Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 CORUÑA DEL CONDE (BURGOS)  
Hace más de dos siglos, un pastor seducido por el vuelo de las águilas se desplazó en un pájaro articulado de hierro desde el cerro del castillo hasta el otro lado del río Arandilla. La memoria de su aventura pervive entre los saldos de la historia
 La patria de Ícaro
ERNESTO ESCAPA
 Aunque los mapas y demás indicadores viarios llamen Coruña a esta villa burgalesa, sus vecinos siguen pronunciando ‘Crunia’, un nombre que delata la derivación de Clunia, la ciudad romana que con Galba se convirtió en capital del imperio. No es el único rastro de esa herencia. Todos sus monumentos exhiben sillares...
  ... procedentes de la almoneda que la historia aplicó a Clunia. El castillo, la ermita del Cristo, la iglesia de San Martín y algunas casonas de noble traza.
  Sin embargo, ambos emplazamientos nunca llegaron a rivalizar. La leyenda atribuye al caudillo Almanzor la mudanza, aunque el anacronismo resulta evidente.
  Coruña del Conde recoge su caserío entre el cerro de la fortaleza y la frontera fluvial del Arandilla, cuyo caudal por aquí hace justicia al diminutivo.
  Dos puentes de traza romana lo franquean a ambos extremos pueblo. Por uno de ellos discurría la calzada que comunicaba Clunia con Uxama. Acaso el que da paso al camino hacia Brazacorta, tendido frente al arco del mercado. Aunque actualmente se ve más hermoso y recogido, también más inútil, el que cruza el Arandilla en la salida hacia Peñaranda.
      Ermita del Cristo, adornada con motivos románicos y sillares procedentes de Clunia, en la localidad burgalesa de Coruña del Conde. / FOTOS: ERNESTO ESCAPA
  Los datos arqueológicos abren un paréntesis entre la última habitación de Clunia y las primeras noticias relativas a Coruña del Conde.
  Que son bélicas y se refieren a sucesivas derrotas frente a Almanzor y a su hijo. Enseguida se acredita como centro agrícola y fielato que controla un concurrido pasillo comercial.
  La Edad Media la pasa de mano en mano, sin vincularse demasiado tiempo con ningún señorío. En este trasiego, recayó una temporada en el tercer hijo del marqués de Santillana, a quien concede la corona el condado que todavía cuelga de su nombre.
  SILLARES ROMANOS

  Al paso, en la caminata entre Peñaranda y las ruinas de Clunia, este pueblo ofrece más de un reclamo poderoso al viajero apresurado.
  Una ermita de un románico reluciente a la entrada, los brillos de una avioneta aupada junto al castillo, el arco por el que se atisba el rollo de la plaza, acaso los puentes y desde luego el monumento coronado por un enigmático entramado de hierros.
  ¿Qué sentido tiene semejante pastel? La ermita se ofrece solitaria a media ladera y muestra al viajero el esplendor de una portada románica y el misterio de un ábside adornado por arcadas ciegas.
  Guia  
 COMO LLEGAR
A Coruña del Conde se accede desde la N-122 por Peñaranda de Duero a través de la CL-111, que se dirige hacia la ciudad romana de Clunia y Huerta del Rey.
 DONDE COMER
En Huerta del Rey, La Botería (947 388 151). En Peñaranda, Señorío de Vélez (947 552 201), Posada Ducal (947 552 347) y Mesón el Castillo (947 552 075).
 TURISMO RURAL
En Huerta del Rey, Zarrazuela (947 388 041). En Peñaranda, Posada Ducal (947 552 347), El Trinquete (947 552 158), Cantamora (947 552 158), Real (947 552 158), Carmen (947 503 718) y La Abuela (947 552 199).

Restos de la torre del castillo.
  No cabe pasar de largo. De cerca se observan sillares con decoración romana, evidencias de un mestizaje fascinante. A pesar de su tamaño reducido, el ojeo entretiene un buen rato. Desde la ermita se impone sobre el pliegue del pueblo, recogido entre el cerro y la frontera vegetal del Arandilla, la silueta del castillo y la insólita presencia de un avioncillo a su lado.
  El castillo sigue «mellado, corroído, mutilado por todas partes », como lo vio Dionisio Ridruejo en su viaje por Castilla.
  Apenas conserva dos torreones cilíndricos y la torre del homenaje, esta muy mermada por los despojos.
  Su situación estratégica es magnífica para controlar el paso de la calzada hacia Osma y el corredor del Arandilla. Por eso conviene acercarse para apreciar de cerca la realidad de tantas ventajas.
  EL VUELO DEL PIONERO

  El aspecto de la avioneta, cercada por una valla de alambre, es un tanto cutre. Y sobre todo, no pinta nada ahí, aunque la situara el Ejército y la retraten cada año los helicópteros que siguen a los ciclistas.
  Quiere homenajear, tarde y mal, a Diego Marín, el pastor de este pueblo que se convirtió en pionero de la aviación universal. No son maneras. También el castillo se levantó con sillares de Clunia entremezclados con piedras bien canteadas de Espejón.
  Aquellos grandes bloques con inscripciones romanas fueron los primeros en desaparecer. También voló la puerta de herradura dovelada de ladrillo que tanta admiración causó a los viajeros de pezuña. Todavía lucía en los sesenta, al paso de Ridruejo.
  Hace unos años el Ayuntamiento puso precio de un euro a quien ofreciera un proyecto de futuro para el castillo. Pero ni así. Entonces alguien tomó el acuerdo de revocar con cemento y bloques mezquinos los huecos y faltas de las paredes del castillo.
  De este modo, la vecindad del adefesio volador con los chaperones del castillo hace un efecto lacrimógeno.
  En la segunda mitad del diecinueve el dibujante Isidoro Gil, ilustrador de la obra de Amador de los Ríos sobre la provincia de Burgos, apresó una imagen bien distinta de esta fortaleza.
  De entonces acá la fortaleza ha servido como cantera para casas, cercas y embocaduras de bodega. Todavía en el año 1959 el consistorio habilitó en su interior un frontón con los consiguientes destrozos.
  De esta eminencia almenada partió la noche del 15 de mayo de 1793 el vuelo de Diego Martín Aguilera, que planeó durante 431 varas castellanas subido a un ingenio fabricado por el herrero y recubierto con plumas de águila.
  La rotura de un pernio lo arrojó de bruces al otro lado del Arandilla. Después del batacazo, los vecinos del pueblo destrozaron con mofa el aparato que tantos desvelos había costado al intrépido pastor. Así que cayó en un profundo desaliento que arrastró hasta su muerte seis años más tarde, a los 44.
  A los pies el castillo se extiende la barbacana de las bodegas y emerge la iglesia de San Martín con su torre poderosa. La calle Real conduce a la plaza, donde se alza el rollo jurisdiccional.
  Un arco techado abre paso al puente romano y a la plazuela de los mercados, donde hay otro monumento a la aventura del pionero Diego Marín.

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