Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 ALAR DEL REY (PALENCIA)  
Esta villa de origen ilustrado, cabecera y puerto del Canal de Castilla, toma su nombre de una leyenda vinculada a la astucia del conde Fernán González, quien supo embobar a Sancho el Gordo con el señuelo de un azor que valió la independencia de Castilla
 La quimera del mar
ERNESTO ESCAPA
  Aunque a veces ha llegado a decirse, con desparpajo volandero, que Alar es el único pueblo de la montaña palentina que carece de vestigios románicos, tampoco es eso. Aunque no importaría en exceso que así fuera, dado que sus principales atractivos pertenecen a la órbita de la modernidad. Y ésta sí es una novedad relevante ...
    ... en un territorio sembrado de templos medievales. Pero los adornos de Alar no son convencionales.
  Empezando por el nombre, que resulta uno de los más eufónicos del nomenclator nacional. Aunque se trate de un lugar tardío, como sucede casi siempre entre nosotros con las novedades.
  Vayamos por orden. Si uno maneja cinco libros, cada cual suelta la fecha que mejor le cuadra para el regio bautismo de Alar. Y eso que fue como quien dice anteayer. Lo más sensato es pensar que la nueva población se estableció en la cabecera del Canal de Castilla una vez que se concluyó el ramal del norte y hubo que atender al negocio de las mercancías que pasaban por su puerto fluvial. Será entonces, a partir de 1791, cuando vayan levantándose las primeras casas y los almacenes de la dársena.
  Aunque seguramente los primeros intentos de asentamiento serían anteriores. Lo cierto es que de todas las nuevas poblaciones implantadas en torno al canal, Alar es la única que ha llegado hasta hoy.

Dársena del Canal de Castilla con los almacenes decimonónicos, ubicada en la localidad palentina de Alar del Rey. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
   LAS NUEVAS POBLACIONES
   El tiempo y las sucesivas guerras decimonónicas derrotaron a los otros siete núcleos de los que tenemos constancia. En algún caso, como ocurre en Sahagún el Real, junto a Paredes de Nava, quedan la iglesia, los almacenes y los vestigios de un caserío segado por los cimientos.
   Pero Alar enseguida se convirtió en la estación término que enlazaba el canal con una línea de ferrocarril que fue la tercera en entrar en funcionamiento de España. Y por esa vía se daba salida al trigo y a las galletas hacia los mercados cantábricos y ultramarinos. Ese enlace pionero sembró de prosperidad harinera la Tierra de Campos y la montaña palentina de fábricas de galletas.
   Los ilustrados, que eran gente que pisaba el terreno sobre el cual proyectaban, pronto vieron que el trazado del canal por el puerto hasta Reinosa
  Guia  
 COMO LLEGAR
Alar del Rey se encuentra en la N- 610, entre Herrera de Pisuerga y Aguilar de Campoo.
 DONDE COMER
En Alar del Rey, La Cueva (979 133 066). En Aguilar de Campoo, Gure Etxea (979 122 211) sigue siendo uno de los templos gastronómicos de la montaña palentina.
 TURISMO RURAL
En Alar del Rey, Alas del Rey (979 133 638). En Santa María de Mave, Hostería el Convento (979 123 611) y Casa el Mochuelo (979 181 011).

Monolito del inicio del Canal.
resultaba inviable. Así que tendieron para el enlace una de las primeras líneas de ferrocarril, que también contribuyó a la pujanza del carbón.
   Castilla y León, que eran el granero de España, estaban aprisionadas por un cíngulo de montañas que encarecía enormemente el transporte de sus producciones a los mercados exteriores. Un problema tan viejo que su denuncia ya consta en el pliego de reclamaciones planteadas por los procuradores castellanos a Carlos V pidiendo la construcción de un canal para el transporte y el regadío.
   Con estos precedentes, Alar se convirtió en eficaz lanzadera de los productos agrícolas hacia el exterior. Las obras del Canal concluirían en la dársena de Medina de Rioseco en 1849.
  Y diez años después su recorrido aparecía sembrado de molinos, fábricas de harinas, papeleras o batanes y transitado por una flota de más de trescientos cincuenta barcos. Toda aquella actividad repercutía directamente en la dársena de Alar, que empezó a poblarse de almacenes y viviendas.
   A la altura de Alar, el Pisuerga se desahoga en un meandro de las apreturas que trae desde Aguilar. Y los fértiles terrenos de esta curva del río habían pertenecido secularmente a las monjas de San Andrés de Arroyo, que tenían en este término molino, batán y una pesquera para las truchas.
  Cuando las dificultades orográficas y financieras rebajaron los sueños ilustrados, renunciado a proseguir el sangrado del canal hasta Reinosa, la corona adquirió la vega de las monjas para asentar la población de cabecera.
  EL MUELLE DE LA PROSPERIDAD

  La vía del ferrocarril divide el pueblo moderno, que se extiende hasta el río, del núcleo del canal. Antes de cruzar el puente sobre el Pisuerga, una composición escultórica pone el acento en la tradición de los descensos del río en piragua, mientras un monolito vecino atribuye la gesta a un ignoto gobernador civil.
  En la parte nueva llama la atención una iglesia neorrománica que en su portada exhibe algunos restos traídos de la ermita de Villela. Se hizo de dos veces y los remates no hacen justicia al vuelo del arranque. Lo más llamativo es la torre, obra de un albañil del pueblo, que se adosó con posterioridad.
  Pero donde Alar del rey hace justicia a la belleza de su nombre es en el enclave de la dársena. Desde allí conviene pasear hasta la toma del río, que es un lugar arbolado y hermoso.
  Un monolito reciente, conmemorativo del bicentenario, supone una invasión de mal gusto en este espacio de quietud y civismo. Luego, entre la primera retención y el muelle de la dársena, se despliega la mesura y el orden de las construcciones canaleras.
  A la izquierda del puerto fluvial asoman los sillares de la cárcel de penados, una robusta bodega usada en tiempos pacíficos para madurar los quesos.
  Y enfrente, dominando con su perfil de sierra el espejo del agua, las doce naves adosadas, ya con los tejados hundidos. Unos bloques modernos de arquitectura mezquina rompen el trazado regular de las construcciones del canal.
  Para acercarse a la oficina de información, que está al otro lado, hay que jugarse el tipo pasando junto a una de las casas de la Confederación Hidrográfica del Duero, que anuncia con carteles y grietas su peligro de derrumbamiento. Pero no hay otro camino.
  El edificio lleva meses con las vallas de cautela y los letreros esperando que las inclemencias del invierno hagan el resto. Una vez en la casilla de información, la amabilidad del encargado y su entusiasmo compensan con creces el trago.

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