Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 TUBILLA DEL AGUA (BURGOS)  
La tenacidad de sus vecinos, que no se resignan a un horizonte de ruina, ha convertido a este pueblo en símbolo de la lucha comunitaria por recuperar el botín del expolio. Sus alrededores combinan el esplendor de la belleza natural con vestigios de historia milenaria.
 Nostalgia de la torre desmochada
ERNESTO ESCAPA
 La toba que dio nombre a este pueblo es una piedra leve que apenas pesa y por eso se usó para armar las bóvedas románicas. Esa ingravidez le viene de una composición mineral que integra hojas, fósiles y gravilla, de manera que se talla con facilidad y luego resiste los siglos con una consistencia marmórea. En estos parajes acogidos al ...
  ... embrujo del Rudrón su presencia desborda los cantiles y se hace patente en todo tipo de construcciones. Por eso la labra de los monumentos compite con los caprichos naturales moldeados por la tenacidad del agua y el viento.
  El escritor de la tierra José Antonio López Hidalgo hace un inventario comarcal de lugares bautizados con esta piedra: Tobera, Tobar, Valdetobes, Tobarejo, Tobazo y Tubilla.
  Tubilla del Agua acreditó una secular destreza en el manejo de esta piedra, de la que dan testimonio sus muros nobiliarios, los arcos y ventanas de sus iglesias y sobre todo el capricho de la torre robada de San Miguel.
  Tubilla compitió durante siglos con Sedano por la cabecera de esta comarca. Así que llegó a juntar tres iglesias para su menguado caserío, que es una proporción inusual.
      Ruina de la iglesia de San Miguel, en Tubilla del Agua (Burgos) con su torre desmochada por el expolio. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
  Arriba en la plaza, junto a la casa consistorial, se alza la iglesia de Santa María, cuyo arreglo fue el anzuelo para desvalijar la joya de San Miguel. A su lado se abre el arco que da paso a la pendiente del pueblo, en la que se acomodan los templos de San Juan y los muñones de San Miguel.
  Mirada desde las huertas, Santa María apoya su cuerpo románico sobre unos contrafuertes de ladrillo encementado cuya desfachatez incrementa el sentimiento de duelo. En la plaza, por la que discurre la carretera, está el bar y también la sede de la asociación cultural La Toba, pionera en la exigencia de reposición de los tesoros expoliados.
  LA HUELLA DEL EXPOLIO
 Pero el tirón de la curiosidad asoma enseguida al viajero desde el mirador de Santa María a la ladera de las aguas.
 A su vera se abre un arco medieval desde el que se desciende hacia el templo de San Juan, una encomienda de los canónigos de Escalada para vigilar la maquila de sus molinos.
 Como iglesia tiene poca gracia, aunque en contrapartida muestre un aspecto estupendo, que contrasta con los apoyos descascarillados que sostienen en vilo
  Guia  
 COMO LLEGAR
 Tubilla del Agua se encuentra en la entrada a los cañones del Rudrón y del Ebro, en la N-623 que comunica Burgos con Santander.
  DONDE COMER
 En Tubilla del Agua, Restaurante La Terraza (947 150 126). En Valdelateja, La Posada del Balneario (947 150 215).
 TURISMO RURAL
 En Valdelateja, La Posada del Balneario (947 150 220) y Valle del Rudrón (947 206 455).

Torre y arco de Santa María.
el templo de Santa María.
 Los vecinos de Tubilla están muy sensibilizados con la pérdida de su joya de San Miguel, sucedida como quien dice anteayer. Más de un boca rápida ha aventurado que si el Museo Marés dispone en sus salas de lo mejor de este templo, incluidas unas pequeñas muestras de sus murales románicos, es porque los vecinos lo vendieron. Y demasiado bien sabe la gente de Tubilla que la historia no fue así.  
 La torre truncada de San Miguel emerge en medio de un paisaje hortelano regado por acequias de un frescor contagioso. A su lado, la desolación: ventanas arrancadas, bóvedas hundidas, derrumbe y abandono. Un pequeño molino mantiene su estampa sencilla con dos ruedas tendidas junto al agua.
 Aquel verano de 1968 la cuadrilla devastadora tomó posesión de la iglesia y desmontó primero el remate de su torre. Dionisio Ridruejo pasó por esta encrucijada entonces, en su viaje por Castilla la Vieja. Y se asombra de la belleza de su torre, que le parece similar a la de San Pedro de Tejada.
 También anota la presencia del atlante en el arco de su cima: “Amarrada a uno de los parteluces se ve la figura de un esclavo. La iglesia se hunde y hay que dar por perdidas las interesantes pinturas del siglo trece que la decoraban”.
 Pero Ridruejo trabajaba en una guía para Destino, que fue la empresa del nacionalismo catalán franquista. Así que chitón.
 Las brigadas del despojo las comandaba un acreditado anticuario de Reinosa, de nombre Aurelio Ruiz Hoyos. Toda esta sombría peripecia la relata con dolor y pulcritud Gonzalo Santonja en su libro ‘Museo de Niebla’.
 El anticuario dirigió el trabajo basto en nombre del coleccionista Federico Marés, quien acordó con el vicario general del arzobispado, don Buenaventura Díez, el precio del expolio. La justificación: el arreglo de los oscilantes muros de Santa María.
 Luego se desplazó a Tubilla el mismo Marés para arrancar con mimo aquel mural de los ángeles luchando contra el demonio que fuera destacado por Post en 1930 como uno de los ejemplos más insignes de la pintura románica.
 La casualidad ha querido que el actual alcalde del pueblo se apellide Padilla, como el comunero. Fue quien encabezó hace un año el movimiento de dignidad para reclamar la reparación del expolio.
 El honorable Maragall ni siquiera respondió a su carta. Pero la imagen truncada de San Miguel se ha convertido en símbolo de la rapiña monumental. Cortaron el vuelo de la torre y arrancaron las pinturas. Una parte del botín está en el Museo Marés de Barcelona.
 El resto se lo llevó la trampa de aquel sucio negocio. En el despojo les pasó inadvertida una ventana exquisita, entonces disimulada por un tapiado secular.
 Por Tubilla desciende el arroyo Valoria, que se precipita en repetidas y vistosas cascadas, hacia el cauce del Rudrón.
 La hendidura que va formando el cañón fluvial desnuda en los bordes del páramo riscos rojizos poblados de oquedades. Los que se ven desde la plaza de Tubilla del Agua albergan chamizos, al otro lado del río, y en la oquedad cercana al pueblo el misterio de los viejos y abandonados colmenares.
 La primera impresión confunde su aspecto con las trazas de una intervención escultórica de vanguardia.
 El despliegue primaveral hace todavía más restallante el contraste cromático entre las toberas rojizas y el verde escalonado en matices de la hondonada.

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