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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| LOIS (LEON) |
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| Este pueblo recóndito sorprende con la monumentalidad de su catedral de mármol,
a la que arropa un palacio ricamente blasonado. También tuvo una cátedra de latín
conocida como la universidad de la montaña. Fue el legado de tres obispos y un indiano |
| La catedral de los mastines |
| ERNESTO ESCAPA |
| Ala entrada de Lois, ya
con el pueblo al alcance de una mirada cercana, una encrucijada de
caminos invita a detener el paso para contemplar la primera estampa
de este pueblo cabecero del valle. Hasta él se llega por una carretera
estrecha de montaña que va enhebrando sus ocho kilómetros entre hoces y
escotaduras calizas ... |
... ensartadas
con algún alivio de praderío verde y arbolado. Un circuito de montañas
abriga el horizonte, que sólo se abre por el collado de Anciles, hacia
la derecha.
El cuenco de los pastos trepa las laderas desde la orilla
del río Dueñas hasta los matorrales de brezo y escobas que dan paso
a los bosques de hayas y robles abrazados al arranque de las peñas.
A esta distancia, la estampa de Lois en su anfiteatro natural
parece la de siempre. Se impone sobre el conjunto la silueta poderosa
de su iglesia catedralicia. También asoma, entre la elevación del
templo y la hendidura arbolada del río, la proa sillar del palacio. Es como
si nada hubiera cambiado de visita
a visita, al cabo de una docena de
años. Y eso resulta extraordinario.
La monumentalidad
de la catedral de la montaña desborda la escala doméstica
de Lois. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
Se ve que en este caso surtió efecto su declaración como
Conjunto Histórico a mediados de los noventa. No obstante, pasado
el primer entusiasmo, las pupilas detectan, además de alguna inevitable
estridencia pictórica, una ausencia importante. Ya no saluda desde
la torre el abedul caído del cielo.
Cuando se acometió el arreglo de la catedral de mármol, hace
diez años, una de las primeras medidas propuesta por los técnicos
fue talar aquel árbol crecido en la torre que subía mucho más alto
que la cruz de la veleta. Sin entender su simbolismo para la gente
de Lois.
A la vista de cómo llegaron a encenderse los ánimos, se optó
por arrancarlo con mimo para trasplantarlo al patio de la iglesia.
Sin éxito, supongo, porque en mi reciente visita ya no lo vi por allí.
Así que se ha perdido el tótem vegetal de este pueblo montañés.
LA PALIDEZ DEL ABEDUL
Parecerá una extravagancia, pero la catedral de Lois,
declarada Bien de Interés Cultural hace catorce años, ya no es la
misma sin la blanca palidez del abedul de ramas desmayadas agitando
la sombra apacible de sus hojas.
Es verdad que el templo se había convertido en un colador de
humedades. Por si fuera poco semejante quebranto, el último día de
enero de 1985 unos cacos nocturnos desvalijaron el tesoro de plata
y marfil guardado en la sacristía desde
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| Guia |
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COMO
LLEGAR
Hasta la localidad de Lois se accede tomando el desvío
indicado en la carretera N-621, entre las poblaciones de Crémenes
y Las Salas.
DONDE COMER
En Las Salas, en el Restaurante Las Pintas (987 710 833). En
Crémenes, en el Restaurante Huelde (987 711 005). En Horcadas,
en el Restaurante Peñalba (987 740 777).
TURISMO RURAL
En Lois se encuentra La Catedral de la Montaña (987 710 801).
En Salamón, La Hospedería (987 710 806). En la localidad de
Las Salas, La Vegalión (987 710 907) y Tía Amparo (987 710 833). |
Curso helado del río Dueñas. |
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mediados
del siglo dieciocho. Así que cuando llegaron las brigadas del remedio,
los escasos vecinos de Lois no tuvieron más salida que apurar su
indignación de un trago.
El recinto que preside la iglesia, peraltada sobre un talud
de piedra, convoca a su alrededor lo más interesante del pueblo.
Bordeando la plazuela hacia el río, se extiende el palacio dieciochesco
de los Acevedo, recuperado para el uso en la parte del torreón.
Es treinta años posterior al templo y hace alarde de escudos y leyendas.
Su vecindad sirve para ponderar los efectos de la restauración
aplicada a la iglesia. Un raspado inclemente de su rosácea piel
de mármol dejó el templo blanquecino y demacrado, sin la pátina
que da lustre a los muros palaciegos.
Esa mala cara que le quedó a la iglesia se atribuyó al principio
a la maldición del abedul, que antes de ser arrancado habría inyectado
su palidez a los sillares de mármol. En cualquier caso, ha sido
una penosa mudanza, supongamos que efímera.
Estas joyas dieciochescas plantadas en un pueblo recóndito
testimonian la generosidad de sus hijos dispersos por el ancho mundo.
A lo largo de aquel siglo ilustrado Lois llegó a contar con tres
obispos y más de un indiano dadivoso, que pusieron en marcha una
cátedra de Gramática Latina que se acreditó como la auténtica universidad
de la montaña.
El viejo edificio de la preceptoría acoge ahora un centro
social para los escasos vecinos que aguantan el invierno en el pueblo.
Pero Lois no surgió en el siglo dieciocho.
Un novelista clerical de la zona, el canónigo don José González,
bautizó a Lois en sus ficciones como Lutosa, que perfectamente podría
traducirse por lodazal.
A primera vista no lo parece. Pero ya se sabe que la toponimia
es ciencia que hunde sus raíces en lo más remoto y nadie podrá asegurar
que durante las glaciaciones el verde cuenco que ocupa Lois no fuera
una charca.
EL CALDERO DE BRONCE
Viniendo más acá en el tiempo, sí hay constancia de que los
romanos explotaron en estos parajes minas de cobre y cinabrio, que
algún iluminado trató de rescatar sin éxito durante la última posguerra.
Un caldero de bronce correspondiente a aquel laboreo romano
apareció en la mina de la Llorada para recalar definitivamente en
el Museo de Santander.
También los museos de León guardan varias lápidas vadinienses
del siglo tercero. El Libro de Montería del rey Alfonso XI ponderaba
la riqueza en osos de sus parajes.
Hasta hace cinco años Lois conservó una joya etnográfica
conocida como la Casa de los Humos. Era una caverna revestida con
el sarro centenario de haber curado incontables matanzas al humo
del hogar. Acabó con ella el peso de una nevada otoñal. El contrapunto
lo pone la decidida recuperación de las viejas casonas de piedra
rojiza.
Aunque Lois nunca alcanzó la condición de villa, son abundantes
los escudos que testimonian su nobleza. En las idas y venidas por
el pueblo impone su silueta herreriana la iglesia trazada por Fabián
Cabezas, maestro de obras de la catedral de Toledo.
El hecho de que se culminaran las obras en apenas dos lustros
le da al conjunto una unidad estilística sorprendente. Unidad que
se prolonga en los retablos y demás mobiliario litúrgico. Una visita
al interior confirma la sorpresa de una obra de época sin adiciones
ni emplastos.
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