Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 OSORNO (PALENCIA)  
 La encrucijada de caminos propició la forja de una tradición hospitalaria que ha rendido continuados beneficios. Pero el trasiego también ha propiciado la mudanza, de manera que esta villa palentina de historia milenaria apenas luce monumentos
 El hueso de las tormentas
ERNESTO ESCAPA
 La situación de encrucijada que ocupa Osorno le ha ido dejando como herencia de los siglos testimonios materiales de todas las edades y una especial destreza para el intercambio de mercaderías y novedades. Aquellos testimonios a duras penas han alcanzado a convertirse en vestigios, porque la misma corriente que los trajo...
   ... también los aventó.
  Otra cosa bien distinta es la predisposición para el comercio y la hospedería, acreditada a lo largo del tiempo con sus artesanías del chocolate y los aperos de labranza y presente todavía en la variada oferta oferta hostelera y de mantel de paso.
  Esta condición pasajera ha sembrado los alrededores de Osorno de expresivos vestigios arqueológicos, entre los que descuella el dolmen de la Velilla, situado a tres kilómetros de la villa en el camino hacia Abia de las Torres.
  Es un túmulo funerario neolítico de enterramiento colectivo datado tres mil años antes de Cristo.
  Tiene planta circular y en su sencillez resulta curioso de ver. Ha sido preparado recientemente para la visita. El asentamiento romano que dio nombre a Osorno estuvo emplazado en los Cenizales, donde se cruzaban las calzadas que unían Palencia con Reinosa y Carrión con Sasamón. Previamente había sido castro de los vacceos.
  Los zahoríes de la toponimia, que bucean el pasado en busca de las raíces de los nombres de los pueblos, han querido traducir Osorno como enlace entre ciudades.
 Claro que tampoco en estas pesquisas hay total acuerdo. Otros prefieren señalar a la encrucijada de aprovisionamiento y no faltan los que persiguen la deriva eusquérica, de naturaleza más rebuscada. Total, para llegar a lo mismo.

      Construcción residencial modernista en el antiguo paseo del Cuérnago, en la localidad palentina de Osorno. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA.

  FRONTERA DE TIERRA DE CAMPOS
  Junto a Osorno confluyen el Boedo y el Valdavia, dos ríos que en su discurrir hacia el Pisuerga nutren el caudal con un peine de arroyos y riachuelos muy expresivos del territorio de media montaña que por aquí derrama.
  Osorno jalona la frontera terracampina. Más abajo, a la vista de su pedanía de Villadiezma, discurre el Vallarna, que desagua en Itero. Pero la vega que domina el paisaje de Osorno es primero la del Canal de Castilla y luego, más
  Guia  
 COMO LLEGAR
Osorno se encuentra en cruce de la N-611 con la N-120 y a su lado discurre la autovía del Camino de Santiago.
 DONDE COMER
En Osorno, La Campana (979 817 261), El Surtidor (979 817 052), Los Chopos (979 817 345), Plaza (979 817 033) y El Navío (979 150 210).
 DONDE COMPRAR
Roscas típicas y confitería en Repostería Mariano (979 817 058).
 TURISMO RURAL
En Villaherreros, La Pequeña (979 880 748). En Melgar, Casa Abánades (657 837 236). En Padilla de Abajo, Crisal (947 372 302).

Torre de la iglesia.
distante, la del Pisuerga, en cuya vecindad se encuentra Osornillo.
  El trasiego de caminos propició la forja de una tradición hospitalaria que ha rendido continuados beneficios a la villa. Un abate de Cardeña agradecido por el auxilio de los vecinos en un trance comprometido donó a la iglesia de Santa María la Antigua, que fue el nombre primitivo de la actual parroquia, un hueso milagroso procedente del relicario monástico.
  Los alrededores de Osorno se han dedicado desde siempre al cereal, como testimonian los palomares que jalonan su horizonte y remacha la eminencia del silo. Un terreno agraciado con pocas lluvias hacía muy laborioso el proceso de maduración del grano. Y para colmo el pasillo natural de la encrucijada repercutía en el embudo de los cielos, de manera que por menos de nada las tormentas derivaban en pedrisco.
  El trazado del Canal de Castilla por su término alivió la sed del terreno. Aunque las acequias de riego tardaron bastante más y llegaron cuando la emigración ya había diezmado los brazos del campo. Más precoz fue el remedio contra los nublados. El huesecillo traído de Cardeña y perteneciente a uno de sus mártires enseguida se mostró eficaz para alejar las tormentas.
  Así que cuando se acerca el tiempo de recolectar y el cielo se pone sombrío, el labriego que más cerca esté del pueblo corre a la iglesia y da un repique que es la contraseña para reunirse en el atrio. No falta nadie a la llamada del toque, así esté cada cual en la faena, recogido en casa o dándole al naipe.
  Hecho el cónclave ante la puerta que mira a Tierra de Campos, el cura saca la urna con el hueso del santo y lo muestra desafiante a la amenaza del nublado. Allí permanecen hasta que pasa la tormenta sin derramar una piedra en Osorno. El osornense César Alonso de los Ríos recuerda el dicho de los pueblos vecinos cuando ven que se acerca la tormenta: «Ya sacaron los de Osorno el hueso».
  Pero a lo largo del tiempo no siempre ha sido todo tan fácil. Veces hubo en que un curilla instruido consideró la ceremonia pura superchería, con tal mala fortuna que el pedrisco arruinó la cosecha.
   ESQUINAZO BLASONADO

  La iglesia de la Asunción y el ayuntamiento son los dos edificios que presiden el caserío de Osorno. El templo actual es el resultado de sucesivas intervenciones, que han ido incorporando a la mezcla elementos medievales y otros modernos. La portada, protegida por un pórtico rematado con yeserías, es barroca, ya del dieciocho. La capilla mayor, aislada por una verja de mérito, es de principios del dieciséis y muestra un vuelo de bóvedas muy airoso. El retablo lo corona un calvario gótico y en la penumbra destaca una pila románica. El órgano exhibe una abundante trompetería.
  Con todo, la pieza de más aprecio es la Virgen románica de Ronte, que se apareció a un pastor disimulada en una higuera. Su ermita está a las afueras y convoca una animada romería. Por fuera destacan los pináculos que adornan la cabecera, donde luce el blasón de su patrocinador el conde de Osorno. También se ve un arco ciego de la primitiva entrada románica, hecho migas por el azote de la intemperie.
  Como pueblo de paso, Osorno contó con buen número de ermitas. La de la Piedad fue humilladero y marcaba uno de los confines de la villa hasta que la estación del tren tiró del caserío en esa dirección. Conserva un esplendoroso artesonado mudéjar. Quedan otras más, pero desaparecieron las de San Adrián, la de Santa Marina para hacer sitio al camposanto, y la de Rocamador, cuya piedra se aprovechó para levantar a medias la torre de la iglesia.
  El palacio de los condes luce su esquinazo blasonado sobre la plaza en pendiente. Ahora es ayuntamiento. En lo que fue el cuérnago, se alinean un edificio modernista con templete aéreo, de indudable nobleza, y el casulario reciente de un próspero industrial que convirtió la herramienta de su apellido en desmedida veleta. Desde Osorno paga el tiro acercarse al acueducto canalero de Abánades.

La cresta del bosque Cortes (Burgos) Orillas del Cea Melgar de Arriba (Valladolid)
El capitel de las monjas San Pedro de las Dueñas (León) El hayedo de Rivacote Montes Obarenes (Burgos)
La cuna del mudejarillo Fontiveros (Ávila) El refugio del filósofo Castrobol (Valladolid)
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