Castilla y León
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  TURISMO RURAL / LA RUTA  
 VILLARCAYO (BURGOS)  
Situada en los Llanos de Castilla la Vieja, su centralidad geográfica le otorgó el rango de capital de las Merindades por decisión de Felipe II. Pero aquel privilegio le acarrearía en los siglos venideros incendios y saqueos que arrasaron su patrimonio
 Los sotos del río Nela
ERNESTO ESCAPA
 El Nela, que es el primer afluente notable del Ebro por su izquierda, encuentra en la llanura de Villarcayo su primer desahogo, y lo paga con los sotos más hermosos de la montaña burgalesa.La capital histórica de las Merindades es una villa escindida entre el descuido a sus vestigios monumentales y el mimo con el adorna la vecindad del río.
  Apenas unos metros bastan para zambullirse desde la plaza en el embrujo del parque de las Acacias y en los paseos fluviales del Nela.
  Un Rafael Alberti enamorado hizo la senda antes que nosotros y rimó el pasmo en su libro ‘De paso’: «En los tréboles del soto, / ¡Dios, lo que yo me encontré! / - ¿Lo sabes? / -¡Sí que lo sé! / Pues dime lo que encontré / en los tréboles del soto. / -Dios, sí que te lo diré: / mi anillo, mi anillo roto».
  El soto es un territorio natural compuesto por jardines, praderas, bosques y unas piscinas naturales que reconcilia al visitante con la villa histórica más destrozada de las Merindades. Un auténtico paraíso que alivia los desgarros de la devastación.
      Plaza de Villarcayo, en la provincia de Burgos, con templete para la música a la que asoman miradores y galerías. / REPORTAJE GRÁFICO: ERNESTO ESCAPA
  A diferencia de los pueblos de su entorno, Villarcayo carece de monumentos medievales significativos. Incluso su iglesia de Santa Marina no es otra cosa que un pretencioso adefesio con aire de seta. Por no hablar del monasterio cisterciense trasladado desde Vileña de Bureba. El edificio que alberga desde hace un cuarto de siglo a la comunidad con su joyero artístico se inscribe en el género de los hangares de ladrillo. Pero a cambio Villarcayo goza del beneficio de la centralidad geográfica, que inclinó a Felipe II a situar aquí la sede jurisdiccional de las Merindades. Con esa medida, a la vez que menguaba el poder de los Velasco, condestables de Castilla y señores de amplios dominios desde sus torres de Medina de Pomar, estaba potenciando un nuevo centro mercantil y de poder en territorio realengo.
  Claro que la mudanza no se hizo sin resistencias. Pronto su mercado de los lunes varió el rumbo de los arrieros que hacían el camino del pescado con el trigo de vuelta.
  Así que el lugarejo transformado en villa enseguida comenzó a adornarse con casonas de rotundos sillares y blasones ostentosos.
  Algunas muestras notables de aquel caserío se reparten por el casco antiguo. Antes el territorio de los Llanos de Castilla surcado por el Nela había
  Guia  
 COMO LLEGAR
Villarcayo se encuentra en el corazón de las Merindades, comunicado por la CL-629 con Burgos y con Bilbao.
 TURISMO RURAL
En Salazar, El Kabauter (947 130 041). En Puentedey, Río Nela (947 573 228). En Santelices, Rincón de las Merindades (947 131 870).
 DONDE COMER
En Villarcayo, Casino (947 131 277), Plati (947 131 015) y La Rubia (947 131 103).
 VISITAR
Museo del Monasterio de Santa María la Real de Vileña (947 131 042).
 COMPRAR
Embutidos y queso fresco. Como recuerdo, velas aromáticas.

Campanil de la iglesia.

sido dominio de los monasterios de Oña y de Rioseco. También conserva Villarcayo la tradición comercial derivada de su pasado mercantil. Su aspecto es pujante, aunque malogrado por la calamidad urbanística.
  Así que el paseo por Villarcayo se resume enseguida. Apenas la plaza Mayor conserva un aire hospitalario auspiciado por sus galerías norteñas y la enramada de sus plátanos.
  Pero tampoco demasiado porque un tráfico de mil diablos quiebra la apariencia de quietud con su tránsito ruidoso entre el edificio consistorial y el templete de la música. El ayuntamiento es un edificio de 1891 rematado con peineta para el reloj y campanil que alivia su horizontalidad con un soportal de cinco arcos.
  Junto a la Casa de Cultura es lo mejor que la contemporaneidad ha depositado en Villarcayo. A espaldas del ayuntamiento se yergue la Torre del Merino, del dieciséis, aunque sometida al afeite de una restauración poco compasiva con las cicatrices de la historia. Porque Villarcayo padeció la ferocidad de las guerras decimonónicas con incendios y saqueos a cargo de los franceses y de los carlistas.
  Sólo algunas casonas del dieciséis y diecisiete, que pueden verse por la calle Santa Marina, sobrevivieron a la devastación.
  MUDANZA MONÁSTICA

  En uno de los muros de la torre aparecen los escudos menudos de las siete Merindades cuyo regimiento albergó. Aquí se hospedaba el archivo de las Merindades, sus salas capitular y de audiencia, el presidio y una capilla. También la vivienda del merino.
  Pero las avenidas de la historia acabaron con la apariencia de aquel reducto comunal. Ahora para verle las caras a los condes fundadores y a los jueces de Castilla hay que acercarse hasta la iglesia del vecino Bisjueces, que los exhibe en el retablo plateresco de su portada. La torre de Villarcayo guarda como reliquias el juego de pesas y medidas que contrastaba los trueques del mercado.
  La plaza de Villarcayo tiene traza irregular. Por el ángulo opuesto al ayuntamiento asoma el edificio de la moderna iglesia de Santa Marina. Como tantas audacias de nuestro tiempo, supone una chirriante extravagancia fuera de lugar. De su diseño apenas se salva la afilada aguja del campanil.
  El resto es un quiero y no puedo. Las vidrieras y mosaicos que la adornan no rebasan la cota de la vulgaridad. Se construyó a finales de los sesenta.
  El aspecto externo del monasterio de Santa María la Real de Vileña no debe desanimar a nadie de una visita que resulta obligada. Aquí se cobijan algunas joyas singulares rescatadas del incendio que destruyó el convento burebano.
  Después de siglos caldeando las estancias monásticas, aquel 21 de mayo de 1970 la gloria se convirtió en una tea que abrasó todo. Lo más interesante del museo son los sepulcros, entre los que destaca el sarcófago en piedra de doña Urraca, viuda de Fernando II y fundadora del convento.
  También se salvaron de la quema los sepulcros en madera policromada de los condes de Rojas, decorados con minuciosidad. Este museíto de las monjas de Villarcayo es como una isla en medio de la desolación.
  Y sirve a la perfección para concluir la visita abrochando el esplendor artístico de sus piezas rescatadas de las llamas con el despliegue de la naturaleza en torno al Nela. Un espacio iluminado por el eco poético de un Alberti enamorado.


La cresta del bosque Cortes (Burgos) Orillas del Cea Melgar de Arriba (Valladolid)
El capitel de las monjas San Pedro de las Dueñas (León) El hayedo de Rivacote Montes Obarenes (Burgos)
La cuna del mudejarillo Fontiveros (Ávila) El refugio del filósofo Castrobol (Valladolid)
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