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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| SAN CEBRIAN DE BUAN MADRE (PALENCIA) |
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| La granja del monasterio
de La Espina, en el valle del Bajoz, preside esta ruta de ribera y
páramo que recorre todo el corazón de los montes Torozos |
El señorío de canes ERNESTO
ESCAPA |
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El
primer tirón para acercarse a San Cebrián de Buena Madre lo da el
reclamo de su nombre curioso y rimbombante. Luego, si la visita es
motorizada y fugaz como ocurre con frecuencia, su descubrimiento puede
resultar frustrante.
Las vallas y una ruidosa jauría hacen inaccesible el
recinto que domina el palacio torreado. Sin embargo, San Cebrián de
Buena Madre esconde, además del deleite patrimonial de su casona renacentista
y del templo gótico de Santa Juliana, un sendero que remonta el valle
hasta Valbonilla y ofrece una pista que asciende hasta el páramo de
la Mesa del Rey.
Este picón del páramo se levanta en la confluencia del
Arlanzón con el Pisuerga, entre Palenzuela y Astudillo. Repartidos
por su cima se encuentran los predios boscosos de las dehesas de Monte
Polanco y de San Salvador del Moral.
Ya asomadas a la pendiente hacia el río Arlanzón, que
por ahí recibe el caudal del Arlanza, aparecen la dehesa de Villadrando
y los despojos de la Colonia Infantil convertida en pura ruina. San
Cebrián de Buena Madre pertenece administrativamente al ayuntamiento
de Valbuena de Pisuerga, un pueblo que proclama en su nombre la prosperidad
de la vega.
La entrada más fácil a la fortaleza de San Cebrián se toma
cruzando el puente Viejo de Astudillo sobre el Pisuerga. Aguas arriba
de este paso arbolado, en el Sotillo, se encuentra la fábrica de luz
que inspiró la novela ‘La Turbina’, de César Arconada.
Hablamos de literatura social de los años treinta, así
que no es de extrañar la avería que presenta el edificio de aquella
industria pionera.
En todo caso, la orilla del Pisuerga en Astudillo cobija un
paisaje natural encantador. El camino desde el puente Viejo enseguida
ofrece el desvío hacia San Cebrián de Buena Madre.
El primer asiento en este rincón del Pisuerga se debió
al rey leonés Fernando I. Pero la casa fuerte que hoy se aprecia es
un palacio renacentista adornado en sus cuatro esquinas con cubos
redondos y almenados.
ALFIZ VOLADO
La fachada que asoma oblicua a la puerta del cercado
luce en su medio un gigantesco escudo protegido por un alfiz volado.
A los lados de la portada de medio punto cuelgan dos balcones con
dos ventanucos en los extremos. También la planta de calle tiene un
hueco moderno para iluminar la cocina.
Las trazas del conjunto sitúan el palacio en el primer tercio
del dieciséis y atribuyen su construcción a Juan Castro Múgica. El
florido blasón de la portada corresponde a los Múgica.
Muy cerca de la casona, a la izquierda del camino que poco
después se bifurca, emerge la sencilla espadaña de la iglesia gótica
de Santa Juliana.
Se trata de un templo del siglo quince con ventanas ojivales
y escudos repartidos por sus muros. En el interior guarda los bultos
funerarios de estética renacentista de los señores.
En el páramo se conservan las ruinas desvalijadas de la Granja,
un antiguo priorato románico muy menguado por la rapiña.
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