Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
  VALDEHUESA (LEON)  
La instalación del Museo de la Fauna Salvaje en la solana del Porma ha rescatado del aislamiento a Valdehuesa y Rucayo, dos pueblos supervivientes del embalse
 Los brazos del olvido
ERNESTO ESCAPA
 
  La carretera hasta Rucayo, que es el pueblo donde acaba este ramal, bajo el pico Pigoz, marca los diez kilómetros y doscientos metros. Hasta el estacionamiento del Museo el firme es bueno; los cinco kilómetros restantes tienen la rodadura suelta y es frecuente la presencia de animales en la calzada, con un trazado de tobogán.
  El nombre del primer pueblo que encontramos en la ruta nos previene acerca del paisaje natural por el que vamos a movernos. Valdehuesa apenas encubre la denominación primitiva de Valle de la Osa y los naturalistas anotan las huellas frecuentes por estos pagos del animal totémico de la montaña leonesa.
  La reciente implantación del Museo de la Fauna Salvaje, erguido sobre una península que sirve como magnífico mirador sobre el embalse, se ha convertido en imán de visitantes a estos pueblos inadvertidos y aislados desde la retención de las aguas del Porma.
  El ingeniero de esta presa fue el novelista Juan Benet, que radicó su universo literario de Región en esta geografía convulsa y desmedida.
  Años más tarde, su amigo y colega Juan García Hortelano, que era funcionario del ministerio de Fomento, quiso bautizar el embalse con su nombre y así se hizo, aunque las protestas lugareñas consiguieron que el rótulo no pasara del boletín a los indicadores.
  Y sin embargo, el escritor hizo buenas migas durante su dilatada estancia en la zona. Sobre todo en Remellán, de cuya venta fue cliente toda la vida. También consiguió que un oso abatido por las brigadas del embalse se alojara disecado en el ayuntamiento de Boñar.
  MUSEO DE LA FAUNA SALVAJE

  Un kilómetro antes de llegar a Valdehuesa se alza a la derecha de la carretera una pared caliza que sirve como escuela de escalada deportiva.
  Lo más curioso del paraje son los nombres con los que se han bautizado las diferentes cordadas, que revelan algunas obsesiones ciertamente pintorescas. Antes de anegar el valle, a Valdehuesa se subía desde Campillo, hacia cuyas sombras discurre el arroyo del pueblo.
  El Museo luce al exterior una arquitectura moderna que sin embargo no da el cante en aquel entorno natural.
  Los jardines que arropan las construcciones se adornan con esculturas de animales, unas moldeadas con más y otras con ningún acierto. La visita al museo, que está muy bien montado, resulta inexcusable y no defrauda.
  A kilómetro y medio del museo en dirección a Rucayo desagua el trasvase subterráneo de agua del Curueño. En el vallejo permanece en pie sobre las aguas la iglesia que fue de Ferreras.
  Rucayo reparte sus dos barrios en la confluencia de los ríos Guería y Ferreras. La iglesia de San Miguel se construyó después de la francesada con las piedras del antiguo castillo. Tiene reloj de sol y las catorce estaciones del calvario talladas en sus muros.
  Durante el periodo de la guerra civil estuvo casi dos años evacuado. Algunas casas muestras todavía en sus muñones la huella de la contienda.
GUIA  
 COMO LLEGAR
A Valdehuesa y Rucayo se accede desde la LE-331, que comunica Boñar con el Puerto de San Isidro. El desvío se encuentra señalizado entre Valdecastillo y la presa del embalse.
 DURACIÓN
El paseo de ida y vuelta hasta el desagüe del Curueño supone tres kilómetros de marcha, que se prolongan uno más con la incursión hasta la iglesia salvada del embalse. La etapa se recorre con comodidad en hora y media. Si se alarga hasta Rucayo, hay que aligerar la zapatilla para regresar en cuatro horas.
   COMER
En Remellán, la Venta (987 741 557). En Valdehuesa, El Venado (987 735 300), La Forqueta (987 741 666) y Rte. del Museo (987 735 381).
  TURISMO RURAL
En Valdecastillo, la Casa del Cura (987 735 659).
 PUNTO DE PARTIDA
 
Un paseo muy grato y al alcance del andarín más remiso discurre entre el Museo de la Fauna Salvaje y el trasvase del Curueño. Los más intrépidos pueden alargar la marcha hasta Rucayo.
 TIPO DE CAMINO
 La ruta discurre por el tobogán que bordea los brazos del embalse, cuyas ondulaciones ofrecen perspectivas inusuales de esta zona de la montaña, en la que conviven los bosques, el horizonte de cordilleras nevadas y el elocuente sudario del agua.
Museo de la Fauna Salvaje. Jardines del museo.
Sosiego vacuno. Las escalas del paisaje.
     


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