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| ALIMENTOS
DE CALIDAD |
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SIDRA CARRAL
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Aunque el tiempo ha hecho mella
en las abundantes plantaciones de manzanos que existían en
las
riberas de León, emprendedores como Herminio Carral han sabido
sacarles todo su jugo |
La sangre
de las reinetas
MARIA JESUS MELGAR |
Pocas plantaciones de manzanas quedan ya en
las frondosas riberas de la provincia de León.
El transcurrir de los años, el mismo que ha
provocado la despoblación de los núcleos más
pequeños ha hecho desaparecer también a estos
frutales, al menos como
medio de subsistencia y modo de vida.
Aunque todavía existen emprendedores que se resisten a
perder esa tradición frutícola de la que vivieron sus padres. Es el
caso de Herminio Carral, un empresario que se ha sabido sacar todo
el jugo a sus manzanas.
Corría el año 1968 cuando este leonés, de Santa María
del Monte del Condado, cerca de la capital, en su etapa como estudiante
de Ingeniería Agrícola vio en la fruticultura una forma de vida. Su
objetivo era vender directamente las manzanas del árbol al consumidor,
sin pasar por intermediarios. La decandencia poblacional de la zona
repercutió en el negocio, pero Heminio Carral se negó a perder la
producción y buscó nuevas alternativas: elaborar sidra.
Gracías a él, León cuenta con su
propia bebida natural de manzana,
amén de la consagrada sidra del
Bierzo, o de las afamadas de Galicia,
Asturias, Cantabria o el País Vasco.
Aunque lógicamente son distintas,
puesto que la materia prima y el
proceso de elaboración varía. |
Este entusiasta de
la fruticultura elabora la sidra a partir de manzanas completamente
sanas y de calidad, tras un buen cultivo y una adecuada fertilización.
«Aunque los tratamientos son mínimos, sólo los utilizo para controlar
plagas y enfermedades, pero reduzco al máximo los pesticidas y los
agentes químicos », explica Carral.
El proceso de elaboración de la sidra natural también
sigue unas pautas rigurosas. La primera de ellas es trasladar la manzana
directamente a la prensa, para que no llegue putrefacta; la segunda,
extremar la limpieza en la fruta, para lo que Herminio Carral cuenta
con un local completamente higiénico y fresco donde elimina las impurezas
y gérmenes nocivos que puedan contener. Comienza pues el triturado
de la manzana para obtener una pulpa uniforme, y pasa directamente
a la prensa, para evitar que las pulpas expuestas al aire se vuelvan
oscuras y el tanino se insolubilice. Es entonces cuando se somete
a la presión correspondiente y se libera el mosto.
El líquido obtenido se lleva a los depósitos de acero |

Herminio Carral escoge las manzanas
con las que luego va a elaborar la sidra que produce en San María
del Monte del Condado, en León. / FOTOS: MAURICIO PEÑA |
inoxidable para que
fermente, o lo que es lo mismo, desdoble el azúcar en alcohol y en
anhídrido carbónico. Al cabo de cuatro o cinco días y con una temperatura
de doce a catorce grados, comienza la fermentación de forma rápida
y tumultuosa que dura entre ocho y diez días.
Terminada la fermentación tumultuosa y cuando la densidad
es de 1003 gramos por litro se somete a un trasiego, eliminando las
borras de fermentación que se han depositado en el fondo de los toneles.
Es a partir de ese momento cuando se produce la fermentación complementaria
o lenta, que conviene sea a tremperatura lo más baja posible, para
obtener una sidra con mayor frescura y fragancia. «Esta segunda fermentación
se produce desde enero a mayo, que reposa, y en junio se embotella»,
señala Hermino Carral.
Es entonces cuando de los depósitos, a través de mangueras,
se pasa directamente el líquido a la llenadora de botellas, sin agitación,
para aprovechar al máximo el carbónico obtenido en los toneles durante
el periodo de reposo. Tras el corchado los vídrios se depositan apilados
en doble columna y a una temperatura de doce a trece grados, sin moverse
hasta su consumo.
La sidra natural que Carral produce es bien distinta a
todas las demás que se elaboran en el norte de España. Mientras que
la de León posee una acidez total de 4,5 gramos por litro, con un
aroma suave, trasparente y fino paladar, con la especial característica
de la aguja natural, por lo que considera una sidra de mesa que no
necesita escanciado. Su grado alcoholico es de siete en volumen.
«En cambio la asturiana cuenta con una acidez de 7,5 grados
por litro, no tiene aguja o muy poca, y su grado alcoholico es de
cinco», apunta Herminino Carral.
La sidra de León mantiene los carbónicos perfectamente
en una copa de champán y es ideal para tomarla en mesa, con un buen
menú compuesto por entrantes, mariscos y pescados, o con carnes a
la plancha o a la brasa, además de con postres, ya que es una bebida
que puede sustituir al cava.
Se recomienda servir fresca, entre ocho y diez grados de temperatura,
para obtener su óptimo grado de sabor. Aunque la producción de Carral
es limitada, –unas 18.000 botellas anuales–, esta sidra natural leonesa
puede adquirise desde cualquier punto del país a través de su página
web (www.sidracarral.tk) aunque también distribuye en prácticamente
toda Castilla y León, en Asturias y Extremadura.
Sidra Carral se ha constituido como una empresa de artesanía
alimentaria que únicamente trabaja con materia prima de la mejor calidad
y con una amplio abanico de variedades, entre ellas la reineta blanca
de Canadá, la parda, belleza de Roma, montoto, mingan, golden delicious,
starking y otras autóctonas sin identificar.
La recolección de las manzanas de mesa se hace directamente
del árbol al consumidor. «El cliente visita la huerta durante el verano
y elige el manzano que prefiere, se reserva y en el mes de octubre
vuelve para coger el mismo la fruta», relata Herminio Carral. |
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