROLAS SUPOSITORIO

  La plaza ha ganado con la limpieza del pórtico de la iglesia, que hasta no hace mucho estaba tabicado, pero carga con unos adornos mobiliarios mobiliarios que se las traen: las farolas supositorio, el moderno enlosado y demás apósitos.
  A todo este escenario mira con algún bochorno la severa casa consistorial de traza neoclásica. Y a la calle Almirante, que recorre la plaza por el extremo opuesto, asoman varias casonas blasonadas.
  Escudos de medio pelo tallados para alborozo de hidalgos fugaces y huidizos bastardos, como advirtió el residente estacional Emilio Salcedo.
  Durante unos años especialmente fecundos, entre la época de los setenta y los ochenta del pasado siglo, Castromonte convocó los fines de semana en torno a la figura de Blas Pajarero a toda la intelectualidad protestataria de Valladolid, unos tipos que gozaban en la lidia verbal con Braulio el del bar Caribe.
  Allí se aliñaban las setas como en ningún otro sitio y se cocinaban los guisos más contundentes. Las paredes del local renovaban cada temporada los murales que pintaba el mismo Braulio orientado por Cuadrado Lomas.
  Al lado de estas pinturas taurinas o de viñedos amarilleaban las viejas fotografías de los fastos ministeriales en La Espina. Rafael Cavestany, ministro de Agricultura, tenía sus posesiones en el vecino monte de San Lorenzo y miró como nadie por lo suyo.
  En cualquier caso, no todos los blasonados de Castromonte tomaron rumbo fresco. Ahí está el ejemplo del marqués de las escuelas. Don Antonio Rodríguez de Celis, marqués del Trebolar, hizo el obsequio al pueblo de un buen colegio de piedra junto a otras donaciones.
   Y se ve que cundió el ejemplo, porque años más tarde el rector Calixto Valverde, un político agrario, hizo a sus expensas otras escuelas luminosas, que están en la entrada desde Peñaflor de Hornija, junto al humilladero de las Eras. Por ahí empiezan a llegar los peregrinos de Madrid a Compostela, para los que se prepara un albergue en las escuelas.
  RETAZOS DE TOROZOS

   Pablo Rodríguez, de nombre literario Blas Pajarero, tenía su casita por el corro de San Pedro y escribió en ‘Retazos de Torozos’ el retrato más hermoso de estas trochas y parajes. Pablo tenía el buen gusto de llevar a sus visitantes en paseo hasta el embalse del Bajoz.
   Unas veces remontando el valle desde La Espina, si los huéspedes eran legos en la comarca, y otras siguiendo la cabecera de molinos arruinados del Bajoz desde Castromonte. Ya no está Pablo, aunque nos queda el temblor cordial de su libro.
  También se arruinaron los cinco molinos que movió el río, aunque permanece la senda fluvial, arbolada y hermosa. Incluso el embalse se ha colmatado de lodos, de manera que ya apenas sirve para los regadíos. Pero su enclave aparece poblado por una vegetación ribereña de fresnos y sauces que resalta jugosa entre las plantaciones de encinares.
   Todos los paseos por el término municipal de Castromonte y su entorno se orientan por el faro de su iglesia, una torre algo chaparra pero que luce aupada en el páramo. La iglesia es un edificio renacentista decoroso y bien arreglado aunque sin excesivos brillos.
   La misma torre, que en el arranque de su alzada alberga un pórtico y promete más, luego se resuelve en cuatro cuerpos no muy erguidos con un remate de chapitel barroco que ni fu ni fa. El pórtico que mira a la plaza ha ganado mucho con el derribo de la tabiquería que lo cerraba.
   En el interior las tres naves se cierran con bóvedas de crucería. El retablo mayor combina trazas de finales del siglo dieciséis y otras más tardías. A lo primigenio pertenecen un calvario y la imagen titular de la Virgen de la Asunción, mientras que los santos Pedro y Pablo son tallas que datan del siglo dieciocho creadas por el riosecano Tomás Vázquez.

El castillo de la promesa Almenar (Soria) La cueva de Peñacorada Cistierna (León)
La fiebre del vino La Seca (Valladolid) El laberinto del oro El Cabaco (Salamanca)
La catedral de las encinas Granja de Morezuela (Zamora) Lagunas y pinares Medina del Campo (Valladolid)
Archivo Rutas  
       
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