Castilla y León
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  ALIMENTOS DE CALIDAD  

   FORNILLOS DE FERMOSELLE

 
La Setera amplía sus horizontes experimentando con la variedad Juan García
 Del queso al vino y todo artesanal
  JOSÉ LUIS CABRERO

   Hace más de diez años que Pachi Martínez y Sara Groves-Raines, dos biólogos formados en León, decidieron poner los ojos en la comarca zamorana de Sayago, aprovechar lo bueno que tiene la dehesa y el arribe y sacar al mercado un queso totalmente artesano elaborado con leche de cabra. Desde entonces, La Setera, nombre que se le dio en homenaje a un valle situado junto a los Arribes ...
  ... del Duero, en el término municipal de Fornillos de Fermoselle, ha conseguido hacerse un hueco en el mercado amparándose en la calidad y con una producción limitada de 7.000 piezas al año.
  Ese mismo nombre es el que ha adoptado también, hace apenas tres años, la bodega en la que se han embarcado estos pequeños empresarios para sacarle jugo a una variedad de uva en peligro de extinción: la Juan García.
  Pachi Martínez recuerda que el primer intento por hacer vinos fue fallido. Fueron tres afamados enólogos de Inglaterra, Portugal y España, buscadores de variedades vinícolas únicas, los que le propusieron hacer alguna prueba con la uva autóctona de la zona. «Pero la falta de dinero y de tiempo» dice el bodeguero, entonces dedicado íntegramente a las cabras, hizo que el proyecto fracasara y se abandonara, pero sólo momentáneamente, porque a pequeña escala decidió seguir haciendo experimentos en un mundo, el del vino, que reconoce que le apasiona.
  Desde el año 2003 la bodega La Setera es una realidad que logra sacar a un mercado cercano poco más de 10.000 botellas.
  Como en el caso de los quesos, Pachi Martínez asegura que no tienen intención de aumentar la producción porque en los dos productos incrementar el número de unidades supondría introducir una maquinaria a la que hasta ahora no han necesitado recurrir y que podría poner en peligro la calidad que buscan y logran.
  La filosofía que amparó la creación de la bodega se mantiene también inalterable: conseguir reflotar la variedad de uva Juan García, casi al borde de la extinción por la profunda crisis agrícola que vive la comarca natural de los Arribes, donde el éxodo rural ha sido especialmente notable en las últimas décadas.
  Dice este bodeguero que nunca tuvo dudas sobre el potencial de la Juan García. «Es una uva muy antigua, de la que se tienen referencias desde los romanos, y cuando la gente de la zona la ha conservado durante tanto tiempo es por algo», apunta. «En el mundo en que vivimos cada vez los vinos son también más globalizados y estandarizados, llegan a ser aburridos porque un cabernet es igual tanto si llega de Francia como si está hecho en Chile, por eso creo que la Juan García tiene mucho futuro, porque es única y está perfectamente adaptada a la zona».

  Desmiente la idea que algunos enólogos han transmitido sobre lo inadecuada que es esta variedad de uva para hacer crianzas. «Estamos demostrando que también se pueden hacer buenos crianzas, lo que ocurre es que hasta ahora se ha trabajado y se ha elaborado mal, de acuerdo con unas prácticas prácticas que funcionan en otras uvas pero no en la Juan García».
  La Setera dispone en propiedad de una hectárea de viñedo pero trabaja con varios cultivadores de la zona que le proporcionan el fruto de unas cepas con una antigüedad media de 75 años, trabajadas todavía con animales y con una baja productividad por hectárea que redunda en la calidad del fruto.
  RACIMO A RACIMO

  De esa materia prima, que se selecciona a la entrada de la bodega racimo a racimo, surgen unos vinos que se producen siguiendo un proceso de elaboración totalmente tradicional, como la decantación invernal por frío, los trasiegos, la utilización de clarificantes naturales o la eliminación de filtrados.
  El resultado es un blanco asentado casi exclusivamente en Malvasía con un toque casi anecdótico de Verdejo. La utilización de la Juan García empieza ya en el Rosado Lágrima y se hace rotunda en el tinto joven y el crianza, con siete meses en barrica de roble francés, que le dan un rojo intenso cereza y una nariz compleja frutal de sotobosque, mezclada con tonos minerales, pizarrosos, vainilla y canela algo tostada.

Pachi y su mujer Sara con parte de su producción.
  La bodega de La Setera es artesanal, diseñada a medida y construida por ellos mismos, por Pachi y Sara. Dispone de una sala de fermentación y almacenamiento con depósitos de acero inoxidable, una sala de crianza con 15 barricas de roble francés y un botellero para el embotellado, encorchado y etiquetado manual del vino.
  Las ventas no pueden ser más cercanas e inmediatas. El 30% de la producción se vende directamente en el despacho que hay en la propia bodega a los turistas que cada vez en mayor número se acercan a conocer los Arribes del Duero, el resto se distribuye en ferias comarcales, Inglaterra y Francia. Sorprendentemente, tiene una mayor proyección fuera de España que en la propia provincia de Zamora, donde es difícil encontrarlo.
 
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