Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 OLLEROS DE PISUERGA (PALENCIA)  
 Sobre el borde de la cordillera emerge una espadaña que brota de la misma roca. Apenas un arco desnudo coronado por una cruz de piedra. Justo debajo, un pórtico señala la entrada a la más espectacular de las iglesias excavadas bajo tierras
 Una espadaña en el acantilado
ERNESTO ESCAPA
 Desde la fugacidad del paso por la carretera nacional, el viajero apenas detecta el caserío de Olleros, replegado en un badén entre pendientes. No se trata de un pueblo adornado con otros lujos monumentales que los que esconde el acantilado en sus entrañas. Ni casas solariegas ni blasones deslumbrantes, ni labores románicas...
   ... de esas que a menudo dejan atónito al paseante por la montaña palentina. Tampoco queda vestigio de la tradición alfarera que dio nombre al pueblo.
  Sin embargo, Olleros cuenta con un señuelo poderoso que antes antes o después obliga a detenerse incluso al viajero más distraído. Sobre el borde del acantilado a cuyos pies se tiende el pueblo emerge una espadaña que brota de la roca.
      Pórtico de entrada a la iglesia rupestre excavada en el acantilado rocoso, en la localidad palentina de Olleros de Pisuerga. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA.
 Apenas un arco desnudo coronado por una cruz de piedra. Justo debajo, a media ladera, un pórtico con tejadillo señala la entrada a la iglesia excavada en la peña. Este fenómeno del trogloditismo eremítico dejó nueve cuevas dedicadas al culto en la provincia de Palencia. Todas ellas en torno al Pisuerga, al Ebro y sus afluentes.
 Su estado de conservación es muy desigual. El resto se reparte por el valle cántabro de Valderredible y por el Ebro burgalés y riojano.
 En este universo del eremitismo rupestre altomedieval la iglesia de los santos Justo y Pastor de Olleros de Pisuerga es sin duda la más espectacular.
 Por dimensión, por su emplazamiento y por el magnífico estado de conservación que presenta. La otra joya de este singular conjunto es Santa María de Valverde, ya en la provincia de Cantabria.
 También cuenta con el señuelo de una espadaña asentada en monte, aunque su interior es más chaparro a la par que más rústico. Pero hecho el parangón, no conviene distraernos de Olleros.
 Antes de acercarnos al acantilado, a cuyos pies se concentra lo más atractivo del pueblo, conviene dar un garbeo por sus calles. La ermita del Rosario, también conocida como Real, ha enmascarado en sucesivos arreglos su porte románico original.
 Un banco verde apastelado, tejas de urbanización y una escalera cerámica protegida por dos barandillas endebles desvirtúan la apariencia del templo que acoge la vida religiosa del pueblo.
  Guia  
 COMO LLEGAR
Olleros de Pisuerga es una pedanía de Aguilar de Campoo situada al pie de la N-611, a seis kilómetros de la capital del municipio.
  DONDE COMER
En Olleros el bar Feli (979 122 385), da comidas caseras, raciones, bocadillos y su plato de huevos con chorizo. En Aguilar de Campoo, Gure Etxea (979 122 211). En Santa María de Mave, El Convento (979125 492).
  TURISMO RURAL
En Santa María de Mave, El Convento (979 125 492). En Valoria de Aguilar, complejo de cinco casas rurales en un edificio solariego (979123560)

Torre construida sobre una cueva.
 Un poco más adelante, la plaza alargada hace corro en torno a una fuente cuyo caño mana de un pilote poderoso, como aquellos hitos de piedra que marcaban el camino por las sierras en medio de las nevadas.
  DE PELICULA

  En el camino hacia la iglesia rupestre el viajero encuentra una torre vigía levantada sobre un peñasco que esconde en su base otra cueva. La torre es obra del diecisiete y aparece aislada.
  A su alrededor pueden distinguirse todavía algunas tumbas antropomorfas excavadas en la roca. Estas oquedades practicadas en cada peñasco han dado pie a toda suerte de interpretaciones. Hace siete años este conjunto excepcional fue escenario de parte de la película «Las huellas borradas », donde lucía la belleza madura de Mercedes Sampietro junto a Federico Luppi y Héctor Alterio. En realidad fue otra peli sobre el valle anegado de Riaño sin nombrarlo.
 En la ficción el pueblo leonés se llamaba Higueras y recibía el regreso desconcertado de un exiliado.
 La peli tuvo un premio en algún festival andaluz de medio pelo y dejó buen recuerdo en el pueblo, porque permitió a los vecinos verse en la pantalla. La última rehabilitación del entorno de la iglesia rupestre ha quitado alamares de las ventanas abiertas en la roca y en general ha pulido la pradera, donde tiene lugar cada primer domingo de agosto la Gran Paella Ollerense. Aunque parezca mentira, esta merendola cuenta con la vitola de Fiesta de Interés Turístico Regional. Hace unos años eran frecuentes las pintadas protestando por la racanería municipal a la hora de surtir el festejo.
 Ya no se ven aquellos grafitos tan ofensivos. En cambio, la restauración ha dejado en medio del camino de acceso un estarivel cuya función resulta complicado entender.
 LA CATEDRAL RUPESTRE

 La mejor hora para visitar el templo rupestre es por la tarde, cuando los rayos declinantes del sol iluminan el interior de la cueva. La persona que abre la puerta y comenta los detalles de tan singular construcción se llama Belén y está siempre dispuesta a ilustrar a los visitantes sobre cualquier curiosidad. La entrada cuesta un euro veinte.
  Aunque sin duda la primera oquedad es anterior, la traza del conjunto subterráneo responde con modificaciones a una estética de estilo románico. Al tratarse de arenisca, algunos de los apoyos tuvieron que ser sustituidos en el diecisiete por columnas toscanas.
 Todo el conjunto interior fue encalado a fines del diecinueve para echar el freno a una epidemia de cólera. románica.
 El enjalbegado se eliminó en 1952, quedando visibles en bóvedas y paredes las marcas del picado. La iglesia cuenta con dos naves rematadas por ábsides desviados hacia poniente, más una tercera cabecera.
 A la derecha, siguiendo el borde del acantilado, se extiende una sala más estrecha, utilizada como sacristía.
 La impresión de la visita no deja a nadie indiferente. Se trata de un recinto primitivo cargado de resonancias mágicas. Sobre la roca que alberga a este templo se tiende la cartografía arqueológica de Monte Cildá, uno de los baluartes de la resistencia cántabra frente a los romanos.
 Una de las hipótesis sobre el origen de la localidad de Olleros baraja el traslado de la población desde la cumbre fortificada hasta el abrigo del valle. Al otro lado del espigón corre el río Pisuerga encajado por el cañón de la Horadada.

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