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| VINOS DE CALIDAD |
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EMPRESA
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| La pequeña freiduría
familiar elabora patatas fritas artesanales que viajan por toda la
Comunidad y Madrid ofreciendo un grosor justo, al punto de sal y ligera
de aceite |
Las Damas
se doran en Riaza
TERESA SANZ |
Patatas
de primera calidad, aceite y sal son los tres ingredientes que contienen
las Damas de las patatas fritas, que prepara la fábrica artesanal
de Riaza. Francisco José Vicente Asenjo es la segunda generación
que fríe patatas y cortezas, a la manera tradicional dando a la
patata frita ese toque que emulan...
... las multinacionales del tubérculo, cuyo marketing
añade apellidos rimbombantes en sus bolsas; que si campesina, rústica,
clásica, que si al punto de sal...
La patata frita de Riaza es todo eso, pero no presume
de ello en su envoltorio, transparente y rojo. Las Damas sólo avisan
en sus paquetes de la frescura: «Productos recién fabricados para
usted», reza la bolsa.
Son patatas fritas de tamaño poderoso poderoso (50 gramos
llenan un plato), color amarillo dorado, y su crujir emite un sonido
que abre el apetito o, según se mire, dispara la gula.
Una patata frita llama a la siguiente y el chasquido
crujiente que produce la fritura se enlaza de patata en patata hasta
que la bolsa se ha vaciado.
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El lema de «Recién
fabricadas... », responde a uno de sus secretos: patatas recientes
que se fríen a diario con una temperatura de aceite, siempre adecuada
para cada tipo de patata, dependiendo de la época del año. «No es
lo mismo freír el género de ahora, patatas nuevas, que la patata de
otoño, que necesita otra temperatura. La experiencia es la que te
permite dar el punto de fritura exacto», explica José Vicente que
aprendió el negocio de su padre, Vicente Toledo.
La teoría señala que la patata, nunca harinosa ni vieja,
debe echarse cuando el aceite empieza a humear, lo que ocurre a 180
grados. Al echar las patatas bajará su temperatura a unos 160 grados
y así es como deben freírse. Pero la teoría debe ser mejorada con
la experiencia y el ojo de José Vicente está ya hecho a la clase de
patata y el toque exacto de la fritura.
Por eso entre las Damas embolsadas nunca hay tubérculos
negros, como sí sucede con otras patatas |

Francisco José Vicente Asenjo es la segunda generación
de la fábrica artesana de Riaza que elabora patatas fritas
Las Damas. / FOTO: FERNANDO PEÑALOSA |
churruscadas en algún
extremo.
José Vicente asegura que el único secreto es la calidad
de la materia prima. «Sin calidad de primera nunca se logrará una
patata frita de primera», dice. Pero cuando sigue explicando el proceso
salen más secretos a relucir. Por ejemplo el grosor de cada patata
es uno de los «trucos» del éxito.
TÉRMINO MEDIO
«Es que el grosor del corte de la patata es fundamental
para el producto. Si se parte muy fina se rompe. Si calculas un grosor
excesivo no hay quien la escurra y todas deben ser igual para que
frían por igual», añade.
Las Damas calibran su grosor milimétrico para hallar el
término medio.
No suelen partirse en la bolsa ni están grasientas la
paladar, en este punto José Vicente revela otro secreto: «dos días
enteros enteros están escurriendo las patatas recién fritas para que
una vez en la bolsa, no supuren aceite», añade.
De lunes a viernes el negocio familiar de la calle de
Las Damas, de ahí el nombre, fríe toda las mañanas. Por las tardes
envasa. Bolsas de 50 gramos, de 200 gramos (1,30) y de medio kilo
(2,60): «las más demandadas por la hostelería ».
Fríe a diario seiscientos kilos de patatas fritas; una
cifra que duplica en julio y triplica en agosto, porque la población
veraneante también engorda el número de vecinos.
Las Damas de las patatas pueden presumir de haber hecho
estragos entre algunos de los veraneantes ilustres de Riaza, desde
el presidente de la CEOE, José María Cuevas, al desaparecido escritor
Jorge Ferrer-Vidal o el pintor y retratista de reyes Ricardo Macarrón,
o la actual princesa de Bulgaria, Miriam Hungría, un día veraneante
de la zona. La freiduría además de patatas trabaja cortezas de cerdo,
pero con menor ritmo.
«Es un producto más especial, tiene menos tirón pero al
que le gustan no perdona el producto que es más raro de encontrar»,
señala el gerente de la empresa.
José Vicente asevera que el «milagro de la calidad sostenida»
es posible por el tamaño «dimensionado » del negocio familiar. «No
puedo quejarme. Trabajo bien y a un ritmo sostenible para mantener
la calidad de los productos. Con mucho más trabajo se pierde el equilibrio
y no podría esmerarme ».
Tres comerciales distribuyen el género en tiendas de media
Comunidad autónoma. De San Esteban de Gormáz o el Burgo de Osma, en
Soria, a la zona de Aranda de Duero, en Burgos, de Cuéllar hacia Medina
del Campo y Valladolid y todo el nordeste segoviano hasta la capital
y Cantalejo.
Cuando José Vicente Asenjo echa la vista atrás él mismo
se sorprende de cómo ha ido consolidándose el negocio familiar. Su
padre, Vicente Toledo comenzó hace casi cuarenta años con los churros.
La freiduría amplió maquinaría con la patata frita y luego
la corteza de cerdo. Primero se abrieron paso en el pueblo y llegar
a vender al cercano Ayllón o Sepúlveda, era «toda una aventura». Después,
el volumen de negocio se fue incrementando y su patata es la Dama
de los habitantes y veraneantes riazanos. |
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