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| TURISMO RURAL
/ LA RUTA |
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| SANTA MARIA DEL CAMPO (BURGOS) |
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| Esta villa de hombres libres fue uno
de los lugares preferidos por la reina Juana en sus días felices.
Por eso quiso celebrar en su iglesia los funerales del aniversario
de la muerte de Felipe el Hermoso, deteniendo durante un mes aquel
cortejo demente |
| La corte del desconsuelo |
| ERNESTO ESCAPA |
| La torre de Santa María tiene cinco
cuerpos de interés decrecientes, según la recorre la vista de los
ipes a la cruz. Mejor así, porque lo más valioso se puede apreciar
sin mucho esfuerzo. Plantada en el Campo de Muñó, a medio camino entre
el Arlanza y el Arlanzón, luce como un lirio renacentista. Esta campiña
«buena de vino e de eras», según ... |
... la dibujó Gonzalo
de Berceo, alfombra su paisaje de ondulaciones primaverales que resaltan
el mástil poderoso y sutil, traspasado de luces, de Santa María. La
mejor torre del Renacimiento español para Chueca Goitia, que conoció
bien aquel estilo y no cotizaba con su piropo en ningún pebetero local.
La torre e iglesia de Santa María se yerguen sobre una leve
colina en cuyo derrame se extiende el histórico caserío de la villa,
que en tiempo de Juan II fue cabeza de las behetrías de Castilla la
Vieja. Por eso es pueblo de escasos blasones, a pesar de su nobleza
en todos los órdenes. La behetría era el sistema de protección o ‘benefactoría’
que escogían los campesinos libres, conservando la propiedad de sus
bienes, de un magnate laico.
A cambio, tenían que prestarle unos servicios perfectamente
tasados o pagarle algunas gabelas, pero conservando la libertad de
romper ese vínculo. Así que Santa María fue uno de esos lugares que
protegió la igualdad de sus vecinos, todos ellos campesinos libres.
Los hidalgos tenían que pasar de largo, sin hacer un alto ni siquiera
para pernoctar.
Arco
de la Vega que fue sede del Archivo de las Behetrías con la
torre al fondo. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
SILBIDOS AL DUQUE
Por eso, después de la edad de oro que fue para Santa
María del Campo el siglo dieciséis, cuando la reina Juana la adoptó
como el aposento más querido de su territorio, los vecinos recibieron
con tanta contrariedad el sometimiento al duque de Lerma, cien años
más tarde. En la primera visita que hizo el duque a Santa María, en
marzo de 1608, fue recibido con silbidos.
Crecido con el castigo, el de Lerma mandó labrar su escudo
en las puertas de la muralla y obtuvo licencia para nombrar oficiales
de tasas y medidas. A su caída en desgracia, la villa recobró fueros
y privilegios y arrancó los escudos ducales de las tres puertas de
su muralla.
El arco de la Vega o de Negrillos es el más monumental
de los tres y albergó el archivo de las behetrías. Todos están bien
rehabilitados y cuentan con paneles explicativos que ayudan a descifrar
su función y sentido.
La mano ducal se nota en el hecho de que los arcos de paso
no estén alineados con la buharda defensiva sino con su escudo, que
por otra parte se sitúa en una posición que la inutiliza.
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| Guia |
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COMO
LLEGAR
A Santa María del Campo se accede desde Lerma por Villahoz
y desde Quintana del Puente por la CL-110, tomando el desvío
en Escuderos. También desde Pampliega, en la ribera del Arlanzón.
DONDE COMER
En Villahoz, restaurante El Capricho (947 181 141). La panadería
de Santa María, que está al lado de la plaza, elabora unas
exquisitas rosquillas de Pascua.
TURISMO RURAL
En Santa María del Campo, Villa Gómez (947 174 199) y Santa
María (653 350 342). En Mahamud, La Plaza (947 269 519).
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Torre renacentista. |
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Los arcos parecen del quince y conservan su remate almenado, además
de las buhardas escoltadas por un par de mínimos ventanillos. Son
una reliquia hermosa, a la que incluso se puede subir para disfrutar
de la enramada de calles y huertas que comparten el trazado de la
villa.
En el camino desde la puerta de la Vega hasta la iglesia
se impone en la primera plazuela la Casa del Cordón, donde cobijó
su desconsuelo la reina Juana, que deambulaba con el cadáver de su
marido Felipe el Hermoso trastornada por el desgarro de su pérdida.
La histórica fachada ha sido recrecida y horadada para
acomodar una vivienda moderna. Sin embargo, como todo el patrimonio
de Santa María, muestra un aspecto reluciente y un cuidado exquisito.
LIRIO RENACENTISTA
Desde esta vertiente rehundida, la eminencia de la torre impone
aún más. Al otro lado de la iglesia se abre la plaza Mayor con un
ayuntamiento moderno que desmerece en la vecindad del templo. A diferencia
de lo que es costumbre en otros lugares, no hay problema para visitar
la iglesia de Santa María.
El párroco José María Herrera la enseña sin prisas. Por
eso se puede escoger el orden del recorrido. En el atrio construido
para igualar el terreno y asentar la torre con fundamento siempre
hay algún parroquiano con ganas de ilustrar al visitante.
La torre aparece adosada a la fachada y su primer cuerpo
repite la idea del arco triunfal romano, con accesos y portadas por
los tres frentes. La contrató Diego de Siloé en diciembre de 1527,
poco antes de partir hacia Granada, en una cantidad desorbitada que
pone de manifiesto la prosperidad de la villa en aquel tiempo.
Ya entonces planteó un litigio Felipe Bigarny, que también
había presentado un proyecto. Solventado el conflicto, siguió las
trazas de Siloé el cantero Juan de Salas, quien ya en 1533 ochavó
el tercer cuerpo para dar remate a la torre.
Pero el resultado no dejó satisfechos a los clérigos y
concejo de Santa María, que querían hacer más ostensible el alarde.
Así que ajustaron el derribo del remate y la construcción de un cuerpo
más, ya plateresco y debido a la invención de Salas. El ochavo original,
proyectado por Cristóbal de Andino, lo arruinó el terremoto de Lisboa
en 1755. El actual es obra de Domingo de Ondátegui.
El interior de la iglesia muestra las diferentes etapas
de su construcción. Su recorrido es una gozada a pesar de la impresión
de cierto desorden impuesta por el cúmulo de añadidos y reclamos.
Las tres naves de los pies corresponden al trece y expresan
las novedades del primer gótico. La cabecera es de fines del quince,
amplia y adornada con esmero, desde la tracería de las bóvedas a los
sepulcros que recorren los muros o la escalera plateresca por la que
se sube al altar mayor.
Al mismo impulso responden las dos puertas laterales,
entre las que destaca la de la plaza. También se añade un claustro
solitario y escondido. El trascoro se adorna con pinturas de mérito,
entre las que destacan varias de Pedro Berruguete.
También es sobresaliente el púlpito mudéjar, de yeserías
finísimas, así como un par de tapices flamencos. El mobiliario de
la sacristía responde a la misma pujanza, pregonada por las joyas
de orfebrería litúrgica. |
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