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EMPRESA
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| La quesería familiar de
Celestino Arribas puede presumir de la tecnología más
avanzada con la que elabora cuajadas, yogures, queso en aceite, curado
y semicurado y requesón |
Lácteos
que rompen moldes
TERESA SANZ |
En
Escalona del Prado, un pueblo de seiscientos vecinos, la Quesería
de Celestino Arribas rompe moldes. De carácter familiar, la empresa
que nació el año pasado, puede presumir de la tecnología más avanzada
para una industria artesanal. Cuajadas, yogures y quesos de oveja
curados o semicurados...
... son, junto al exquisito requesón, los productos
que comercializa la nueva firma.
Celestino Arribas se dedicó siempre a la ganadería y a su madre
siempre se le dieron bien los quesos y los postres lácteos. «Los vendía
como se hacía antes en los pueblos », señala María del Mar Gómez,
esposa de Celestino y gerente del negocio.
La familia tiene dividido el trabajo y claramente asignadas
las funciones. Ella se ocupa de dirigir la producción de la fábrica,
junto a Darío, el menor de los tres hijos yel más formado en la elaboración
de los lácteos. A Celestino le echan
una mano con la ganadería Jacobo
y Héctor y todos juntos, arriman
el hombro cuando se necesita. |
El rebaño de ovejas,
con setecientas cabezas, vive en el mismo pueblo, a las afueras de
Escalona, en el sur de la Comunidad.
El queso se fabrica un día a la semana. Tres días se dedican
a la cuajada; entre medias el requesón a demanda. Los fines de semana
señalados han de repetir cuajadas, requesón y hasta yogures y el éxito
de los quesos, hace que la fabricación de éstos no se detenga, para
que siempre haya quesos en curación.
La idea de crear la fábrica fue de María del Mar y su
puesta en funcionamiento ha permitido a la familia poder seguir viviendo
y trabajando en el medio rural.
La quesería artesana disfruta de la última tecnología
punta aplicada a la elaboración de los productos, porque señala María
del Mar, «el carácter tradicional y el sabor de siempre no están reñidos
con el empleo de buenas cámaras y aparatos que garantizan la seguridad
alimentaria».
TECNOLOGIA CON TRADICION |

Un empleado de la Quesería artesanal
Celestino Arribas saca los quesos de sus moldes, en la fábrica
de Escalona del Prado. / FOTOS: FERNANDO PEÑALOSA |
«Es una
cuestión de adaptarse a los tiempos, sin perder lo bueno de la tradición»,
comenta María del Mar. Por eso, el ordeño de las ovejas no se hace
ya sobre los tarros de ordeño y de oveja en oveja, si no de forma
mecánica y la leche se refrigera inmediatamente a 4º centígrados.
«La transformación de la leche en queso o en el resto de productos
se realiza de forma artesanal, en familia, pero respetando todas las
medidas higiénico-sanitarias actuales », apuntan.
La fábrica artesanal está preparada para duplicar y hasta
triplicar producción pero quieren ir despacio, adaptándose a la demanda,
creciente.
Las setecientas cabezas de ganado producen anualmente 200.000
litros de leche, l. 100 litros de yogurt a la semana, otros tantos
de cuajada y el resto se destinan a queso y requesón.
«El requesón se lo quitan de las manos», apunta un cliente
que se lleva una tarrina junto a los yogures. Como subproducto del
queso, el requesón casi no se trabaja en las producciones artesanales
al tener escaso tiempo de margen para su caducidad.
«Entretiene mucho el envasado y caduca muy pronto al no
llevar conservantes, por eso nadie lo trabaja », señala María del
Mar que reconoce que la cuajada y el queso son su gancho, los productos
más comercializados.
«El requesón tiene el toque de producto selecto, delicatessen,
dada su escasez en el mercado de la alimentación. Gusta muchísimo
y es curioso que a la gente mayor le haga especial ilusión». Las generaciones
de los abuelos de la posguerra, que no tuvieron mucho que echarse
a la boca, tenían en el requesón un producto como fuente de proteínas
poco común hace cincuenta años.
Aunque la fábrica de Escalona del Prado no ha cumplido
el año todavía, sus productos están implantados en la provincia de
Segovia y limítrofes y ahora la producción se abre camino en el Norte
peninsular a través de Asturias.
«Aquí en el pueblo, vendemos mucho, a la gente le gusta
que haya abierto tienda la quesería», apunta María del Mar. Las visitas
constantes de la gente del lugar a la tienda hicieron que su propietaria
pusiera en marcha un servicio de reciclaje de envases.
Los tarros de barro (comprados en Arrabal de Portillo)
que se emplean para etiquetar las cuajadas, o los tarros de cristal
del yogurt, se recogen en la quesería que vuelve a utilizarlos tras
el consiguiente proceso de esterilización.
La fábrica recibe visitas de «mucha gente de la comarca»
que quiere ver cómo de una tradición artesanal y familiar, ha surgido
la quesería. Además, los escolares del CRIE de Fuentepelayo, conocen
cómo se elaboran los productos que ven hacer en la propia fábrica,
a través de un escaparate situado en la parte superior del inmueble.
María del Mar, con dotes de docente, va explicando cómo
se ordeña la oveja y al tiempo que recuerda la historia y los cambios,
muestra los cántaros y azumbres que conserva del pasado y explica
el funcionamiento de las nuevas piezas de acero inoxidable reluciente.
«Se ordeña la leche en la granja. Se vuelca en la cuba
holandesa. Se calienta a unos 30 o 32 grados y se añade el cuajo,
que hace que la leche se quede sólida y sale la cuajada. Pasados unos
minutos para que se endurezca, se corta con la lira y se hace un grano,
de tamaño avellana, que es el grano del queso. La parte líquida, proteína,
es el suero de la leche, se caliente un poco más y se separa el grano
del suero. El suero se recoge en un depósito y se lo dan a beber a
los animales porque es contaminante para el medio ambiente. Las personas
lo tomamos en forma de requesón que se obtiene calentando el suero
a unos 85º durante tres minutos; se precipita la proteína y ya está
listo el requesón», explica. |
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