Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 MELGAR DE FERNAMENTAL (BURGOS)  
 La ampulosidad de su nombre inscribe a Melgar entre los pueblos de encumbrada toponimia, aunque no alcanzó a poblar el sonoro poema de Miguel de Unamuno. En su caso el énfasis musical resulta del vínculo entre el solar y su repoblador
 El alivio de la amplitud
ERNESTO ESCAPA
  Melgar vale tanto para señalar las yerbas de forraje que malean los sembrados como la elevación del terreno que vigila el paso del Pisuerga. El apellido señala al conde que colonizó este resalte del páramo: Fernán Armentálezo Armentáriz. A mediadios del siglo X recibió un fuero que reforzó su asentamiento. Entonces no se apellidaba de...
   ... Fernamental, sino de Suso, que significa arriba, lo que sugiere la vecindad de otro Melgar aguas abajo. Ya entonces proliferaban las malas yerbas.
  Pero la amplitud de su nombre no es la única desmesura de esta villa aupada sobre la ribera media del Pisuerga. Asombra sobre todo en Melgar la generosidad de su traza urbana, que se prodiga en plazas sucesivas y en anchos bulevares. Tanto despliegue urbanístico no agobia el laberinto de su casco histórico, que se enrama en callejas enjutas y enrevesadas alrededor de la catedral de la Asunción.
      La Ermita de Zorita con su pórtico neorrománico se haya escondida en medio de un bello paraje arbolado. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA.
  Cerca de Melgar, en el camino de Burgos, está Villasandino, el pueblo del poeta rijoso y descarado cuyos versos sonrojan el Cancionero: “Por ser señor de Logroño, / non deseo otro provecho / si non foder coño estrecho / en estío o en otoño”.
  A medio camino entre ambos se encuentra Padilla de Abajo, solar de la arrebatadora María de Padilla, la reina de Astudillo.
  Con apenas diecisiete años trastornó al rey Pedro I de Castilla, que también era un pipiolo, y juntos vivieron una de las pasiones más encendidas y delicadas del accidentado medievo. Sólo las monjas clarisas de Astudillo hablan de ella con admiración.
  Aquel abrasado idilio puso enfrente del rey a la nobleza castellana, a las coronas vecinas, a su madre y hermanos aliados con la reina abandonada, e incluso al mismo papa de Avignon. Siempre justifica un rodeo el homenaje a tan altas pasiones.
   La horizontalidad de Melgar tiene un par de faros que orientan al viajero en el paseo por sus calles. El primero es la iglesia de la Asunción, un templo grandioso que prolongó su construcción desde fines del quince hasta bien consumido el dieciséis.
  Guia  
 COMO LLEGAR
Melgar de Fernamental se encuentra en el límite de Burgos con Palencia. La cruza la N-120 y a su lado discurre la autovía del Camino de Santiago.
  DONDE COMER
En Melgar, restaurante Concha (947 372 013), restaurante Leo (947 372 002), mesón Las Vegas (947 372 280) y mesón del Pisuerga (947 372 044).
  TURISMO RURAL
En Melgar, Casa Abánades (657 837 236). En Padilla de Abajo, Crisal (947 372 302).

Torre de la ermita de Santa Ana.
  Al exterior descuella la torre maciza rematada por una cúpula sin mucha gracia. Sus dimensiones resultan tan grandiosas que en una provincia de templos catedralicios como la burgalesa puede afirmarse sin excesivo riesgo que en este orden del tamaño sólo la supera la misma catedral.
  LA CATEDRAL DEL PISUERGA

  La iglesia de la Asunción cuenta con tres portadas y fue proyectada con dos torres gemelas. La mejor de sus entradas es la que asoma a mediodía, ilustrada con motivos pasionales y eucarísticos. La de los pies padeció los efectos de la construcción de la torre vecina y la del norte es justamente conocida como la del frío.
  A veces incluso en plural, para remarcar su exposición desabrigada a los fríos. Sin embargo, es hacia el norte donde la plaza amplía la perspectiva, que regala una armoniosa panoplia de pináculos y torrecillas coronando la estancia sombreada de plátanos.
  El interior es de tres naves y de una amplitud vaticana. El diferente estilo de los pilares que sostienen las bóvedas inalcanzables revela su calendario constructivo: fasciculados, los de la cabecera, que son de fines del quince; cilíndricos, los del cuerpo de las naves, del dieciséis; y cajeados, del diecisiete, como la torre, los de los pies. También las bóvedas muestran el tránsito de los gustos: las hay de desnuda crucería pétrea y adornadas con yesos barrocos. Los elementos más llamativos son el retablo mayor, la colección de sepulcros repartidos por el templo y la sillería del coro, que resulta espectacular.
  Lo curioso es que coincidan en la pinacoteca de la sacristía retratos tan contrapuestos como el del Venerable Palafox, que llegó a obispo de Puebla en Méjico, y el del melgarense Luis Martín, general de los jesuitas a fines del diecinueve. Palafox, protegido por Carlos III, se las tuvo tiesas con los seguidores de San Ignacio, llegando a excomulgar a quienes fueran a confesar con ellos. Se la guardaron y nunca subirá a los altares.
  Menos mal que un siglo separó sus caminos. El retrato del jesuita, que tiene un monumento en una plazuela, es de Dióscoro Puebla, artista decimonónico también hijo del pueblo.
  LA AVENTURA DE ABANADES

  En torno a la iglesia se agrupan varios palacios de traza tan severa como hermosa. La consejería de Fomento está ultimando la restauración de la casa solariega de los Palazuelos Emperador para Museo Etnográfico y sede de la Fundación Agropecuaria de Castilla y León.
  Al otro lado de la calle, haciendo esquina con la plaza de la iglesia, se extiende la fachada de la Casa del Cordón, un palacio señorial del dieciséis habilitado más tarde como hospital de peregrinos. No son los únicos ejemplos de un señero repertorio de buena arquitectura civil.
  La plaza de España reúne alrededor de la ermita de Santa Ana, coronada por el reloj y un Sagrado Corazón con los brazos abiertos y convertida en centro cultural, otro buen conjunto arquitectónico. Descuella el palacio municipal, del siglo dieciséis.
  Los soportales de San Antón y los del antiguo Herradero dan testimonio de la prosperidad agropecuaria.
  En las afueras y protegida por un paraje arbolado se encuentra la ermita de Zorita, a la que se adosó un pórtico neorrománico tallado por el artista local Emigdio López Terradillos. También un merendero de cofrades construido con la piedra sobrante de la arrasada iglesia San Carlos de Abánades.
  Pero la aventura de Abánades, con su espectacular acueducto de cinco ojos para el paso el Canal de Castilla sobre el río Valdavia, bien merece otra ruta.
  Los vecinos de Melgar nunca aceptaron la imposición de aquel enclave del despotismo ilustrado en las mejores tierras de la vega del Pisuerga. En cambio, aceptaron de buen grado la prosperidad de la Real Fábrica de Curtidos. Los vestigios de aquel sueño se reparten por la ribera del río.

La cresta del bosque Cortes (Burgos) Orillas del Cea Melgar de Arriba (Valladolid)
El capitel de las monjas San Pedro de las Dueñas (León) El hayedo de Rivacote Montes Obarenes (Burgos)
La cuna del mudejarillo Fontiveros (Ávila) El refugio del filósofo Castrobol (Valladolid)
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