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   AGRICULTURA

 
La zona de Lanzahíta, en la provincia de Ávila, llegó a ser una gran productora de espárragos y sandías, pero la falta de rentabilidad de estos cultivos ha reducido sustancialmente las cosechas
 El antiguo vergel del Valle del Tiétar
  ANTONIO GARCÍA

   Cuando hace años llegaban las fiestas de San Fermín y sus tradicionales encierros se veían a través de la televisión, en el momento de la publicidad siempre se escuchaba en Ávila que muchos de los espárragos que se anunciaban como navarros procedían de tierras abulenses. Fuera verdad o no, lo cierto es que el municipio de Lanzahíta, situado al ...
  ... sur de la provincia de Ávila, muy cerca de la de Toledo, fue uno de los lugares de referencia en la producción de esta legumbre en las décadas de los setenta y ochenta especialmente.
  Precisamente este cultivo vino a sustituir a la producción de sandías, tal y como recuerda el alcalde de este pueblo que no llega a los mil habitantes, Moisés Sánchez, que también cuenta con una hectárea de terreno, para sembrar desde hace dos años este fruto que luego reparte entre familiares y amigos.
  Sánchez se retrotrae al tiempo de la postguerra para rememorar cómo la mayor parte de los vecinos vivían de una u otra forma de la producción de sandías. Según apunta, en los años cuarenta o cincuenta, los productores de nivel alto arrendaban sus tierras a quienes nada tenían, para cultivar este fruto. El dinero conseguido de las ventas se repartía a partes iguales entre ambas partes.
  De esta manera salían adelante las familias de Lanzahíta, porque era el «medio de vida» de entre «el 60 y el 70% de la población», según relata el alcalde, quien recuerda cómo las «200 ó 300 pesetas» que cobraban, servían a muchos para «pasar el invierno». «Era su medio de vida», afirma, antes de describir con deleite cómo la vega del río Tiétar a su paso por la zona era un auténtico vergel. En este «riñón de tierra» nunca faltaba el agua, de ahí que junto a la buena calidad de la tierra, hiciera de este municipio un lugar privilegiado para muchos cultivos, entre los que también figuraron algodón y el tabaco.  

   Esta fruta, que se siembra a primeros de abril y se recoge entre julio y agosto, necesita ser regada «cada cinco días». De esta manera, se obtienen sandías «de calidad, muy dulces y con mucho agua».
  Moisés Sánchez señala con cierta nostalgia cómo ahora apenas existen cinco hectáreas dedicadas a su cultivo. Esto supone que el 3% de los vecinos se dedican, en mayor o menor medida, a este fruto del que se producen cada año algo menos de medio millón de kilos.
  Si hace tiempo se exportaba a toda España, en la actualidad se tiene para consumo propio, aunque también hay cultivadores que en pleno verano se sitúan en sus puestos provisionales –en torno a una decena– ubicados a ambos lados de la travesía, para vender a los viajeros este delicioso fruto, tan apetecible en los meses de más calor.
  Lo mismo ocurre con los espárragos verdes, cuya campaña está a punto de terminar, que son vendidos en ramilletes a quienes pasan en sus vehículos por el pueblo.
  Precisamente este cultivo vino a ocupar a principios de los setenta el lugar de las sandías. En aquel momento se produjo un «boom», que según el alcalde hizo que casi

Uno de los agricultores de Lanzahíta, en la provincia de Ávila, que aún cultivan sandías, observa las plantas que pronto comenzarán a dar sus frutos. / FOTOS: RICARDO MUÑOZ
todas las familias de Lanzahíta y otras mil personas de las comarcas del entorno, vivieran de esta legumbre.
  Por aquel entonces, los cuatro millones de kilos que se producían de media al año, eran exportados a toda España y, en especial, a zonas como Navarra y La Rioja. «Consideraban que eran mucho mejores nuestros espárragos que los suyos, por la cantidad de agua y por la fibra, que le hacían más tierno», describe Moisés Sánchez. Mientras los de Lanzahíta tenían hasta un 94% de agua, los navarros no alcanzaban el 86%.
  Sin embargo, tras unos años de bonanza económica, este cultivo, al igual que ocurrió con las sandías, decayó. El motivo fue la «falta de rentabilidad». «Es más barato traerlos de China o Perú, que hacerlos aquí», argumenta.
  Por lo tanto, las tierras que durante años y años han dado espárragos y sandías, han dejado de hacerlo, aunque ahora producen forraje para el ganado. No obstante, todavía pueden verse pequeños puestos en la travesía de la localidad, cuyos dueños ofrecen espárragos verdes de calidad y sandías, que hacen la boca agua al más pintado. Sobre todo en verano.
 
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