Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 BOÑAR (LEON)  
El cancionero le ha concedido la herencia de los piropos cantados a Vegamián, la cabecera del valle cubierto por las aguas del embalse Juan Benet. Se ajustan a su tradición balnearia y al perfil de estancia veraniega, que abre la montaña más hermosa
 La villa más guapa
ERNESTO ESCAPA
 En la jerarquía de la montaña leonesa, Boñar ocupa un lugar de privilegio. Su empuje la distancia de La Vecilla, que fue su par en los años del veraneo sosegado. También ostenta un encanto del que carecen tanto Cistierna como La Robla, que en cambio muestran signos de una mayor prosperidad industrial. Boñar es la capital del ...
  ... Porma por cuyo valle asciende la marea invernal de amantes de la nieve hacia San Isidro. Sus veranos siguen tan concurridos como siempre.
  La tradición saludable del ‘balneare’ romano refuerza su vinculación con el agua. Queda la memoria desvencijada de las caldas en San Adrián y en Boñar, mientras el caserío se despliega por la vega del Porma y abraza el último tramo del arroyo Arvejal para hacer justicia al folklore: donde más corre el agua. El encanto natural del entorno ofrece estaciones singulares.
      La iglesia de San Pedro preside la antigua plaza de los mercados junto al negrillón momificado en Boñar (León). / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
  En cambio, los atractivos urbanos se agrupan en la plaza, rompeolas de mercados, juegos y tratos.
  En su parte alta se mantuvieron hasta 1820 unas torres señoriales demolidas para recrecer la obra de la iglesia. No pertenecían al castillo medieval, asentado sobre la peña Salona vigilando el paso del río. La iglesia domina la plaza desde su centro y muestra una cierta nobleza sin alardes. La torre se levanta encastrada entre las dos naves laterales más chaparras, a los pies de la principal. Tiene cuatro cuerpos, de los cuales el último aparece horadado por los huecos de las campanas y sostiene un templete que cobija al maragato de las horas.
  Estos autómatas adornaron durante el siglo diecinueve bastantes relojes de torre repartidos por las rutas de la arriería. Los fabricaba el maestro Bartolomé Fernández en Astorga, donde colocó a la pareja de Colasa y Zancuda, que giran sobre sí mismos para dar la hora con el mazo en la campana del ayuntamiento.
  Aquella novedad tuvo mucho éxito y hay constancia de muñecos horarios en lugares que los han ido perdiendo a causa de reformas o por simple desidia. Así ocurrió en Benavente. Sin embargo, en la colegiata de Medina del Campo una pareja de maragatos sigue marcando las horas que rigen el pulso de la villa isabelina.
  El maragato de Boñar estuvo averiado durante treinta años pero recuperó su movilidad a tiempo para acompañar la caída de las últimas hojas del negrillón
  Guia  
 COMO LLEGAR
Boñar se encuentra en el cruce de la carretera CL-626, que sigue el eje subcantábrico, con la CL-624, que enlaza Puente Villarente con la estación de esquí de San Isidro.
 DONDE COMER
En Boñar en La Praillona (987 735 661), Nisi (987 735 210), Pico Cueto (987 741 572), Porma (987 735 524), Inés (987 350 086) y para tapas y raciones Casa Blas (987 735 037). En Remellán, La Venta (987 741 557).
 TURISMO RURAL
En Boñar, El Negrillón (987 735 164). En Valdecastillo, La Casa del Cura (987 735 659).

Esqueleto del negrillón.
en el otoño de 1995. Juntos dieron lustre a la jota de la villa: Dos cosas tiene Boñar, que no las tiene León, el maragato en la torre y en la plaza el negrillón.
  En León se llama negrillos a los olmos y frente a lo que ocurre en Castilla no hay costumbre de distinguir géneros. Según los expertos, el negrillón de Boñar debió de ser negrillona, por el empaque de su porte vegetal.
  Pero no vamos a meternos en averiguaciones póstumas que pudieran poner en solfa la rima de la jota. Aunque la afición canora ya no sea ni sombra de lo que fue, nadie dudará que estamos ante el más musical de los árboles provinciales. Su aspecto de ahora nada tiene que ver con aquella copa frondosa que cobijó a su sombra juegos infantiles, tratos ganaderos, susurros, amores y melancolías.
  El hongo de la grafiosis lo atacó en la década de los ochenta del pasado siglo y a pesar de los remedios aplicados por la ciencia acabó momificado en un gesto seco de ramas truncadas.
  La silueta desnuda del negrillón imprime a la plaza un inequívoco aire de melancolía. Por eso a estas alturas no tiene sentido participar en el debate de su edad, que en cualquier caso alcanzó varios siglos. A su lado, para distraer la pérdida, el ayuntamiento ha ido erigiendo diversos reclamos con voluntad monumental.
  Una fuente muy decorada y la pareja de ganaderos cerrando el trato con un apretón de manos. El templo que preside la plaza es el resultado de sucesivas adiciones y carece del encanto románico de algunas iglesias del entorno.
  Una excursión rodada permite visitar este núcleo de románico rural: La Vega, San Adrián, Las Bodas, Colle, Candanedo e incluso el ‘neo’ de Vegaquemada, un pastiche financiado por el indiano Pablo Díez que aprovechó algunos materiales originales.
  DONDE MAS CORRE EL AGUA

  La travesía de Boñar hacia la montaña se estrena con la ermita de San Roque y remata con el conjunto del balneario y el puente románico.
  A su paso asoman algunos blasones, alguna villa veraniega y la mella reciente del derribo de la capilla barroca de San Ignacio, que el ayuntamiento llevó a cabo a pesar de haberse incoado su declaración monumental. En un leve ensanche a la entrada, en la plazuela de Luis San Tirso, resalta la figura de un niño en cuclillas subido sobre un monolito.
  El derribo de San Ignacio supuso la pérdida de uno de los escasos monumentos del pueblo. Entonces la opinión pública entendió que aquellos muros eran los del alfolí de la sal y hubo una notable movilización. En el solar han rehecho un arco inventado.
  A la izquierda, entre la carretera y el río, se encuentran las instalaciones recreativas del soto. Ya en la salida hacia la montaña se impone la traza acristalada del hotel balneario, embadurnado de un colorido chirriante.
  Las caldas están a la derecha de la carretera. El hotel se construyó en 1905 y desde entonces además de balneario ha sido sanatorio antituberculoso y colegio de agustinos. Ahora se anuncia como albergue.
  A su espalda cruza el río Porma un puente románico de ocho ojos donde cobraba los derechos de paso el monasterio de Valdedios. Jubilado en el tránsito por el puente nuevo, conserva una estampa envidiable, realzada por el entorno natural.
  Sus arcos oscilan entre los cinco y los diez metros de luz y se defienden de la corriente con poderosos tajamares de planta circular. La rasante de paso se inclina en los extremos y ofrece roderas hechas con sillares en hilera cuyo brillo destaca en el lecho de cantos rodados.
  El peto lo forman moles bien talladas, de las que falta alguna distraída por la rapiña. Es una joya que suele pasar inadvertida.

La cresta del bosque Cortes (Burgos) Orillas del Cea Melgar de Arriba (Valladolid)
El capitel de las monjas San Pedro de las Dueñas (León) El hayedo de Rivacote Montes Obarenes (Burgos)
La cuna del mudejarillo Fontiveros (Ávila) El refugio del filósofo Castrobol (Valladolid)
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