Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 CABEZON DE PISUERGA (VALLADOLID)  
 El puente de Cabezón fue tránsito obligado para reyes y viajeros de todas las épocas, desde el medievo hasta mediados del siglo XIX. Pero la historia de esta villa ribereña, que dio el relevo de notoridad a Valladolid, ni empieza ni acaba en esas fechas
 El vado de los vacceos
ERNESTO ESCAPA
 El tramo vallisoletano del Pisuerga, que discurre entre Valoria y el encuentro con el Duero, a la vista de Simancas, entretiene su andadura en un vaivén de meandros muy pronto colonizados, como demuestran los lugares de interés arqueológico repartidos en sus márgenes. El río zigzaguea por un valle amplio que se extiende entre los ...
   ... páramos de Torozos y del Cerrato. Sotos prehistóricos, villas romanas como la de Santa Cruz y granjas monásticas. En este escenario no resulta extraño que los ensoñadores hayan imaginado una remota cartografía que la historia desmiente. Aunque tampoco es necesario tensar tanto la cuerda de los siglos.
  A los pies del cerro de Altamira, que domina el caserío de Cabezón, el caudal del Pisuerga se extiende hasta necesitar un puente de nueve arcos para salvar la corriente. Está ubicado en el mismo lugar donde hubo desde siempre un vado natural vigilado para cruzar el gran río. A la altura del siglo décimo el Pisuerga marcaba la frontera entre el reino leonés y el incipiente condado castellano. Por eso el poblamiento altomedieval de esta campiña se articuló en torno a dos pasos del río, Cabezón y Simancas. Otro castillo, el primitivo de Trigueros asentado en el cerro de la ermita mozárabe, completaba el dominio de la campiña.
      Monumental puente de nueve ojos que perpetúa el paso tradicional del Pisuerga, en la localidad vallisoletana de Cabezón de Pisuerga. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA.
  Un siglo más tarde el conde Ansúrez, preceptor del rey Alfonso VI, fundó Valladolid como cabecera del valle, aprovechando que la frontera de la Reconquista ya se había desplazado del Duero al Tajo. La creciente relevancia de la nueva villa iría en perjuicio de Cabezón, que a pesar de todo nunca perdió su privilegio estratégico. Pasado el tiempo de las contiendas, en cuyas refriegas tanta importancia tuvo la fortaleza asentada sobre el cerro de Altamira, el icono de Cabezón es su puente monumental de nueve ojos, que ahora enlaza los dos barrios de la villa. El viaducto del Pisuerga combina en sus nueve ojos los arcos ojivales apuntados y los de medio punto. Los ojivales, que son cuatro, derraman sobre pilares redondos, mientras el resto lo hace en apoyos poligonales. El muro de sillería que soporta el acceso al puente desde el pueblo se refuerza y adorna con contrafuertes redondos muy vistosos.

   LAS ARRAS DE LEONOR
  Guia  
 COMO LLEGAR
A Cabezón de Pisuerga se accede, a través del puente monumental, desde la autovía de Castilla. También desde la ronda, siguiendo la antigua carretera de Santander.
 DONDE COMER
En Cabezón de Pisuerga, Los Toneles (983 500 317). El Ciervo (983 500 156) y San Roque (983 500 260).  TURISMO RURAL
En Cabezón, Pico el Águila (983 500 650) . En Valoria la Buena, Centro Rural Antonio Gaona (983 502 129). En Trigueros del Valle, La Casa del Valle (983 580 345) y El Atrio (983 371346).

Torre de la iglesia de la Asunción.

  Desde el puente se aprecia muy bien el perfil del cerro de Altamira, donde estuvo la fortaleza y posiblemente el templo mozárabe dedicado a Santa Olalla. Más tarde dio asiento a la iglesia románica del Manzano.
  El cabezo que deja ver la hondonada del foso excavado en el páramo dio origen al nombre de la villa. Aquel castillo dominador del paso del río albergó a reyes como Fernando I y alentó la codicia de sucesivos monarcas. El Romancero del Cid se refiere al rey leonés promotor de los mas hermosos Beatos en un verso con resonancia de epitafio: «Cuando en Cabezón moría».
  Así que también fue mausoleo. Un paso tan disputado dio lugar a frecuentes litigios y alguna cruenta batalla, como la librada con las tropas napoleónicas. Pero no conviene adelantar tanto el reloj de la historia. A pesar del tirón creciente de Valladolid, el desfile regio por Cabezón no se interrumpe. En el último tercio del siglo doce Alfonso VIII el de las Navas se casó con la princesa Leonor, hija del rey de Inglaterra.
  La corona inglesa aportó como dote al enlace el ducado de Gascuña y el rey entregó en arras la villa de Cabezón. Un siglo más tarde Sancho el Bravo obsequió el pontazgo y demás derechos de paso y explotación del río a su médico.
  Desaparecido el donante, el galeno hizo dinero la concesión, vendiéndosela a doña María de Molina, quien más tarde se la legó al convento de las Huelgas de Valladolid.
  El puente de Cabezón fue tránsito obligado para reyes y viajeros de todas las épocas, desde el medievo hasta mediados del diecinueve. En la villa platicó Carlos I con su nieto de igual nombre, el malogrado. Y no sería el último.
  El paso del río estuvo siempre muy vinculado al castillo, que garantizaba su control. Con la desdicha de la fortaleza, que salió muy averiada de la francesada, perdió la villa su principal albergue.
  Entonces empezaron a poblarse las laderas, que ahora se trata de recuperar para un parque temático vacceo, de cuevas habitadas. Aquellas viviendas trogloditas fueron voladas con dinamita hace medio siglo trasladándose sus vecinos al barrio nuevo del otro lado del río. Quedan otras cuevas muy curiosas en el Pico del Águila. Son las yeseras, que merecen una visita.

   LA CASA DE LA REINA
   La calle principal de Cabezón se llama Real del Sur y del Norte según se vaya de la minúscula plaza hacia Santovenia o en dirección al puente. Cerca del puente estuvo la iglesia del Manzano, donde oró el rey Fernando III antes de casarse en Valladolid, pero el único rastro noble en aquellas inmediaciones es un edificio sillar que asoma su pórtico al Pisuerga.
   Desde la plaza la calle del Río emboca hacia la travesía de la Constitución, donde está la moderna Casa de Cultura, que conduce hasta la plaza de la Concordia, presidida por las banderas del Ayuntamiento. Esta plazuela de la Concordia junto a la aledaña de Santa María, que tiene a la monumental iglesia de la Asunción en su centro, sí es la auténtica plaza Mayor.
   En la esquina de la calle del Río con Carretas se encuentra la única casa blasonada del pueblo, que albergó la noche del 17 de octubre de 1706 a la reina María Luisa de Saboya. Por eso se conoce como Casa de la Reina.
   El edificio no vale mucho y tampoco ayuda a su prestancia la carpintería de aluminio que enmarca sus huecos. De hecho, la desmesura de uno de los blasones, realzado por pilastras almohadilladas, parece abrumar al dintel que lo soporta. Una inscripción recuerda la estancia regia. Cerca de la esquina hay otro escudo más menudo y peor conservado, perteneciente a los Estébanez.
   La iglesia de la Asunción es un edificio de principios del dieciséis con más atractivo interior de lo que anuncia su apariencia. Conserva excepcionales retablos y tallas que permiten hacer un completo recorrido por los estilos y épocas de la imaginería castellana.


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