 |
| INDICACIONES
DE CALIDAD |
|
REPOSTERIA
|
|
| El Mirador, en Sepúlveda,
es el primer obrador artesanal de la provincia con una oferta amplia
de postres sin azúcar de caña, con pastelería
tradicional y para dietas hipocalóricas |
Dulces también
para diabéticos
TERESA SANZ |
Elaborar postres sin azúcar con el mismo
aspecto y sabor de la repostería tradicional, es
harto difícil. El azúcar es el ingrediente por
excelencia que, además de endulzar, confiere un
aspecto característico a los postres. Un tocinillo de
cielo sin azúcar se rompe al desmoldarlo. Lo mismo
sucede con una...
... tarta de queso, o de manzana, y no digamos ya
con las magdalenas o las clásicas pastas de pueblo que no adquieren
sin el azúcar el volumen habitual.
La dificultad de trabajar sin azúcar de caña en
el mundo repostero hace que la oferta sea muy limitada.
En España, de cada mil personas, sesenta son diabéticos.
Y la cifra crece a partir de los sesenta años debido a los malos hábitos
alimentarios.
Pese al dato creciente de diabéticos, la repostería artesanal,
también cada vez más escasa, no había ofertado hasta ahora una gama
de postres adecuados y atractivos para quienes padecen la enfermedad,
caracterizada por un exceso de glucosa en la sangre. |
En la provincia
de Segovia, Sepúlveda cuenta desde hace un par de meses con el primer
obrador artesanal que compagina la pastelería tradicional con la pastelería
dirigida a diabéticos y especialmente atractiva también para las dietas
hipocalóricas.
Yolanda Buzón heredó de su familia el gusto por la cocina
y la buena mano. Recuerda con orgullo las hazañas culinarias de su
abuela y sus tías, pertenecientes a una generación sufrida de posguerra
que, con ingredientes irrisorios,rrisorios, lograban productos extraordinarios.
Yolanda guardaba recetas familiares y un día,
en 1997, crecidos sus hijos, decidió que la cocina de su casa se quedaba
parva. Abrió un pequeño obrador y desde hace cuatro años cambió aquel
primer despacho por el actual, situado junto al Ayuntamiento. Se llama
El Mirador, porque mientras Yolanda trajina en el minúsculo espacio
repostero, observa el valle de Sepúlveda y el paso de las aves.
|

Entre las delicias que se preparan
en el obrador segoviano El Mirador se encuentran tartas para
diabéticos y dulces artesanales de todo tipo. / FOTOS:
FERNANDO PEÑALOSA |
Las vistas
de su Mirador inspiran una repostería artesana, solidaria y exquisita.
No paró Yolanda en las recetas que tenía y quiso indagar
en la repostería sin azúcar para endulzarle la vida a quienes el azúcar
les está prohibido.
POLIOLES
Había hecho varios intentos para lograr productos de aspecto
atractivo. «Las altas temperaturas del horno no permiten la utilización
de sacarinas o espartamos porque siempre tienen un regusto amargo
final», apunta como quien ha reflexionado mucho sobre ello.
«Había que conseguir un sabor y una forma igual que los
productos elaborados con azúcar de caña. Tampoco servía la fructosa,
que tiene el mismo aporte calórico», explica.
Fue entonces cuando Yolanda empezó a trabajar con polioles,
un producto derivado del almidón, de carbohidratos, leche y cereales.
El edulcorante artesanal, con la misma textura y el mismo sabor que
el azúcar de caña, ha permitido el «milagro» de dar forma y aspecto
idéntico a los dulces que sí contienen azúcar.
Así, los productos tradicionales, como las tartas, las
pastas flora, el flan de queso, los pastelitos, los pedruscos o los
mantecados, han logrado duplicar sus fórmulas, manteniendo la doble
versión: la versión original y versión para diabéticos.
Como los buenos artesanos, poco necesita esta pastelera
para elaborar sus dulces.
Dos hornos, una termomix como la de algunas casas y un robot,
sirven para crear su Torta de San Miguel, (registrada) con anís en
grano, nueces y aceite de oliva. En versión original y versión diabéticos.
El espacio se llena de olores al mismo tiempo que salen de los hornos,
pastelitos, pedruscos, tartas y mantecados.
O las pastas Flora, tradicionales de Sepúlveda, con forma de
estrella, hechas de yema, manteca, zumo de naranja y harina. Sin azúcar
que impida que las tomen los diabéticos y reduciendo las calorías
para los amantes de las dietas.
Una cata de los flanes de queso no permitiría reconocer cuál
de las tartas está elaborada con azúcar y cuál con polioles, el sustituto
artesanal que se obtiene de derivados de almidones, carbohidratos,
leche y cereales.
También las magdalenas y el bizcocho de limón y manzana han
hallado sus dos versiones: para golosos y diabéticos, sin distinguirse
una de otra.
TARTA CON NATA Y CHOCOLATE
Ahora, anda Yolanda investigando una nueva tarta que contenga
nata y chocolate para diabéticos. «Es una ilusión y un reto», señala.
No le importa la dificultad. Capaz de trabajar dieciséis horas
en su obrador con vistas, indaga y halla nuevas fórmulas.
«Hasta que di con los polioles me costó mucho y luego
fui probando tiempos en el horno hasta lograr el aspecto que quería
para los postres sin azúcar», explica.
No tiene familiares diabéticos, pero se acordó de ellos en
una visita al hospital. Fue antes de Navidad. «Ya andaba yo dando
vueltas a los postres sin azúcar y pensé que, en un obrador, tienen
que hacerse dulces para todos; para golosos que pueden serlo y para
diabéticos que no encuentran habitualmente un postre artesano», dice.
Los polioles encarecen el producto. «Alrededor de dos
euros más cuesta medio kilo de magdalenas sin azúcar que con ella»,
dice.
Una tarta de queso cuesta en versión original azucarada,
4,50 euros, dos euros más en su versión diabéticos. La nueva pastelería
sin azúcar atrae también a quienes se preocupan por los kilos de sobra.
Por ejemplo, un gramo de azúcar tiene cuatro calorías.
Un flan de queso de cuatro huevos tiene ciento treinta calorías, que
multiplicarían ese número por cuatro si llevara el ingrediente del
azúcar en lugar de polioles.
Cuando le preguntan a Yolanda si es rentable elaborar
postres para diabéticos, ni lo duda: «a mi me gusta poder satisfacer
a quien quiera saborear dulce sin azúcar. ¿Rentable?, creo que no.
Sepúlveda es muy limitado, y ni los visitantes de fin de semana aseguran
el negocio».
Pero Yolanda sabe que no está muy lejos el día que en los restaurantes
de una provincia eminentemente turística empiecen a abundar los postres
para diabéticos. O para gente que, después de comer cochinillo o cordero,
no quiere seguir sumando calorías. |
|
|
|