Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 VILLABLINO (LEON)  
La capital de Laciana ofrece la insolencia de un crecimiento desconsiderado con su entorno, un espacio natural declarado reserva biológica. En su ámbito conviven los destrozos de la minería y el paraíso de las brañas, reducto del urogallo y del oso pardo
 Brasero de filantropía
ERNESTO ESCAPA
Si alguno de los intrépidos pioneros que en la segunda década del siglo veinte hicieron aquel primer viaje de deslumbramiento en el ferrocarril minero de Ponferrada a Villablino, regresara hoy a Laciana, se encontraría con un territorio difícilmente reconocible. Aquel valle de leyenda, habitado por ganaderos, perfumistas...
  ... mantequeros e ilustrados filántropos, ha sufrido una transformación volcánica. Sin embargo, en cuanto uno abandona los degradados núcleos mineros, que son los más poblados y los que asaltan al viajero en su recorrido por la carretera principal del valle, descubre un entorno fascinante de brañas y bosques profundos que constituyen uno de los últimos enclaves del urogallo o del oso pardo.
 Cada pueblo lacianiego cuenta con su réplica en la montaña, un doble resguardado en las altas laderas del valle, que es la braña. La tradición ganadera obligaba a la práctica de «la alzada», que consistía en el traslado veraniego a los puertos para aprovechar los pastos de altura. Caminos y veredas centenarios siguen comunicando por pendientes abruptas y crecientemente asilvestradas los pueblos del valle con estas colonias ganaderas a las que siguen subiendo cada año con el calor estival los rebaños trashumantes.
 También pervive el rescoldo de una cultura peculiar, que tiene su expresión en el pachuezo, una variante comarcal del bable cuya complicada pronunciación delataba a quienes no eran nativos del valle. Para ello se tramaron trabalenguas como este: «Quien nun diga tseite, tsume, tsinu ya tsana,nun ía del vatse de Tsaciana». Que se traduce: Quien no diga leche, lumbre, lino, y lana, no es del Valle de Laciana. El escritor y académico lacianiego Luis Mateo Díez ha apresado en varios de sus libros la magia de ese mundo en trance de desaparecer, alimentado por la oralidad fantástica de los calechos y filandones.
      Casona de la Fundación Sierra Pampley, sede de actividades culturales y de la universidad de verano, en la localidad leonesa de Villablino. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
  POLVO DE ORO
  El paisaje de suaves lomas y altos cuetos del viejo Valle de la Libertad, que es como se conoce a Laciana por haber plantado cara a los abusos condales, escondía en sus entrañas los depósitos carboníferos de hulla más importantes de España. Su aprovechamiento, a lo largo del siglo veinte, ha transformado el fondo del valle recorrido por el Sil en un territorio sembrado de escombreras y con poblados tan sombríos y mezquinos, desde el punto de vista urbanístico, como Villaseca.
  Hace algo más de un siglo, la población del valle, que en sus momentos de
  Guia  
COMO LLEGAR
El acceso más fácil y rápido a Laciana es la autopista León-Asturias, tomando la salida señalizada a la altura del puente de Fernández Casado, en la cola del embalse de Los Barrios de Luna. El tramo de Babia está en obras. La carretera de Omaña, que salva el puerto de La Magdalena, ha mejorado mucho.
 DONDE COMER
En Villablino, La Brañina (987 480 361), Los Arándanos (987 480 396) y Marga (987 471 019).
 TURISMO RURAL
En Caboalles de Abajo, Calecha (987 490 110) y La Barcelonesa (987 490 989). En Robles de Laciana, La Bolera (987 483 060).

Casa de Eduardo Arroyo.
  pujanza minera llegó a rozar los veinte mil habitantes, apenas alcanzaba unos centenares de vecinos.
  La tradición minera arrancaba de los romanos, que ya tuvieron sus explotaciones en el escondido valle de Salientes. Todavía en el pasado siglo los vecinos de Salientes seguían buscando polvo de oro en el paraje de la Forcada depositando para apresarlo pieles de cordero untadas con sebo en las aguas del arroyo. Ahora la ocupación minera se encuentra en declive.
  La pretensión del filántropo krausista Sierra Pambley, de orientar el desarrollo del valle hacia la transformación de los productos lácteos de la ganadería, se vio desbordada por el empuje económico y demográfico del carbón.
  Sin embargo, sus enseñanzas dieron pie a empresas tan emblemáticas en el buen comer de Madrid como Mantequerías Leonesas. También las mantequerías Arias son consecuencia de aquel impulso a los recursos del valle.
  El impacto de las explotaciones ha aumentado en los últimos años con las extracciones a cielo abierto. Pero permanecen en todo su esplendor, dando cobijo al valle, las pindias laderas cubiertas de robles, abedules, acebos, fresnos y arándanos.
  En la trama urbana de Villablino, que agrupa a más de la mitad de la población de Laciana, sobresale como una isla el conjunto de edificaciones de la Fundación Sierra Pambley.
  Aunque rehecha con un exceso de diseño, la casona da testimonio junto a otras supervivientes en el valle del prototipo de casa solariega de la zona: una galería orientada a la solana que protegen dos brazos laterales a cuyo abrigo se alza el hórreo. A su lado se alzan las escuelas. Todo el complejo tiene un uso cultural.
  LICOR DE OSO

  El atropello urbanístico de Villablino se llevó por delante las trazas tradicionales del pueblo. Quedan algunos vestigios disueltos en el desbarajuste generalizado al paso de la vieja carretera, retrepados por la cuesta.
  En un desahogo a media ladera comparten espacio la iglesia moderna, el ayuntamiento y la casa de cultura. Cerca está el instituto. Abajo, junto al río, se instaló la estación del tren de vía estrecha.
  El ramal hacia Caboalles se ha transformado en vía verde. La voracidad urbanística de Villablino engulló el núcleo de San Miguel, atravesado por el río de su nombre, cuyo caserío supone un grato contrapunto al desorden de la capital.
  Hace quince años la Fundación Oso Pardo puso en marcha una iniciativa cuyos logros en la consolidación de la fauna han sido espectaculares. El proyecto, galardonado en 1996 con el Premio Castilla y León de Conservación de la Naturaleza, constituye un ejemplo de gestión responsable del medio natural.
  Lejos quedan las tradiciones de los primitivos habitantes del valle, que tenían al oso como animal totémico al que cazaban para elaborar con su cerebro un licor que concedía a quien lo probaba «la rabia y la fiereza del oso pardo». Los bosques de las brañas lacianiegas albergan también una población residual de urogallos y significativa de rebecos, corzos, ciervos, jabalíes y lobos.
  Esta semana se ha inaugurado en Caboalles de Arriba el Centro del Urogallo que esboza una alternativa al negro futuro de la minería. Abre una senda para empezar el camino.

La cresta del bosque Cortes (Burgos) Orillas del Cea Melgar de Arriba (Valladolid)
El capitel de las monjas San Pedro de las Dueñas (León) El hayedo de Rivacote Montes Obarenes (Burgos)
La cuna del mudejarillo Fontiveros (Ávila) El refugio del filósofo Castrobol (Valladolid)
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